La caja de juguetes: El lugar donde un hombre mató a más de 60 mujeres con ayuda de su hija

Todo comenzó en 1999 con una mujer desnuda en la carretera. Mientras caminaba cerca de las desérticas montañas de Sierra Caballo, en Nuevo México, Arizona; con las muñecas desechas y la sangre escurriendo por su cuerpo, Cynthia Vigil vio una casa rodante a lo lejos donde podría resguardarse de los horrores que acababa de vivir. Sin ningún escrúpulo o medida, entró con todas sus fuerzas al vehículo habitación, espantando a la mujer que vivía allí, pero recibiendo la ayuda y el consuelo que necesitaba; tras llamar al 911, comenzaron las averiguaciones que ameritaba el relato de la mujer desprotegida y uno de los escenarios criminales más enfermos en Norteamérica era por fin descubierto.

“Él era un hombre de fijaciones sadomasoquistas en la cama, cosa muy común e incluso aceptable; el único problema es que sus niveles de violencia solían ir en aumento y su fijación con el dolor cada vez era más insoportable”.

Ella, tres días antes de ser rescatada con el atardecer del 22 de marzo a sus espaldas, había aceptado acompañar a un hombre para practicarle sexo oral por unos cuantos billetes; no tenía ni la menor idea de los horrores que estaba a punto de vivir. Narrando a las autoridades lo vivido, se pudo tener registro de choques eléctricos, mutilaciones, sexo con animales, penetraciones, quemaduras, humillaciones y demás actos deplorables; la información se acumuló y causó tal impacto que rastrear el lugar fue imperativo a partir de entonces.


El lugar al que se dirigieron contenía los secretos más oscuros de todo el pueblo Truth or Consequences y la región de Elephant Butte, una casa remolque que era cariñosamente llamada “La caja de juguetes” por su dueño David Parker Ray. Un hombre cuya vida conflictiva lo dirigió de una infancia tortuosa a una adolescencia precoz, una estancia en el ejército por tres años y una serie de matrimonios fallidos; de todos ellos, se debe mencionar especialmente a su hija, Glenda “Jessie” Jean, producto de una unión efímera y futura cómplice de sus fijaciones sexuales y homicidas.
¿La razón para tener tantos divorcios? Él era un hombre de fijaciones sadomasoquistas en la cama, cosa muy común e incluso aceptable; el único problema es que sus niveles de violencia solían ir en aumento y su fijación con el dolor cada vez era más insoportable. Motivo por el cual, al finalizar uno de sus divorcios, decidió asentarse en un lote de casas móviles para establecer allí un espacio para guardar sus esposas, poleas, correas, clavos, agujas, mazos, cuchillas, picahielos, velas, sierras y una silla ginecológica, entre demás artefactos comunes o quirúrgicos.

“Con ayuda de su hija y otros hombres que poco a poco se unieron a una especie de club liderado por él, Parker Ray sometía constantemente a mujeres jalándoles los pezones hasta arrancarlos, quemándoles los genitales, dándoles choques eléctricos, cortando partes de su anatomía, introduciéndoles objetos extraños en el cuerpo y una larga lista de atrocidades”.

David Parker Ray guardaba también allí una colección de diagramas detallados que él mismo realizó, una serie de videos personales y un instructivo en el que especificaba ideas o procedimientos de tortura; llegó el día en que conquistaba a mujeres en bares o contrataba prostitutas para llevarlas a ese lugar y no dejarlas salir jamás, no hasta darles muerte definitivamente. Hubo otras a quienes dejó ir, pero ellas mismas regresaban por una afición compartida hacia el sexo rudo.
Entre sus víctimas sobrevivientes se encontraban Angelica Montano, una chica a quien violó por días y torturó por horas haciéndola ver videos de lo que solía hacerle, hasta que fue liberada del infierno para morir meses después por neumonía; y Kelly Garret, amiga de su hija que fue apresada y martirizada tanto por él como la misma “Jessie”. Esta mujer fue drogada hasta olvidar lo sucedido, pero se pudo rescatar video y audio de todo lo que hicieron en “La caja”.
Con ayuda de su hija y otros hombres que poco a poco se unieron a una especie de club liderado por él, Parker Ray sometía constantemente a mujeres jalándoles los pezones hasta arrancarlos, quemándoles los genitales, dándoles choques eléctricos, cortando partes de su anatomía, introduciéndoles objetos extraños en el cuerpo y una larga lista de atrocidades. El modus operandi era siempre el mismo, su pequeña “Jessie, ya adicta al alcohol y las drogas, asistía a bares para cazar jóvenes mujeres que funcionaran como esclavas sexuales; hasta que una noche apareció Cindy Lee Hendy, quien atraída a la “Caja de juguetes”, no fungió como víctima, sino como cómplice de los eventos.

Cindy se quedó a vivir allí y sin problemas se involucró en la red de secuestros y adicciones enfermas; años más tarde de esa alianza terrible, fue que llegó su fin como grupo de tormentos. Al contratar a Cynthia Vigil por sus servicios de placer, esposarla y privarla de su libertad por días, se acercaba la culminación de sus hábitos; Cynthia logró escapar mientras Parker estaba fuera y Cindy veía el televisor. En la lucha por su escape, golpeó a Cindy varias veces en la cabeza y la hirió con un picahielos para poder huir.
Después de las declaraciones emitidas por Vigil, la policía se dispuso a arrestar a Parker e involucrados; desafortunadamente, poco podía ser demostrado y las acusaciones por sexo rudo se debilitaban al llevar a juicio a prostitutas, alcohólicas, drogadictas y mujeres de la calle. Todo tomó consistencia hasta que la “Caja de juguetes” fue abierta, revisada y analizada, sobre todo a partir de los videos y fotografías allí guardados. El verdadero juicio pudo comenzar hasta 2001 y David Parker Ray se declaró culpable ante la fiscalía bajo la condición de que su hija, “Jessie”, recibiría ayuda, además de cinco años de libertad condicional.

Ocho meses después de vivir en la correccional del condado de Lea, Nuevo México, a punto de ser trasladado a la cárcel donde cumpliría verdaderamente su condena, el 28 de mayo de 2002, David Parker Ray sufrió un ataque al corazón y no cumplió ni un solo día de su pena en prisión.

Parker y “Jessie” son dos personajes tenebrosos en uno de los capítulos más asquerosos de la historia norteamericana; fueron un par de asesinos seriales a quienes la justicia no pudo hacer frente y que hoy se recuerdan como monstruos en la psique humana. Para leer más sobre asesinatos en América del Norte, visita La historia siniestra detrás de Sharon Tate: la mujer de Polanski que vivía un infierno antes de morir y El libro que inspiró el asesinato de John Lennon.

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