Los distintos tipos de psicópatas

Dra. Susana P. García Roversi - Buenos Aires - Argentina
La psicopatía ha sido –y lo sigue siendo– desde hace tiempo un enigma para la psiquiatría. Por causa de una falla en el funcionamiento del procesamiento de los sentimientos, “florecen” individuos sin moral que, a menudo, acaban convirtiéndose en sujetos fríos, calculadores, carentes de empatía y sin ningún tipo de límite para realizar sus deseos pero, en apariencia, totalmente normales; todo depende de cuál sea su nivel de integración en la sociedad, pues los hay totalmente integrados, otros menos y una tercera porción de este tipo de sujetos solitaria e inadaptada. Desde ya que suponen un gran desafío para la ciencia con el fin de intentar comprenderlos a causa de la enorme complejidad que implica el intento de ahondar en las motivaciones de aquellos que “parece que sienten nada”.quien parece no sentir nada. Según David Lykken, quien ha estudiado las personalidades antisociales existen diferentes tipos de psicópatas.
1. EL PSICÓPATA PRIMARIO: es aquel que más se ajusta más a la definición del término “psicópata” lo cual significa, etimológicamente, “dañado en su psiquis”. Su rasgo principal se halla en la dificultad que encuentran los padres y educadores en dominar a este tipo de individuos desde su infancia; en este caso no importa cuán dedicados puedan ser los padres para con su hijo pues nunca podrán comprender la complejidad de su temperamento. Asimismo puede darse el caso de que existan sujetos que pueden considerarse psicópatas y sociópatas al mismo tiempo, puesto que, además de poseer estas características temperamentales innatas, no cuentan con un buen soporte familiar ni con un entorno facilitador que les permita encauzar su conducta.
2. EL PSICÓPATA DESESTABILIZADO: Aun con una socialización normal, estos sujetos padecen un trastorno orgánico el cual, al manifestarse los desequilibra al punto de llegar a ser considerados como menos responsables de la conducta antisocial en la que incurrirán durante la duración de dicho episodio.
a) Equivalentes epilépticos: algunas lesiones cerebrales pueden provocar conductas anormales y hasta antisociales. David Lykken también sugiere la idea de un “cortocircuito” que se produciría en los mecanismos del sexo y la agresividad del cerebro de estos individuos. Y en consecuencia afirma que “las biografías de algunos asesinos en serie se inician con la obtención de placer sexual cuando de niños torturaban animales y sugieren de un modo claro la existencia de una especie de cortocircuito entre los sistemas motivacionales en la arquitectura cerebral”.
b) De tipo colérico: en este casi se incluyen a aquellos individuos que sufren arrebatos de cólera –lo que actualmente se denomina “mal manejo de la ira”–. En este caso en especial, estos sujetos se ubicarían en la parte más alta de la distribución normal de población psicopática, por causa de su predisposición a la ira y a la intensidad con que se manifiesta. El propio Lykken reconoce el escaso conocimiento acerca de la relevancia de las diferencias individuales en este tipo de cuestiones, y se pregunta si la ira que experimentan las personas que se enfadan con más facilidad es más intensa, o si una mayor irascibilidad provoca también una explosión mayor de furia.
c) Hipersexualidad: al igual que con el caso de la ira existirían casos que expresas, desde muy temprana edad –inadecuada en el común de los casos– de una necesidad malsana para satisfacer un petito sexual más intenso. No obstante, asimismo existe el interrogante con relación a si la frecuencia de la excitación predice la máxima intensidad del apetito sexual; o si la intensidad en la excitación sexual determinará su nivel de satisfacción. Al igual que con el grupo anterior, estos sujetos también se hallan en situaciones de riesgo, pues también ocupan uno de los puestos más altos en cuanto a la distribución de subtipos.
d) Anhelos patológicos: estos individuos sienten la urgente necesidad de satisfacer placeres ilícitos o moralmente reprochables, por lo cual incurren en situaciones de riesgo. Las diversas y normales situaciones de estrés estimulan la secreción de opiáceos endógenos, que ayudan a soportar el dolor que esto les produce; el típico ejemplo es la ingesta de chocolate luego de una determinada situación sentimental estresante y es sabido que dicha ingesta contribuye a la generación de endorfinas que aplacan –al menos un poco– el padecimiento sentimental. En cambio, en este tipo de psicópatas que poseen un umbral de frustración mínimo, el causar dolor a otro y, en el caso extremo de los delitos, y sobretodo, los violentos, estas endorfinas producen únicamente un estado placentero pues no existe ningún dolor que mitigar. Por tanto sería fácil concluir que para ellos, el infligir dolor a otro o el delito en sí es su recompensa.
e) De tipo histérico: la característica básica aquí radica en la dualidad entre la indiferencia entre las acciones cometidas por estos individuos y el –eventual– remordimiento o ansiedad que en otro momento puedan sentir. Aunque el individuo se encuentre muy bien socializado, es probable que piense en realizar alguna acción prohibida o reprochable y sienta, aunque sea en forma momentánea, algún tipo de cuestionamiento en el caso de que reflexionara sobre las posibles consecuencias (lo que no es lo usual). No obstante, aun así, se encuentra en una posición mucho más vulnerable para ser “tentado” puesto que puede, fácilmente, reprimir y/o anular ese malestar; pero esta acción represora lo predispone al agotamiento, por lo cual este tipo de psicópata, en algún momento, aumentará su rabia y rencor.
3. PSICÓPATA SECUNDARIO: Este tipo de individuo es muy similar en cuanto a los actos impulsivos, agresivos y posee niveles muy bajos de socialización, pero posee una marcada tendencia a la culpa y al retraimiento. De acuerdo con el modelo neurofisiológico de Fowles y Gray, la conducta impulsiva y psicopática puede deberse a un pobre “sistema de inhibición de la conducta” (SIC) o a una aceleración desmesurada en el “sistema de activación de la conducta” (SAC). En el primer supuesto el individuo desembocaría en una psicopatía primaria, mientras que el segundo, en una secundaria. En este último caso sienten desasosiego, angustia y se encuentran insatisfechos consigo mismos y con sus vidas; sin embargo, de igual forma que los primarios, llevan a cabo delitos o acciones moralmente reprochables motivados por sus impulsos, pero se diferencian en el remordimiento y el estrés posterior que sufren, que puede llegar a ser incluso más elevado que el en una persona que no sufra de este trastorno.
FUENTE: Lykken, David, “Las personalidades antisociales”, Herder, Barcelona, 1994.

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