Los hassasin: el origen de los asesinos. 2ª Parte

Paz Velasco de la Fuente (España).

ADOCTRINAMIENTO Y MODUS OPERANDI DE LOS HASSASSIN

·         Los futuros asesinos recibían en los fortines de Alamut no solo un duro entrenamiento físico, convirtiéndolos así en asesinos letales sino un fuerte adoctrinamiento religioso que se ha comparado con el moderno “lavado de cerebro”. 




·         Recibían clases de todo tipo de materias que pudieran serles útiles para su cometido, aprendían varios idiomas, el modo de vestir y las maneras de actuar de comerciantes, monjes y soldados y aprendían a adoptar las costumbres de cualquier lugar. Les enseñaban a hacerse pasar por creyentes y practicantes de diferentes religiones, de modo que un hassassin podía adoptar la identidad de cualquier persona con éxito (un comerciante, un cristiano o un soldado sarraceno).

·         Iban disfrazados de ascetas o comerciantes y transitaban por la ciudad del sujeto elegido estudiando sus costumbres, sus rutas y sus hábitos diarios. Eran pacientes y minuciosos y podían perseguir a su víctima durante mucho tiempo, ya que el objetivo era claro: acabar con su vida para poder entrar en el paraíso.

·         Eran guerreros fríos, calculadores y muy meticulosos y su total desprecio por la vida les convertía en armas letales. Asesinaban frecuentemente a una sola persona, sin causar daños colaterales o herir a víctimas inocentes. No atacaban sin más, sino que esperaban a que su líder se lo dijera.

·  Solían utilizar dagas y puñales razón por la cual mataban a corta distancia, siendo muy perfeccionistas de modo que no se arriesgaban a utilizar veneno u otra arma porque querían asegurarse de que su víctima moría.

·         Las misiones ordenadas por Hassan se realizaban en público y a plena luz del día, ya que al disponer de testigos sus asesinatos resultaban aleccionadores. Su intención no era solo acabar con sus enemigos, sino extender el terror: sus rivales eran conscientes de que ellos mismos podían ser asesinados en cualquier momento. El asesino corría más riesgo de ser capturado y ejecutado, pero entendía que su misión valía más que su propia vida.

·     Su entereza, precisión y capacidad para aniquilar a otros sujetos hizo pensar  que antes de ejecutar cualquier misión consumían hachís, lo que les daba la sensación de poder e imbatibilidad y creaba una enervante sensación garantizando así un resultado eficiente a costa incluso de su propia vida. El resultado final era un nuevo Fidai (ángeles destructores o autosacrificados), un “asesino” perfecto. Vestían túnicas blancas con fajines y turbantes rojos colores que representaban la sangre y la inocencia.

Hassan al-Sabbah y su “secta de asesinos” crearon un invisible imperio del terror que se extendió desde el mar Caspio a Egipto. Utilizó sofisticadas técnicas de lavado de cerebro y los hassassin terminaron sirviendo de patrón y modelo de numerosos sociedades secretas de occidente, servicios de inteligencia y grupos terroristas. Hassan demostró su modernidad criminal en muchos aspectos, como el manejo de la información privilegiada o el uso de “células durmientes” que eran aquellos sujetos que se infiltraban entre el enemigo permaneciendo inactivos durante mucho tiempo, incluso años, hasta que llegaba el momento de cometer el asesinato.

¿Podría esta secta de hace más de mil años,  ser un precedente para intentar comprender el terrorismo suicida islámico que tanto inquieta a occidente en la actualidad? Si miramos atrás, creo que la historia tiene mucho que enseñarnos en la guerra contra el terrorismo que actualmente está hiriendo al mundo. Actualmente hay algunos grupos que persuaden a sus miembros para que sacrifiquen sus vidas con la promesa del paraíso. Quizás, solo quizás los hassassin del siglo XI han servido como modelo para levantar en la actualidad un nuevo reino del terror ante el cual todos estamos a la expectativa.

BIBLIOGRAFÍA:
Tubau, Daniel. La verdadera historia de las sociedades secretas. 2008. Editorial Alba. Capítulo Los asesinos (e-book). ISBN 9788484284246.
·        Corominas, J. Breve diccionario etimológico de la lengua española. 1987. Madrid, Gredos. Página 67.
·         Burman, Edward. Los asesinos. 1988. Barcelona. Ediciones Martínez Roca. Pp. 55 a 62.

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