Reflexiones Criminológicas

Por Jesús López Leyva (Sinaloa, México)
“No existe política criminal planificada, si no que se actúa ante situaciones particulares, cuando se producen hechos de inusitada crueldad que impactan en la opinión pública y en los medios masivos de comunicación. No hay política criminal que contemple la prevención, la participación ciudadana, la lucha contra la impunidad, la mayor seguridad.”
-Luis Marco del Pont.
Ésta frase pronunciada por el célebre criminólogo argentino, que por muchos años impartió cátedra en la Universidad Autónoma Metropolitana y en la maestría en el Instituto Nacional de Ciencias Penales del Distrito Federal, adquiere relevancia en la actualidad porque el país desde hace algún tiempo muestra un evidente incremento en el fenómeno de la criminalidad.
Hay que aceptar que han aumentado los delitos de alto impacto y existe una indiscutible inseguridad social. Cabe destacar que nos está tocando vivir un mundo cada vez más violento, con graves índices de corrupción e impunidad. Hemos ido perdiendo paulatinamente la capacidad de asombro, y tal parece que nos estamos acostumbrando a vivir en una sociedad violenta. Ya no se respeta ningún código, lo mismo se priva de la vida a jóvenes, adultos mayores, y niños, ante lamentaciones pueriles de las autoridades encargadas de la reacción social y control de la criminalidad.
Las estadísticas no mienten y cada mes aumenta el número de delitos, creciendo también la cifra de ilícitos sin esclarecer. Hay que reconocer que no todos los delitos cometidos se denuncian, algunas veces por miedo o por desconfianza, o por el burocratismo gubernamental y abusos para con la víctima. Hay que reconocer que la gente no confía en los órganos de procuración y administración de justicia.
En éste orden de ideas, la política criminológica se considera un instrumento del Estado como forma de reacción social, tendiente al control de la criminalidad que debe plantear estrategias de desarrollo social. Es una ciencia que tiene por objeto de estudio prevenir los delitos, estableciendo las medidas de defensa social contra el crimen. La creación de las normas jurídicas que sancionan las conductas antisociales.
A mi juicio, el Estado debe de replantear el actuar de los órganos de reacción social, como las policías, agentes del ministerio público, peritos, jueces, magistrados, etc. que de alguna manera u otra participan en torno al fenómeno de la criminalidad, y su control ante esta circunstancia de criminalidad generalizada, el Estado equivocadamente tiende a reprimir el delito, y se ha replanteado la idea de establecer de nuevo la pena de muerte, y hace algún tiempo la Suprema Corte de Justicia consideró constitucional la cadena perpetua; también se han elevado las penas de prisión y en casi todos los estados de la República, se están penalizando a los menores infractores. Mecanismos preventivos primarios de política criminal que considero inoperantes, que no inhiben la conducta ilícita, ni reducen los índices delictivos. Creo que más que reprimir el delito se debe de prevenir.
Prevención significa prever, conocer de antemano un daño o perjuicio en términos criminológicos. Según el criminólogo mexicano, LUIS RODRÍGUEZ MANZANERA, prevenir es conocer con anticipación la probabilidad de una conducta criminal, disponiendo de los medios para evitarla; reduce los factores de delincuencia y se clasifica en prevención primaria, secundaria y terciaria.
En estos términos se recomiendan las siguientes medidas de prevención:
• Legislar leyes coherentes,
• Aplicación correcta de la norma jurídica,
• Utilizar el derecho penal como último recurso de control social,
• Enfocar la debida atención criminológica en menores infractores,
• Atacar la violencia intrafamiliar,
• Lucha constante contra sustancias ilícitas y el alcoholismo,
• Crear fuentes de trabajo bien remunerados,
• Atención psicológica en conducta desviada de jóvenes,
• Profesionalización constante de los cuerpos policiacos,
• Perfeccionar los órganos de procuración e impartición de justicia,
• Aplicación por igual de las normas jurídicas,
• Fomentar el deporte y la cultura,
• Involucrar a organismos públicos y privados en el fenómeno de la criminalidad,
• Trasformar las prisiones en verdaderas instituciones de tratamiento,
• Acabar con la lentitud en los procesos penales,
• Aplicar sustitutos de la pena de prisión antes de pensar en perpetuarla,
• Elevar sueldos de policías, agentes del ministerio público, jueces y peritos y una constante lucha en contra de la corrupción etc.,
• Establecer de una vez por todas el nuevo sistema de justicia penal, que si bien es sabido que no acabará con la criminalidad. Porque esta es un monstruo de “mil cabezas”, le cortas dos, le crecen diez.
Considero necesario aprovechar las aportaciones científicas que aparecen precisamente en esta página de CRIMINOLOGÍA Y CRIMINALÍSTICA, quiérase o no, la mejor página en su género.

Y aportar los recursos que sean necesarios en el ámbito de la prevención del delito, en el ámbito del control de la criminalidad, y precisamente para ello se requiere de buenos operadores en la procuración e impartición de justicia y la participación del criminólogo y del criminalista en el esclarecimiento de un hecho en particular o en la explicación científica del fenómeno social.


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