La Pericia caligráfica: La Firma. Análisis de la Firma de Adolf Hitler




Por Mónica Ballester

Como estudiante del curso de perito judicial calígrafo, me parece interesante escribir este artículo acerca de esta materia, complejísima a la par que entretenida e interesante. Para empezar debemos realizar dos distinciones conceptuales: la de grafología y la de grafística, ya que no son lo mismo.
La grafología es una técnica que estudia la escritura y su conexión con el comportamiento. Realiza una interpretación de la personalidad del individuo a través de su escritura, estudiando las constantes normales y sobre todo patológicas de la personalidad de un individuo según el examen de su escritura.
Por su lado, la grafística es una técnica que se centra en el estudio e identificación de la escritura. Es decir, se concentra en quien hizo la firma o escritura, ya que la misma es un factor de identificación de la persona que escribió una nota de secuestro, por ejemplo, o de supuesto suicidio. Es la rama criminalística que examina escrituras y firmas para poder determinar su origen gráfico, para identificar al autor y tiene como objetivo determinar la autenticidad o falsedad y la autoría de las firmas en documentos dubitados (aquellos de los cuales desconocemos su origen).

Dentro del campo de la grafología, me voy a centrar en una pequeña parte de la materia, en las firmas. Como bien sabemos, el ser humano desde que aprende a escribir hasta su edad adulta, su grafía cambia. Lo mismo ocurre pues con su firma la cual variará hasta encontrar una que nos identifique y con la cual nos sintamos cómodos. Pero, ¿qué es la firma? Es un conjunto de gestos habituales y automatizados elegidos libremente sin restricción alguna que expresan el núcleo íntimo del ser individual, único e irrepetible. Un movimiento personal, aceptado como símbolo social, que representa el YO ideal profundo y la auto imagen valorativa de la importancia que el sujeto se da, de lo que cree ser o de lo que quiere ser.

Dos son los componentes de una firma: el cuerpo escrito y la rúbrica (gesto espontáneo e inconsciente, como por ejemplo poner un punto al final de la firma).
Dependiendo pues de cómo cada persona realice su firma, de su dimensión, de la direccionalidad, si es ascendente, descendente etc. podremos en cierto modo discernir rasgos de su personalidad.

A continuación expondré un estudio o análisis sobre la firma de Adolf Hitler realizado por una experta en la materia, la perito calígrafo María Amor Barroso.
La firma y la rúbrica de una persona, van cambiando a lo largo de la vida, especialmente desde la adolescencia hasta la ancianidad, y la firma de Adolf Hitler, es un claro ejemplo de este proceso evolutivo.
Aunque no ha sido posible la observación de los documentos originales, y por lo tanto, hay algunos aspectos que sería necesario confirmar, analizando estas catorce firmas, podemos tener una visión muy completa de la personalidad íntima
De Hitler, de su forma de ser.
Ya en la primera firma (17 años), se aprecia un carácter fuerte, y una importante confusión ideológica y emotiva, que le lleva a ser contradictorio. Aunque cierto nivel de desorientación es normal en la adolescencia, se adivinan en esta firma, ciertos rasgos de la personalidad de Hitler, que se agravarán a medida que aumente su edad: la necesidad de imponerse, la inadaptación, la rigidez de ideas y
La tendencia a cometer actos violentos.
Además, el desarrollo inferior de la rúbrica, nos habla de una persona materialista, en la que predomina el mundo instintivo, y se apunta ya una tendencia al pesimismo, que en éste momento intenta superar a base de fuerza de voluntad.
También se va acentuando paulatinamente, y especialmente a partir de los 31 años (quinta firma) como gesto-tipo, y de forma muy acentuada, el rasgo de la brutalidad. Este rasgo conlleva además de dicha brutalidad, fuertes descargas de carácter, y reafirma la tendencia a la violencia física y a la inadaptación.
Por otro lado, y sobretodo a partir de los cuarenta años (séptima firma) se asienta su carácter combativo e intransigente. Se va convirtiendo en una persona rígida en sus principios, dura e inflexible, coincidiendo con la consolidación de su vida militar. Es en ésta época, cuando se arraiga su egoísmo y su capacidad de venganza. Asimismo se afianza, a partir de los treinta y seis años (sexta firma) un rasgo de su personalidad que le acompañará hasta su muerte: la vanidad orgullosa. Su presunción le lleva al desprecio de los demás.
Igualmente se observa que la firma se va resumiendo y va avanzando en ilegibilidad.

Hasta los veinticinco años (cuarta firma), está formada por el nombre “Adolf” y el apellido “Hitler”, y a partir de ese momento, el nombre se va reduciendo hasta llegar a la octava firma (45 años) en la que el nombre lo conforman un trazo vertical (reducción de la “A”), un enlace ascendente y otro trazo descendente que configura la letra “f”.
El nombre nos indica el yo íntimo y familiar, y la infancia, y en este caso refleja rigidez consigo mismo, egocentrismo y necesidad permanente de afirmación de la personalidad. En el apellido, la firma se hace cada vez más ilegible, (a partir de los cuarenta y cinco años, novena firma) sólo se lee la “H”, lo que nos indica que estamos ante una persona que oculta sus verdaderas intenciones. En el fondo se siente inferior, aunque trata de ocultarlo con su actitud prepotente.
Es también digna de mención la inclinación de la escritura, que va aumentando, hasta ser prácticamente tumbada. Lo vertical se convierte en horizontal.
Esta es otra característica escritural que refuerza el carácter agresivo de la persona, así como su tendencia a perder el control y a la irreflexión
Destaca también la dirección descendente de las líneas. Ya a los diecinueve años (segunda firma), se observa el descenso final del apellido “Hitler”, y es a partir de los 40 años (séptima firma) y hasta la última firma (cincuenta y seis años, el día anterior a su suicidio), cuando descienden casi hasta la verticalidad, las dos palabras que forman la firma. Esta escalera descendente tan evidente, indica un estado de ánimo pesimista y desolado.
Por otra parte, aunque no ha sido posible la observación de los originales, se deduce una fuerte presión (se dice que, en ocasiones, rompía el papel al escribir) y se aprecia que predomina la presión en sentido vertical. De ello se deduce una gran fuerza física y reitera la intransigencia, el egocentrismo y la necesidad de imponerse al ambiente afirmando su personalidad, y haciendo que prevalezca, por encima de todo su criterio.
En definitiva, los aspectos más significativos de la firma de Hitler evolucionan configurando una personalidad agresiva, dominante, y con una capacidad de liderazgo, que junto a la rigidez de sus principios e ideas, forman una mezcla preocupante. Además es vanidoso y obstinado hasta el último momento, oculta un gran sentimiento de inferioridad, y se adivinan algunos rasgos patológicos de desequilibrio mental (que sería necesario corroborar en otros escritos).

Bibliografía: www.elheraldodehenares.es

2 comentarios:

mario alberto vazquez montano dijo...

Una historia triste la de Adolf Hitler que se refleja en su firma. Una vida llena de tensión, de exigencia a si mismo que la va agotando en depresiones sucesivas de las que salía a flote por su nivel de resiliencia y de consciencia hacia un objetivo: imponerse, alcanzar lo que anhelaba y que no consiguió. La firma de un artista frustrado y de un ser atormentado por sus pasiones. La firma de un ser que se autopercibe solitario, en una cima interior de la que sólo se gozaba a solas.

gonza kool dijo...

HEIL HITLER!

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