Los indicios… ¿son suficientes para lograr una condena en un juicio penal?

Por Federico Baudino (Argentina)
Director del Curso Taller online Reconstrucción Virtual de Casos Criminales
Los indicios conocidos en la jerga criminalística como los “testigos mudos que no mienten”, son hechos o circunstancias de la cual se puede, mediante una operación lógica, inferir la existencia de otro.
No está discutido en la investigación penal ni en la administración de justicia, que estos “testigos mudos” conllevan a la recopilación de las pruebas del hecho delictivo, a la reconstrucción histórica y a la identificación del o los autores del ilícito. Ahora bien, cabe preguntarse ¿Son suficientes para lograr una sentencia condenatoria en el juicio penal?
Antes de responder a este interrogante, analicemos los indicios históricamente utilizados: 1) Las huellas o rastros del delito, que son aquellos vestigios que permiten relacionar a una persona con el hecho ilícito (huella dactilar en el escenario del crimen, rastros hemáticos en la vestimenta del imputado. 2) El móvil, ya que todo delito doloso reconoce una motivación que lo determina (lucro, codicia, ira, etc). 3) La oportunidad y presencia, que es la condición en que se halla una persona por la cual le resulta fácil cometer el delito (empleado que maneja el dinero del banco). 4) La capacidad delictiva, consistente en la inclinación a cometer ciertos delitos (asesino serial) que pueden probarse por los antecedentes computables o pericias psiquiátricas y psicológicas. 5) Las manifestaciones y actitudes anteriores y posteriores al delito (fuga, eliminación de huellas, actos preparatorios).
Pero también se ha señalado que a veces estas circunstancias pueden resultar finalmente “CONTRAINDICIOS”, es decir que admiten una explicación exculpante, por ejemplo cuando el imputado refiere que las huellas dactilares recabadas en la escena del crimen, se deben a que él vive precisamente en ese domicilio.
Tanto la doctrina como la jurisprudencia son contestes en afirmar, que para que los indicios tengan un nivel convictivo tal, que permita arribar a una certeza sobre la existencia del hecho y la participación punible del imputado en un juicio penal, estos deben ser “unívocos” y no “anfibológicos”.
La naturaleza probatoria del indicio surge como consecuencia lógica de su relación con determinada norma de experiencia, en virtud de un mecanismo silogístico, en el cual el hecho idiciario es tomado como premisa menor, y una enunciación basada en la experiencia común funciona como premisa mayor.

La relación entre ambos puede ser unívoca, si el hecho indiciario (probado) deriva necesaria y excluyentemente en el inferido, lo cual puede ser razonablemente controvertido (si alguien es sorprendido corriendo con la cosa hurtada, en flagrancia, puede inferirse con seguridad que es el autor del hurto). En cambio, si el hecho primitivo permite lógicamente indicar más de un hecho inferido, el indicio será anfibológico (el que es sorprendido con la cosa hurtada una año después del hecho, puede haber sido el autor, puede haberla comprado, puede haberla encontrado, etc) descartando de esta manera la utilización de este indicio, como un elemento de prueba válido para incriminar al supuesto autor del hecho criminoso.


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