“El Palacio Negro” de Lecumberri

Por Jesús López Leyva (Sinaloa, México)
Dentro de las tres Prisiones más patéticas en la historia de México tenemos el Castillo de San Juan de Ulúa, la funesta y tenebrosa “Cárcel de Belén” y el famoso "Palacio Negro" de Lecumberri.
Denominado por el criminólogo Alfonso Quiroz Cuarón como “la Mansión del Delito”, “la Antesala del Infierno”, “Escuela y Universidad del Crimen”, lo que me da tema para referirme a esta vieja Penitenciaría porfiriana y cuyo edificio ocupa hoy el Archivo General de la Nación.
El “Palacio Negro” de Lecumberri se comenzó a construir el 9 de mayo de 1885 y fue inaugurado por el presidente Porfirio Díaz el 29 de septiembre de 1900, fecha en que ingresó la primera remesa de presos procedentes de la tristemente célebre Cárcel de Belén.
Lecumberri fue construido en forma radiada, contaba con siete crujías en el polígono, una torre de 35 metros de altura, que soportaba tres grandes tinacos para el agua. En las crujías destinadas a Prisión preventiva existía una "Galera de homicidios", conocida también como “Galera de sangre”, otra Galera de robo, otra destinada a reos peligrosos clasificándolos de acuerdo con su peligrosidad y en atención a los delitos cometidos. Posteriormente se agregó otra más, la "Crujía J ", en la cual se recluía a los homosexuales, de ahí la denominación que el pueblo da a este tipo de personas.
El tenebroso Penal de Lecumberri fue famoso en todo el mundo como escuela del delito, por los personajes que ahí estuvieron purgando una condena y por el trato deshumanizado de que eran objeto los presos. Escribir sobre la Prisión de Lecumberri es escribir sobre una parte de la historia de México, ya que por espacio de setenta y seis años sirvió de casa a lo más granado del crimen organizado y otros personajes.
Huéspedes distinguidos de Lecumberri lo fueron: el asesino de León Trosky, Ramón Mercader del Río; Gregorio Cárdenas Hernández, "el Estrangulador de la Cuba"; Higinio Sobera de la Flor, "el Pelón Sobera"; David Alfaro Sequeiros, Demetrio Vallejo, Valentín Campa. También estuvo como huésped en la “Mansión del Delito” Rodolfo Valdez, alias “el Gitano”, que victimó al Coronel Rodolfo T. Loaiza, quien fue gobernador de Sinaloa. Además, estuvieron el General Mireles, el narcotraficante Sicilia Falcón y algunos deportistas como Rubén "el Púas Olivares" y el artista Alberto Vázquez, entre otros.
Debo decir que en Lecumberri, como en casi todos los Penales de antes y después, la injusticia, la tortura, la incomunicación, el tráfico de drogas y otras sociopatologías estaban a la orden del día, que consumen lentamente a inocentes y culpables en una lucha encarnizada y violenta por la sobrevivencia.
Lecumberri cerró sus puertas el 25 de agosto de 1976 y dio paso al establecimiento de los Reclusorios Norte, Sur y Oriente en la Ciudad de México, con nuevos métodos de reinserción; pero dígase lo que se diga, no hay resocialización del preso y las diferentes Prisiones, hoy llamadas pomposamente CEFERESOS, y en Sinaloa Centros de Aplicación de las Consecuencias Jurídicas del Delito, no dejan de seguir siendo “Universidades del Delito”, donde la vida del preso es cada vez más triste y complicada, situación que repercute al seno familiar.
Con esto considero necesario que las leyes relativas a la libertad anticipada sean más flexibles y permitan que personas con evidentes signos de reinserción obtengan su libertad y puedan reintegrarse a la sociedad; que la Ley de Normas Mínimas, la pre-liberación y la remisión parcial de la pena se apliquen con igualdad y justicia, y que los trámites para lograr estos beneficios no se pierdan en la lentitud de una burocracia hostil y corrupta. No debo dejar de mencionar que la pena de Prisión ha demostrado su ineficacia por falta de voluntad política y por la forma tan drástica de aplicarse.


Así las cosas desde hace tiempo se habla “de la Cárcel sin rejas” y cambiar la pena de Prisión por nuevos sustitutos penales, cumplir con la obligación penitenciarias, con la obligación de realizar cuando se requiera, el estudio clínico criminológico con el fin de establecer primeramente un diagnóstico de personalidad, mediante la opinión de especialistas y por ende un pronóstico de peligrosidad y de ser posible un tratamiento. Hay que invertirle a la reinserción social del reo para que el derecho penal y los diferentes Centros Penitenciarios dejen de ser factores criminógenos de primer nivel.


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