“La alegación del “síndrome por estrés postraumático como secuela de guerra” a modo de excusa en criminales




Por Mónica Ballester 

El artículo que a continuación escribo pretende dar información acerca de este tipo de secuela sufrida por numerosos hombres que han combatido en guerra, pero no tanto de ello, sino de dar ejemplos y explicar casos en los que esta enfermedad ha sido utilizada como excusa falsamente por algunos asesinos americanos en su defensa.


El trastorno por estrés postraumático es un concepto relativamente reciente en la terminología psiquiátrica: en realidad no se reconoció oficialmente hasta que en 1980 se publicó el DSM III. Durante la primera y la segunda guerra mundial, existía lo que se conocía como “fatiga de combate” y entre los profesionales de la salud mental “neurosis de guerra”, un trauma sufrido en el campo de batalla que inutilizaba a los hombres para comportarse después con normalidad. En la década de 1950, cuando se publicó el DSM I existía la afección denominada “trastorno situacional transitorio”, que a veces incluía el estrés de guerra. La sigla TSD, derivada de esta neurosis previa, se adaptó a una alteración que estaba brotando súbitamente entre los supervivientes norteamericanos de la guerra de Vietnam y que pasó a conocerse como PTDS o “síndrome de Vietnam”. En el periodo siguiente al conflicto de Vietnam, muchos veteranos decían sufrir un enorme estrés y a muchos se le diagnosticaron este estrés postraumático. Algunos estaban ingresados en hospitales, pero debido a la publicidad que se dio a los dictámenes médicos, empezaron a aparecer muchos que creían sufrir el trastorno, y más tarde algunos que descubrían que estaban afectados de PTSD solo después de haber cometido actos delictivos y de haber sido detenidos. Los abogados defensores se recreaban a menudo en este diagnóstico “médico”. Existen numerosos casos en que esta “excusa” ha sido utilizada por ciertos criminales.

Robert Ressler (ex miembro del FBI, criminólogo y perfilador criminal) tuvo la oportunidad de participar en la investigación de numerosos casos de este tipo, averiguando la falsedad de este trastorno y consiguiendo que se imputara a los criminales.

A continuación, se expondrá uno de ellos.

Eran las 3:00 de la madrugada del 23 de Septiembre de 1986 cuando el ex soldado William Reaves llama a un taxi desde una cabina telefónica de Florida. Richard Raczkoski, ayudante del jefe de policía del condado, se acerca para hablar con él. Durante la conversación, a Reaves se le cae una pistola de los pantalones. Los dos hombres se agachan para recogerla pero Reaves la coge primero y dispara contra el policía matándolo. Momentos después capturan a Reaves y lo acusan de asesinato. La investigación demuestra que cuando cometió el crimen estaba bajo los efectos del crack. También pone de manifiesto que tiene a sus espaldas numerosos arrestos por atraco a mano armada y que al parecer es un delincuente profesional. Se realizó el juicio en 1987 y en él se consideró que Reaves (como bien alegó en su defensa) fue un héroe militar del Vietnam y que su agresión al policía podía haber estado bajo la influencia de un trastorno temporal por estrés postraumático. Alegaron que Reaves había retrocedido mentalmente a los días en el Vietnam y había matado al policía en un acto reflejo creyendo que era un vietnamita que lo atacaba. Reaves le había afirmado a su psiquiatra que en Vietnam era un francotirador, un soldado en posición de mucho riesgo, gran soledad y muchas emociones, por esta razón afirmó que cuando se vio en una situación de tensión frente a un hombre con una pistola actuó como lo hizo. Ressler ante toda esta información se puso manos a la obra para averiguar si podía ser cierto lo que el acusado afirmaba. Concluyó que un hombre tan traumatizado como Reaves, según su alegación, y que hubiera sobrevivido para contarlo, tenía que estar en posesión de numerosas medallas y distinciones. Más aún: para recibir tales medallas, sus hazañas habrían tenido que ser confirmadas por otros soldados. Y si era francotirador, habría un rastro de papeles que certificaran su adiestramiento en puntería, su asistencia a escuelas especializadas etc. Ressler descubrió que Reaves había sido juzgado en Vietnam por un Tribunal Militar por no cumplir órdenes en 1970. Era éste un claro indicio de que su actuación en Vietnam distaba mucho de ser ejemplar y que probablemente ni siquiera había sido francotirador, ya que ningún oficial habría mandado a una misión arriesgada a in hombre que tuviera fama de desobedecer órdenes. Había en su historial algunas menciones de servicio en Vietnam pero no eran nada extraordinario. Por ejemplo, un soldado podía recibir una medalla del aire por veinticinco misiones de combate si había volado veinticinco veces como pasajero dentro del espacio aéreo de Indochina. Si por casualidad uno se subía a un avión y hacía varias veces el mismo trayecto entre dos ciudades que en aquél momento estaban bajo control de Vietnam del sur, estos vuelos contaban para obtener una medalla. El heroísmo que se atribuía a Reaves en nombre de la llamada del deber y sus medallas estaba inflado. Con una completa investigación de campo y a través de las fuentes de la Central de la División de Investigación Criminal, Ressler localizó a varios oficiales que habían participado en la guerra junto a Reaves, incluido a su jefe en Vietnam. Todos afirmaron que Reaves fue cocinero y que nunca ejerció como francotirador oficial ni extraoficial siquiera. Tras largas entrevistas con todos ellos, Ressler logró convencerlos para que testificaran en el segundo juicio así como hizo él. El testimonio de Ressler fue importante para el juez y para el jurado porque les ayudó a comprender las razones por las que se concedían algunas medallas y por qué al acusado no se le había distinguido con ciertas condecoraciones. El veredicto del jurado fue de 10 a 2 a favor de la pena de muerte ya que el juez llegó a la conclusión de que la actuación del acusado en Vietnam era una circunstancia atenuante insuficiente considerando las circunstancias del crimen y los antecedentes delictivos del acusado por robo a mano armada.
En relación con este tema, es interesante la película "el francotirador" la cual muestra las secuelas psicológicas que los soldados de guerra puedan padecer



BIBLIOGRAFÍA: “Dentro del Monstruo. Un intento de comprender a los asesinos en serie”. Robert K. Ressler. Ed. Alba Minus. 2ª Edición

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