A cara o cruz. El perfil criminológico en la violencia de género. 1ª Parte.

Fernando A. Qualytel (España)

Asistimos atónitos a escenas de violencia contra las mujeres mil veces repetidas. En  todas las sociedades, en mayor o menor medida, las mujeres están sujetas a malos tratos de índole física, sexual y psicológica.  Esta situación es un obstáculo para lograr los objetivos de igualdad, desarrollo y paz. Aporto aquí una breve aproximación criminológica al tipo de individuo que supone dicho obstáculo, y el perfil de mujer maltratada que sufre esta violencia.





El F.B.I (Federal Boureau of Investigation) en los años setenta, dio a conocer por primera vez una técnica de investigación criminológica que pretende analizar la conducta criminal, para elaborar un perfil criminal y la tipología de delitos, a través del estudio de los indicios que aparecen en la escena del crimen. Se pretende con el estudio del comportamiento criminal, ayudar en las distintas líneas de investigación. El FBI define que: “el perfil criminal es una herramienta que ayuda a obtener información específica del delincuente agilizando la investigación”. Desde Ressler, hasta otros perfiladores contemporáneos  como Vicente Garrido o Brent Turvey, la técnica del  criminal profiling ayuda a  resolver numerosos casos gracias al empleo práctico de su ciencia. Esta técnica nos puede ser útil para reconocer, tanto a la víctima como al victimario en los casos de violencia de género.

No existe un perfil exacto de mujer maltratada, puesto que cualquier mujer puede ser víctima de la violencia, independientemente de su clase social, lugar en que vive, nivel de instrucción, ingresos, o procedencia familiar. Sí se puede establecer algunas características comunes a esta tipología de víctima. Nos encontramos con una mujer que ha sufrido situaciones de maltrato prolongado, que ha minado  su autoestima. Su posición ante el agresor es ambigua. Siente la rabia en los periodos de violencia, pero muestra afecto hacia el agresor en los periodos de remisión de la violencia.

 La mujer se enfrenta a la ansiedad que supone la ruptura de la pareja, lo que conlleva aceptar el fracaso de la relación. Esto se suma a tener que hacer frente a las consecuencias económicas de  su nueva situación. En ocasiones sin medios, por carecer de ingresos propios. La mujer víctima de violencia de género se hace responsable  de su agresor al considerarlo un enfermo, y se resiste a abandonarlo sin tomar conciencia real del abuso que padece. Tiende a minimizar los episodios de violencia aislados. Y tiene  interiorizado un sentimiento de soledad.

Cuando nos encontremos ante una mujer víctima de género, observaremos a simple vista hematomas en rostro, torso o espalda. En ocasiones, quemaduras de cigarrillos, cortes o pinchazos, mordeduras humanas y arañazos Es una mujer que presenta un cuadro de acatisia, tiene sensación de ahogo y sudoración, con un ritmo cardíaco acelerado. Es una víctima que necesita ayuda. El mensaje que debe llegar a cualquier  mujer víctima de esta violencia es claro y contundente: humillar, gritar, insultar, golpear, abofetear, empujar y agredir sexualmente, es violencia de género. Impedirle su desarrollo personal, estudiar o trabajar, impedirle que se relacione con amigos y familiares, es violencia de género. 

En la otra cara de la moneda nos encontramos a su victimario. Un hombre que en su día a día se muestra como una persona equilibrada. Cordial y con un comportamiento normal. Es en el ámbito familiar donde  desenmascaramos a un ser autoritario, que ejerce violencia verbal y física. Es en su propio hogar, donde transforma sus miedos y frustración en rabia y agresividad.  Es su forma rápida e inadecuada de resolver  conflictos y situaciones de tensión.

Podemos encontrar en su historia de vida, antecedentes familiares de maltrato, donde pudo haber interiorizado, pautas y formas inadecuadas de resolver conflictos. El hombre violento tiene asumido un sistema de creencias y mitos sobre su masculinidad, y tiene dificultad para expresar sus sentimientos, por miedo a mostrarse débil. Emocionalmente, se siente aislado y no comunica con nadie sus inseguridades. Siempre va a racionalizar su conducta violenta, argumentando la provocación de la mujer o falta de control sobre sus actos.

El agresor percibe que su autoestima y su poder se encuentran permanentemente amenazados. La impulsividad de sus actos es el medio para proteger su sensación de control. La planificación, es el modus operandi del agresor que comienza con el aislamiento de la víctima, su desvalorización y dosis crecientes de presión psicológica sobre su víctima. La agresión física será el siguiente paso. Si no se detecta a tiempo o no se denuncia, el asesinato de la mujer pondrá el caso en conocimiento de la autoridad y saldrá a la luz pública demasiado tarde.

Pasará a engrosar una lista negra, como una cifra más. El individuo maltratador no tiene un comportamiento especial que le identifique. No es un enfermo mental. Sí tiene  un afán de dominación, para quien la fuerza, el poder y el éxito están por encima de la empatía con su víctima. Muestra una actitud externa autoritaria que  esconde  su debilidad interior. Tiene una imagen correcta, lo que oculta su verdadera cara ante familiares y amigos.

Siempre va a minimizar sus actos y a negarlos. Considera de poca importancia las agresiones hacia la mujer y tiende al pensamiento vicario: es la mujer quién le provoca y por ello merece ese trato. Es un hábil manipulador. Será capaz de valorar y juzgar la conducta y el comportamiento de su pareja, pero es incapaz de realizar cualquier autocritica. Con frecuencia no  faltará, como argumentación para excusar su comportamiento violento, el consumo de alcohol y  drogas. Una situación desesperante, donde todos los días una moneda se lanza al aire para jugar la vida de una mujer a cara o cruz.

·         Bibliografía:
Ley orgánica  de Violencia de Género 1/2004 de 28 de febrero. (España).
García–Pablos de Molina, A. (1998). Manual de Criminología. Introducción y teorías de la criminalidad, Editorial España, Madrid.

García-Pablos De Molina, A. (1999). Tratado de Criminología, Editora Tirant lo Blanch, Valencia.

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