Menores Delincuentes

Mónica Ballester González (España)
Vivimos en una sociedad y en una época donde ya no es tan poco frecuente encontrarnos casos de delitos cometidos por menores de edad. Entre ellos, los más frecuentes suelen ser delitos contra la propiedad, delitos de daños, reyertas y peleas, delitos de robo y hurto. No obstante, nos resulta muy alarmante hablar  de delitos de homicidio o asesinato cometidos por menores; quizá porque se trata de delitos de mayor índole, mucho más graves y trascendentes a nivel jurídico, y el hecho de que los mismos hayan sido cometidos por un menor de edad resulta hoy en día peligroso. Por desgracia, en la actualidad esto está a la orden del día.
Recordemos al asesino de la Catana, José Rabadán, el cual fue condenado a cumplir ocho años de internamiento, más otros dos años de libertad vigilada, por haber asesinado con una catana a su padre, a su madre, y a su hermana pequeña. El triple crimen ocurrió en la madrugada del 1 de abril del 2000, después de que durante varios días hubiese planificado cómo sería su existencia sin su familia y hubiese llegado a la conclusión de que sería algo positivo para él, porque podría hacer con su vida lo que quisiera así como para sus padres y hermana, porque acabarían para ellos los sufrimientos cotidianos. José cumplió ocho meses menos de los correspondientes de internamiento debido a los informes favorables de la fiscal que afirmaban que padecía  una psicosis epiléptica idiopática que le habría llevado a cometer un homicidio múltiple, inmotivado e incomprensible.
Asimismo, las dos niñas de Cádiz; Iria y Raquel, asesinaron a Clara García, de 16 años, asentándole 32 puñaladas y la degollaron. Afirmaron que querían hacerse famosas y saber qué se sentía al matar a una persona. La sentencia fue de 8 años en un centro de internamiento, revisable a los 4 y posteriormente cinco años de libertad vigilada. Según relatan los amigos de Clara, las tres jóvenes se conocieron en un instituto de enseñanza secundaria, donde eran consideradas “raras” porque llevaban libros extraños, exhibían stickers con dibujos satánicos e invocaban constantemente a los espíritus mediante la “ouija”. Las asesinas de
Clara sólo buscaban sensaciones, guiadas por «una atracción invencible por la muerte».
Por último, haré mención a un caso que en España marcó un antes y un después, ya que a raíz del mismo se comenzaron a plantear cuestiones como la de endurecer las penas para los menores infractores, en especial en este tipo de delito como es el asesinato. Se trata del crimen cometido a Sandra Palo. La joven fue llevada por un coche conducido por sus asesinos (Malaguita, Ramoncín, Rafita  y Ramón) a un descampado cercano a la Plaza Elíptica, donde la violaron. Declararon que el plan era dejarla allí, vistiéndose entre sollozos, pero Malaguita apretó el acelerador y la estampó contra una tapia, llegando a arrastrar a la chica por el muro. Malaguita la embistió con el coche, contra una tapia de ladrillo, no menos de diez veces, tal vez quince. Sandra se levantaba cada vez, y Malaguita volvía a embestir. Cuando Sandra ya no se levantó, se fueron en el coche a una gasolinera cercana, y compraron gasolina. Sandra aún movía los brazos, intentando levantarse, cuando volvieron al descampado. La empaparon de gasolina, la pegaron fuego y se fueron de allí. Quemaron el coche con el resto de la gasolina y volvieron al barrio a pie. El Rafita fue condenado en 2003, cuando tenía 14 años, a cuatro años de cárcel por el asesinato de la menor Sandra Palo, a la que, con tres compinches, violó, atropelló y quemó antes de acabar con su vida. Tras cumplir la condena se dictaminó la libertad vigilada y fue trasladado a Andalucía. El único que queda en la cárcel es «El Malaguita» [Francisco Javier Astgorga Luque, el único que era mayor de edad cuando el crimen y que fue condenado a 64 años de prisión]. «El Rafita» [Rafael García Fernández], Ramón Manzano Manzano y Ramón Santiago Jiménez salieron en libertad. El último fue detenido por atracos y volvió a prisión.
Esto nos hace plantearnos seriamente, ¿cuál es el móvil principal para que estos menores sientan esa necesidad de cometer tales crímenes? Quizá la respuesta fuera fácil: la misma que una persona de treinta años que decide violar y asesinar a otra. Pero bien sabemos, que no podemos equiparar la mente de una persona de tal edad, a una de catorce años, quince o dieciséis. En los tres casos que se explican en este artículo vemos un componente común, y es el de sadismo. Todos los crímenes revisten una gran brutalidad, son premeditados, hay una necesidad de saber qué se siente al matar, de sentirse superior, de poder, de control, incluso de obtener un cierto reconocimiento por ello. No debemos olvidar, que muchos son los factores que influyen en la persona para cometer un delito: factores ambientales, socioculturales, familiares, y biológicos -como ya explicó Lombroso con sus teorías en el siglo XIX-. A mi juicio, hay un factor muy importante, que debemos tener en cuenta y que muchas veces pasan desapercibidos: los medios de comunicación. Es necesario analizar cómo estos medios influyen en los menores a la hora de delinquir. A pesar de que ya se han hecho estudios a lo largo del siglo XIX hasta la actualidad acerca de si existe una relación directa entre medios de comunicación y delincuencia, considero que la televisión en especial ha cambiado en los últimos tiempos. Debe preocupar el hecho de cómo en ocasiones en algunas series o películas se “heroíza” al delincuente, ya que esto puede ser peligroso en cuanto a cómo influye en el adolescente esa visión del criminal. No quiero decir que los medios de comunicación, la televisión, los videojuegos en sí, sean un factor predisponerte a la conducta criminal adolescente, pero sí un aliciente cuando los demás factores sociales, ambientales, familiares etc. están truncados. Se debe fomentar la prevención en este campo, la alfabetización audiovisual así como la mirada crítica por parte de familias, centros de enseñanza y por supuesto los propios medios.
Bibliografía:
Ø  Elpaís.com
Ø  https://ladyalcon.wordpress.com

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