En la mente del psicópata criminal: El caso Onoprienko. Parte I.

Mónica Ballester (España)
“Sé que es cruel, pero soy un robot con impulsos para matar. No siento nada”.
Anatoli Onoprienko
Esta es la declaración que hizo Anatoli Onoprienko, un asesino en serie ucraniano que acabó con la vida de más de cuarenta personas durante seis años, y del que más adelante hablaré. Primero quiero centrarme en la figura del psicópata, concretamente del psicópata criminal. Al contrario de lo que comúnmente se piensa, un psicópata no es necesariamente un delincuente, es decir, puede haber una persona con una psicopatía diagnosticada, o no, y que no cometa un solo delito en toda su vida. La sociedad suele relacionar al psicópata con el asesino en serie o criminal, pero por el contrario no es necesario que un psicópata delinca.
Ahora bien, el psicópata que se convierta en asesino en serie, será el más peligroso. Está demostrado científicamente que el cerebro del psicópata es diferente al del resto de personas, y esta diferencia se basa en el sistema límbico, en la amígdala principalmente. La amígdala es la encargada de procesar nuestras emociones, por tanto, nuestra empatía. El psicópata tiene dificultades para percibir por parte de la amígdala las emociones morales, el sentido de la justicia y la compasión. La amígdala no le avisa de los daños o el sufrimiento que se vaya a causar al tomar una decisión, y por ello en muchas ocasiones, es capaz de imitar emociones que no siente.
Los expertos coinciden en señalar que los psicópatas exhiben una frialdad casi inhumana en su comportamiento, son incapaces de conmoverse ante las emociones y las desdichas de los demás, carecen de empatía y no tienen miedo al castigo al ponerse en una situación de riesgo. Cuando un psicópata se convierte en un asesino en serie, se está convirtiendo en el criminal más peligroso y depredador que existe. En el ámbito interpersonal, los psicópatas se caracterizan por poseer un encanto superficial, narcisismo, mentir de manera patológica y emplear con maestría el engaño. En la faceta afectiva, se caracterizan por la falta de sentimientos y de culpa junto con la incapacidad de responsabilizarse por los actos cometidos.
Los psicópatas que presentan un historial criminal desde jóvenes, son los más activos, los que cometen los delitos más graves y los que tienen mayor riesgo de reincidencia, siendo también muy impulsivos y prolongando generalmente su carrera delictiva más allá de los cuarenta años. Sin embargo, otro tipo de psicópata es el llamado “integrado”. Este individuo tiene mejor control de los impulsos, planifica más, manipula mejor. Nadie espera esa violencia de él porque no tiene antecedentes penales, suele trabajar y tener una familia, así como estar totalmente adaptado e integrado en su comunidad social.
La mayoría de psicópatas integrados no son delincuentes, pero algunos, por alguna razón desconocida, explotan en la edad adulta con un gran acto de violencia, generalmente buscando algo: dinero, sexo, mayor poder etc. Si esa explosión violenta exige la muerte sucesiva de varias personas, estamos frente a un asesino en serie. De lo dicho hasta ahora, se entiende que la psicopatía es una condición unida con la violencia (aunque no necesaria) y en particular con crímenes muy violentos. Ahora bien, ¿qué tipo de violencia es la más susceptible de ser empelada por los psicópatas? Para contestar esta pregunta deberemos distinguir entre dos tipos de violencia que tradicionalmente se han estudiado en criminología. Una es la violencia instrumental, es decir, aquella llevada a cabo para conseguir un fin: venganza, dinero etc. En el otro lado, en cambio, tenemos la violencia reactiva, tratándose de aquella que se ejerce como respuesta a una amenaza percibida o una provocación. 

Bibliografía “Perfiles Criminales”. Vicente Garrido. Ed. Ariel 2ª edición

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