A cara o cruz. El perfil criminológico en la violencia de género. 2ª Parte.

Fernando A. Qualytel (España)

En la otra cara de la moneda nos encontramos a su victimario. Un hombre que en su día a día se muestra como una persona equilibrada. Cordial y con un comportamiento normal. Es en el ámbito familiar donde  desenmascaramos a un ser autoritario, que ejerce violencia verbal y física. Es en su propio hogar, donde transforma sus miedos y frustración en rabia y agresividad.  Es su forma rápida e inadecuada de resolver  conflictos y situaciones de tensión.



Podemos encontrar en su historia de vida, antecedentes familiares de maltrato, donde pudo haber interiorizado, pautas y formas inadecuadas de resolver conflictos. El hombre violento tiene asumido un sistema de creencias y mitos sobre su masculinidad, y tiene dificultad para expresar sus sentimientos, por miedo a mostrarse débil. Emocionalmente, se siente aislado y no comunica con nadie sus inseguridades. Siempre va a racionalizar su conducta violenta, argumentando la provocación de la mujer o falta de control sobre sus actos.

El agresor percibe que su autoestima y su poder se encuentran permanentemente amenazados. La impulsividad de sus actos es el medio para proteger su sensación de control. La planificación, es el modus operandi del agresor que comienza con el aislamiento de la víctima, su desvalorización y dosis crecientes de presión psicológica sobre su víctima. La agresión física será el siguiente paso. Si no se detecta a tiempo o no se denuncia, el asesinato de la mujer pondrá el caso en conocimiento de la autoridad y saldrá a la luz pública demasiado tarde.

Pasará a engrosar una lista negra, como una cifra más. El individuo maltratador no tiene un comportamiento especial que le identifique. No es un enfermo mental. Sí tiene un afán de dominación, para quien la fuerza, el poder y el éxito están por encima de la empatía con su víctima. Muestra una actitud externa autoritaria que  esconde  su debilidad interior. Tiene una imagen correcta, lo que oculta su verdadera cara ante familiares y amigos.

Siempre va a minimizar sus actos y a negarlos. Considera de poca importancia las agresiones hacia la mujer y tiende al pensamiento vicario: es la mujer quién le provoca y por ello merece ese trato. Es un hábil manipulador. Será capaz de valorar y juzgar la conducta y el comportamiento de su pareja, pero es incapaz de realizar cualquier autocrítica. Con frecuencia no  faltará, como argumentación para excusar su comportamiento violento, el consumo de alcohol y  drogas. Una situación desesperante, donde todos los días una moneda se lanza al aire para jugar la vida de una mujer a cara o cruz.

-        Bibliografía:
Ley orgánica  de Violencia de Género 1/2004 de 28 de febrero. (España).
García–Pablos de Molina, A. (1998). Manual de Criminología. Introducción y teorías de la criminalidad, Editorial España, Madrid.

García-Pablos De Molina, A. (1999). Tratado de Criminología, Editora Tirant lo Blanch, Valencia.

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