Un asesinato frente a 38 testigos y ninguno pidió ayuda. 1ª Parte

Por Dra. Susana P. García Roversi (Argentina)
Catherine “Kitty” Genovese (7/7/35-13/4/64) fue una joven mujer que fue apuñalada hasta la muerte cerca de su departamento en Kew Gardens, un vecindario de Queens, en New York City.
Nativa de la ciudad, creció en Broolyn, en el seno de una familia de clase media ítalo-americana. Luego de que ella fuera testigo de un asesinato, la familia se mudó a Connecticut in 1954; pero Kitty, con 19 años y recién graduada de la Prospect Heights High School en Brooklyn, eligió quedarse. En la época en que fue asesinada, trabajaba como gerente de un bar, “Evʾs Eleventh Hour Sports Bar” en Queens; era lesbiana y compartía su apartamento con Mary Ann Zielonko.
El 13/4/64, Genovese se había ido de su trabajo temprano y aparcó su auto en un estacionamiento a unos 30 metros de su apartamento cerca de las 3.15 am. Mientras caminaba hacia el edificio, se dio cuenta que un hombre la seguía; asustada comenzó a correr por el estacionamiento hacia la parte delantera de su edificio ubicado en 82-70 Austin Street. El hombre iba tras ella, la alcanzó y la apuñaló dos veces en la espalda. Genovese gritó: “¡Oh, Dios mío, me apuñaló! ¡Ayúdenme!”. Varios vecinos oyeron los gritos y llantos pero, en una noche fría con las ventanas cerradas, sólo unos pocos los reconocieron como un pedido de ayuda, aunque casi todos miraron por sus ventanas.

Cuando Robert Mozer, uno de los vecinos, le gritó al atacante: “¡Deja que la chica en paz!”, el hombre huyó y Genovese, tambaleándose, intentó llegar a la entrada trasera del edificio; estaba gravemente herida, pero fuera de la vista de los testigos.
Los registros de las primeras llamadas a la policía no son claros y la policía no les dio alta prioridad (las llamadas eran atendidas por un agente de guardia). Según un testigo, su padre llamó a la policía después del ataque inicial e informó que una mujer había sufrido “una paliza, pero se había levantado y caminaba tambaleándose”.

