EL PARRICIDIO


Por Mónica Ballester (España)
“Ante todo, quiero sentir que yo llevo el control”. Raquel, adolescente asesina

En determinadas ocasiones, cuando el vínculo paterno, y sobre todo el materno, se deteriora por razones diversas ya sea abandono, dejadez, egoísmo, malos tratos etc. un niño puede desarrollar una personalidad rencorosa y vengativa que, cuando va acompañada de un trastorno mental, puede terminar en tragedia.
El joven estadounidense Sean Sellers, por ejemplo, tenía 16 años cuando asesinó a sus padres disparándoles a sangre fría mientras dormían. Según dijo, satán se lo había ordenado, no obstante, pensaba que se lo merecían. Siempre había añorado el amor de su madre y ella se lo había arrebatado abandonándolo al cuidado de los abuelos para irse con un camionero y acompañarle por ahí en sus viajes. Nunca se lo perdonó y aunque su madre volvió a buscarlo, lejos de sentirse querido, se sentía como una carga. A veces, decepcionado por la falta de atención, pensaba que hubiese sido mejor guardar el buen recuerdo de una madre muerta, que vivir con ella y ser privado de su amor.
Cuando finalmente se instalaron en Oklahoma, tal vez para llenar el vacío emocional que sentía, se dejó captar por una secta que practicaba el culto al Diablo. Sean, en una edad bastante influenciable y padeciendo principio de esquizofrenia, se dejó llevar por las nuevas creencias que ni siquiera entendía del todo, hasta que una noche que ingirió drogas alucinógenas, creyendo que el mismo Satán le susurraba una orden al oído. Cogió la pistola de su padrastro y disparó al mismo y a su madre hasta que los dio por muertos. Tras ducharse, se fue a casa de un amigo a esconder el arma y allí se quedaron toda la noche hablando sobre las sensaciones que el chico había tenido al disparar. A la mañana siguiente lo detuvieron como principal sospechoso después de que un profesor avisara a las autoridades de que Sean el día anterior había entregado una alarmante redacción sobre el satanismo e la que confesaba que este culto le había ayudado a ser mejor persona en su propio provecho y que ahora era libre para matar sin remordimientos a las personas que le habían hecho sufrir…sus padres.
Esto es solo un ejemplo, casos en los que un menor asesina a sus padres suceden varias veces al año en todo el mundo y en ocasiones no es necesario que exista un conflicto con sus progenitores. Este fue el caso de Pierre, un joven francés de 14 años que asesinó a sus padres y a su hermano de 4 años porque cuando estaba tranquilamente en su habitación haciendo los deberes “le vino la idea a la cabeza”. Entonces cogió un fusil de caza que pertenecía a su padre y disparó sobre todos los miembros de la familia, matando a todos menos a la hermana de 10 años, que a pesar de estar gravemente herida, logró escapar en una bicicleta y pedir ayuda a una vecina. El crimen conmocionó a toda Francia, sobre todo porque no existía móvil aparente para el crimen. Pierre era un chico normal según los vecinos, muy amable y educado, que no pertenecía tener problemas.
A menudo, la excusa es recurrir a una supuesta e implacable autoridad, como en el caso de los jóvenes parricidas Alex y Dereck King. En esta ocasión, el padre de los chicos era muy estricto en la educación de sus hijos. Su mujer, bailarina de un club nocturno, le había abandonado con sus dos hijos y como no podía hacerse cargo de los dos, prefirió dejar al mayor temporalmente al cuidado del rector del instituto y su familia. A pesar de que no le faltó de nada, ni siquiera la piscina detrás de la enorme casa donde vivía lujosamente, Dereck con sus 14 años se comportaba de manera terriblemente conflictiva, por lo que no tardaron en mandarlo con su padre biológico. Según los psicólogos que le vieron en esa época, poseía rasgos muy pronunciados de psicopatía y un largo historial de piromanía y conducta antisocial.
Habrá que esperar a que se esclarezcan los hechos para saber cuáles fueron los motivos que le llevaron al niño a asesinar a toda su familia, aunque probablemente se deba a algún trastorno mental no detectado en su momento, como en el caso anterior. Tal vez la madre de Pierre fuese posesiva o muy protectora como la de Ed Kemper, y Pierre se sintiese agobiado por ello, aprovechando un brote psicótico o un cuadro de ansiedad para llevar a cabo lo que sin duda había premeditado en más de una ocasión.
Con Alex existía una gran falta de comunicación y la gota que colmó el vaso fue cuando le contó a su padre que era homosexual. Su padre le prohibió ver a su amante y comenzó a maltratarlo.
Entonces Alex tuvo la idea, convenció a Dereck para llevar a cabo los hechos: “me aseguré de que estaba durmiendo. Tomé el bate de béisbol y le golpeé en la cabeza. Tenía miedo a que se despertara y nos viera así que seguí golpeando. Lo hice unas diez veces” – confesó.
Sin embargo, existen otros casos más complejos como era el caso de Alex y Dereck, en los que claramente destaca una conducta agresiva anormal y fuera de lugar para su edad, que requiere una atención psicológica o psiquiátrica a tiempo a base de técnicas educativas y de modificación de la conducta, antes de que estos jóvenes forjen un carácter difícil de modelar y alcancen la mayoría de edad con una psicopatía claramente establecida.
Acto seguido incendiaron la casa para eliminar los rastros de su culpabilidad, pero los Bomberos – que habían acudido rápidamente a apagar el fuego – hallaron el cadáver y avisaron a la Policía al suponer que el incendio había sido provocado por alguien que deseaba borrar los rastros del crimen.
Los psicólogos tampoco se habían equivocado en esta ocasión. Una psicopatía tan clara como la de Dereck, un comportamiento tan anormal para la edad de Alex, y un padre que no supo pedir ayuda profesional a tiempo para que le guiasen en la actitud a tomar con sus hijos, eran de por si claros indicativos de que la cosa no podía terminar bien entre ellos.
Siempre que se aprecie un ligero trastorno en el comportamiento de un niño, es fundamental realizar un seguimiento bien de cerca para descubrir qué es lo que falla en la educación que está recibiendo. En estos casos más leves, la solución la tienen fundamentalmente los padres, ya que una buena atención educativa y emocional ha demostrado ser muy efectiva para corregir esos brotes de rebeldía, que no suelen ser sino llamadas de atención.

BIBLIOGRAFÍA
“Asesinos en serie”. Pilar Abeijón. Ed Arco 2005

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