Con el rabo entre las piernas


Fernando Qualytel (España)

Un demonio jocoso  anda suelto en las empresas. Escudado en una situación de superioridad manifiesta, es un victimario que pretende coartar la libertad de sus empleados. Convertirlos en su víctima, en la pretensión de  acceder a favores sexuales: repite un contacto físico con constantes tocamientos o pellizcos,  e insinuaciones sexuales no deseadas por su víctima. Mantiene un constante coqueteo ofensivo, y en ocasiones la desagradable exhibición de fotos inadecuadas:
Esta es  la presentación de un individuo que pretende el chantaje sexual. Sus comentarios abusivos sobre la vestimenta de su víctima o la imagen de la persona, irán acompañados con la amenaza de tomar represalias laborales. Esta es una situación de violencia donde imperan los abusos y las agresiones sexuales. Jurídicamente se considera abuso sexual  un acto en el que no existe violencia ni intimidación, mientras  que esta violencia e intimidación se hace presente en la agresión sexual.  

Este es el perfil de  un individuo que prevaliéndose de su posición superior  con la víctima pretende el acceso carnal. Un individuo con baja tolerancia a la frustración y expresiones inadecuadas de ira, con pobres habilidades sociales. Una  persona introvertida, solitaria y con escaso apoyo social. Su modus operandi es una aproximación a su víctima,  de manera gradual, mediante caricias y obsequios,    que quiere confundir como muestras de cariño, lo que en verdad son abusos sexuales.
 No solo el acceso carnal es una conducta típica. También  la introducción de objetos y la penetración bucal o anal se consideran agresión o abuso sexual. La víctima de este acoso, agresión o abuso sexual ha perdido  su libertad, y vive su particular infierno laboral entre la ansiedad y el temor de ir a trabajar.
Su autoestima ya está desplomada, y queda embargada por un sentimiento de culpabilidad y miedo. La impunidad en estas situaciones  se facilita con el miedo y el silencio de la propia víctima, y del entorno laboral próximo que conoce de los hechos. Nada justifica que el culpable quede impune, ningún prejuicio debe frenar la denuncia de los hechos: Este demonio tiene que salir del entorno laboral  con el rabo entre las piernas.



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