Otros testigos observaron al atacante entrar en su coche e irse; pero otros lo vieron regresar, diez minutos más tarde, con un sombrero de ala ancha para cubrir su rostro. Buscó a la mujer en el estacionamiento, en la estación del tren, hasta que finalmente la encontró tirada en el suelo, apenas consciente, en el pasillo en la parte trasera del edificio. Fuera de la vista de la calle y de los que habían oído o visto algo del primer ataque, el perpetrador la apuñaló nuevamente varias veces más. Ella intentó defenderse –tenía heridas defensivas en ambas manos– pero no pudo; mientras agonizaba, el atacante la violó y le robó unos U$ 49, para luego abandonarla en el pasillo. Este último ataque duró aproximadamente media hora y recién allí una vecina, Sophia Farrar, salió al pasillo para ver qué pasaba y la encontró con el último hilo de vida. A los gritos, la vecina le pedía a otro, cuya puerta estaba al frente del cuerpo caído de Genovese, que llamara a la policía. Se trataba de Karl Ross, alcohólico y homosexual, que había oído todo pero no había llamado por los prejuicios que las fuerzas policiales demostraban a diario con las personas de dicha inclinación sexual y además porque había bebido en exceso. La policía llegó a los pocos minutos de su llamada, y Genovese fue llevada en ambulancia a las 4:15 am, pero murió camino al hospital. 
La investigación posterior de la policía y los fiscales reveló que aproximadamente unas 37/38 personas habían escuchado los gritos o habían visto parte del primer ataque, aunque ninguno estaba al tanto de todo el incidente; sólo uno, Joseph Fink, era consciente de que Kitty fue apuñalada en el primer ataque, y Karl Ross había escuchado todo lo sucedido posteriormente. Muchos estaban totalmente conscientes de que había sido un asalto o un, al menos, intento de homicidio; otros pensaron que lo que vieron u oyeron fue una pelea de enamorados o de borrachos... pero ninguno llamó a la policía.
Winston Moseley, en ese momento de 29 años de edad, que vivía en South Ozone Park, Queens, fue detenido por la policía durante el robo a una casa (“burglary”, robo con allanamiento de morada; robo con invasión de propiedad), seis días después del asesinato de Genovese; tenía trabajo, no poseía antecedentes penales, era casado y con dos hijos. Durante su arresto, Moseley confesó haber matado a Genovese y detalló el ataque, lo que corroboraba la evidencia física en la escena. Su motivo del ataque fue, simplemente, “matar a una mujer” porque “era más fácil y no se defienden”. Moseley dijo que se levantó aquella noche alrededor de las 2:00 am, dejó a su esposa durmiendo y subió a su auto para encontrar una víctima. Vio a Genovese y la siguió hasta el estacionamiento; que la acechó y la apuñaló pero se asustó cuando escuchó el grito de un vecino. Volvió a su casa, buscó un sombrero de ala ancha y regresó a “terminar lo que había empezado”. Asimismo confesó haber asesinado y agredido sexualmente a otras dos mujeres y que había cometido unos “30 a 40” robos; los exámenes psiquiátricos posteriores indicaron que Moseley, probablemente, era necrófilo; fue juzgado y condenado a muerte el 15/7/64, lo cual fue revertido a prisión perpetua a cambio de que no opusiera la excepción de insania.
Pero, en un primer momento, el asesinato de Genovese no recibió mucha atención de los medios; sin embargo, dos semanas después del brutal asesinato, un periódico –el “New York Times”– informó acerca de las circunstancias que rodearon a este evento y la falta de reacción por parte de numerosos vecinos. La interpretación del diario de que sus vecinos estaban plenamente conscientes de lo que estaba ocurriendo, no era tan certera, sin embargo, esta afirmación, disparó varias investigaciones sobre el fenómeno psicológico-social que se conoce como “el efecto espectador” o “síndrome Genovese”, especialmente, en la difusión de la responsabilidad.
¿Cómo surgió este artículo? Durante un almuerzo entre el Comisionado de la Policía de New York y el editor metropolitano del diario, A.M. Rosenthal, que quería saber sobre otro caso que estaba investigando; el periodista luego aseguró que el alto funcionario le dijo: “Esa historia de Queens es para un libro” y de allí surgió el informe de investigación.
El artículo, escrito por Martin Gansberg y publicado el 27/3/64, tenía como título “Treinta y siete que vieron el asesinato no llamaron a la policía"; ha sido citado en diversas ocasiones y reproducido desde 1964 con el número “38”, sobre la base de una cita del artículo de un vecino no identificado que vio parte de el ataque deliberado, pero antes de que otro llamara a la policía. Según el artículo, este hombre declaró: “No quería involucrarme”. Muchos vieron entonces la historia del asesinato de Genovese como emblemática de la insensibilidad o la apatía de la vida en las grandes ciudades y en New York en particular. 

Harlan Ellison, autor de ciencia-ficción y provocador cultural, en dos artículos publicados en 1970 y 1971 en “Los Angeles Free Press” y en la revista “Rolling Stone”, se refiere a los testigos como “treinta y seis hijos de p...” que “vieron apuñalar a Genovese hasta la muerte justo en frente de ellos, y no hicieron nada –luego cambió a treinta y ocho–. En otro artículo publicado en la “Revista de Fantasía y Ciencia Ficción” en junio de 1988 –más tarde reimpreso en su libro “Harlan Ellisonʾs Watching” (“La vigilancia de Harlan Ellison”, se refirió al asesinato como “visto por treinta y ocho vecinos”, y cita informes –que afirma haber leído– que un hombre subió el volumen de su radio para no oír los gritos de Kitty Genovese; además afirma que en casi todas las declaraciones de los 38 testigos hablan de “no involucrarse”. [continúa]


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