CRIMINOLOGÍA ELECTRÓNICA

Carlota Barrios (España)

Las investigación criminal ha evolucionado a lo largo de la última mitad del siglo XX incorporando  avances tecnológicos y nuevas técnicas mientras encaraba los numerosos retos que trajo consigo la conocida como "era de la informática", entre cuyos acontecimientos más relevantes se pueden citar la aparición de los ordenadores personales y los videojuegos, o la llegada de Internet a los hogares.

Por otro lado, el mercado de la electrónica ha evolucionado en los últimos años a más velocidad que ninguna otra industria, mejorando así las redes de comunicaciones, los dispositivos portátiles y la tecnología que éstos llevan incorporada.
El resultado actual podemos verlo en ejemplos como páginas web y aplicaciones online que antes ningún servidor podía alojar, en la evolución de las comunicaciones en tiempo real mediante video-llamadas, o en el propio WhatsApp, que ha cambiado por completo la forma en que las personas usan su teléfono móvil.


Todo esto, unido a una industria del videojuego que está superando al cine en el mundo del ocio digital, hacen que los nuevos investigadores forenses tengan que incorporar a su repertorio una serie de conocimientos, que les permitan hacer frente a este amplio espectro de novedades tecnológicas.
Puede que en pocos años, en los países más desarrollados, no haya crimen en el que no intervengan teléfonos móviles, redes sociales, o diversas formas de ocio digital, ya que éstos han conseguido instalarse en nuestras vidas cotidianas hasta el punto de condicionar la manera en que nos comportamos y la forma en que nos comunicamos con los demás.

Aquellos investigadores que no estén preparados para estos rápidos cambios, pueden verse abrumados por la cantidad de información adicional que hay que manejar cuando hablamos de realizar un seguimiento de los mensajes de WhatsApp, realizar una reconstrucción de la actividad en la red de un individuo, o determinar que un videojuego y no una intención homicida premeditada, es lo que ha marcado el comportamiento del implicado en un hecho criminal.

Hablando en concreto de los videojuegos, su desconocimiento generalizado por parte de la población adulta durante los años 90, ha llevado a relacionar prematuramente a aficionados a los videojuegos con homicidas. Todavía hoy, pese a que el uso de este tipo de ocio se ha ampliado hasta llegar a personas más maduras, se siguen utilizando los videojuegos como respuesta cuando nos encontramos ante un comportamiento violento o un hecho delictivo.

Quizá convendría desarrollar una especie de "Criminología electrónica" que ayudase a analizar las nuevas fuentes de información de una manera objetiva y veraz, así como a crear expertos en las mencionadas materias para su incorporación a despachos de criminólogos y a las unidades de informática forense de los diferentes cuerpos policiales.

Así como la informática forense es un ejemplo de rama de investigación desarrollada recientemente y que se encuentra en continua expansión, quizá una ampliación de sus objetos de estudio o la incorporación de conocimientos aportados por la mencionada "Criminología electrónica" pudieran ayudar mucho en materia de investigación criminal.

La "Criminología electrónica" podría ocuparse no sólo de dar respuestas concretas acerca del uso de las nuevas tecnologías y las diferentes formas de ocio digital, sino también de relacionarlas con la rutina de un posible infractor o de una víctima, con el fin de ahondar en sus gustos, motivaciones y estilos de vida.
Se trata pues de incorporar los nuevos avances tecnológicos a los viejos objetos de estudio de la Criminología -crimen, víctima, criminal y control social-, y de estudiarlos, ya no como simples líneas de código o fríos aparatos sin inteligencia, sino como un todo que es manejado y utilizado por su dueño, una persona que en cierto modo les dota de "carácter", que los impregna con su personalidad y motivaciones, y que vive un pequeño -o no tan pequeño- porcentaje de su vida a través de ellos.

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