Breve aproximación a la firma del asesino en serie como fantasía y evidencia conductual

Por Paz Velasco de la Fuente
En determinadas escenas del crimen, es de vital importancia centrarse en el análisis de las evidencias psicológicas o conductuales, ya que ambas son vestigios que reflejan el modo en el que el asesino cometió sus delitos. La utilidad de estas evidencias radica en su permanencia en el lugar de los hechos puesto que las pruebas físicas pueden desaparecer con el tiempo, pero es imposible eliminar un rastro conductual. Sin embargo no olvidemos que nos encontramos con un gran inconveniente: la evidencia conductual carece de valor probatorio en los tribunales.
La firma (o sello personal) puede definirse como todas aquellas CONDUCTAS Y ACTOS ACCESORIOS al asesinato, que no son necesarios para matar y que nos hablan de la motivación final, del porque se ha cometido ese crimen. Refleja las necesidades psicológicas o emocionales que el criminal pretende satisfacer con la realización de sus crímenes, siendo por lo tanto un reflejo conductual de su fantasía. Es más estable que el modus operandi que ya hemos visto que puede cambiar, y aunque su modo de presentación puede variar, las necesidades que se cubren con ella se mantienen constantes. Debido a la menor variación de la firma y que se considera un componente más personal e individualizador de ese criminal, la firma es un instrumento muy útil para la vinculación sobre todo de casos seriales que pueden ser de la autoría de un mismo sujeto.
Podremos encontrarnos con tantas firmas distintas como asesinos existen, aunque es cierto que algunas son similares lo que permiten al perfilador encuadrar al agresor en una tipología concreta.
El problema del perfilador radica en distinguir si la conducta llevada a cabo es parte del modus operandi o de la firma, ya que una misma conducta en un criminal puede ser parte de su modus operandi y en otro puede ser parte de su firma. Por ejemplo en el caso de un agresor sexual, si el agresor cubre la cara de la víctima con una camiseta durante la violación, puede ser debido a un deseo psicológico de fantasear con el hecho de que la víctima realmente es otra persona. Esto sería una conducta de la firma. En el caso de otro agresor diferente, el hecho de cubrir la cara de la víctima puede deberse a la necesidad de evitar que esta le vea y le pueda reconocer e identificarle a posteriori, de modo que estaríamos antes un acto de precaución del modus operandi. 
Es importante resaltar que repetir una misma conducta en distintos crímenes no convierte a esa conducta en parte de la firma. Las conductas de la firma a veces son muy difíciles de distinguir de una conducta propia del modus operandi, por lo tanto es necesario un análisis detallado y meticuloso. Las conductas de la firma suelen tener las siguientes características:
• Suponen un tiempo extra para su desarrollo en la escena del crimen.
• Esos actos no son necesarios para completar el crimen ni para matar.
• Están relacionadas con expresiones de necesidad, emociones, sentimientos o fantasías.
• Hay menos racionalidad, de modo que son más viscerales.
• Suponen actos de comunicación entre el asesino y la víctima o entre el asesino y otras personas.
Para el Dr. Robert D. Keppel (1995) la firma del delincuente constituye una parte de la escena del crimen donde se recogen las expresiones de las fantasías del asesino, definiéndose como “el conjunto de acciones que no son necesarias para cometer el delito”. Keppel considera que el autor de un crimen se siente psicológicamente forzado a dejar su firma (su tarjeta de visita) en la escena del crimen, a modo de impresión o huella. Determina que la firma es realmente lo que ayuda a vincular varios crímenes de autores desconocidos y no el modus operandi. Sostiene que el tema subyacente en el uso de la firma de un asesino es el control. Estos hombres son perdedores, que se sienten impotentes y que buscan el poder mediante el asesinato. La necesidad de sentirse mejor consigo mismos genera una compulsión de encontrar y controlar a las víctimas de un modo específico y ellos actúan dentro de la misma compulsión de manera repetitiva.
Para Keppel son conductas de la firma:
Mutilaciones de partes del cuerpo.
El ensañamiento.
Dejar mensajes.
Realizar marcas profundas en el cadáver o grabar cosas en él.
Colocar el cuerpo de forma que comunique algo.
Realizar actividades post mortem.
Obligar a la víctima a que hable de un modo concreto.
En los casos de asesinato seriales un tipo característico de la firma es el piquerismo. Vernon Geberth (2006) lo define como la inclinación sexual para apuñalar o cortar con el objeto de obtener satisfacción sexual a través del derramamiento de sangre, el desgarro de la carne y/o la observación de ese dolor y sufrimiento de la víctima. La intención es utilizarlo como un instrumento de dominación desviado de las satisfacciones sexuales propias del proceso de penetración. Esta práctica puede considerarse como una parafilia dentro del sadomasoquismo consistente en la realización de una gran cantidad de cortes, heridas punzantes o desgarros carnales concentrados en torno a zonas sexuales, como genitales, glúteos, el pecho y el resto de la víctima. 
Cleophus Prince Jr, dejó esta firma en cinco víctima: multitud de heridas de arma blanca. Las puñaladas estaban todas ellas concentradas en la zona del pecho, e iban dirigidas al corazón y al pecho izquierdo, siendo muy numerosas, más de las necesarias para matar. Fueron asestadas con gran fuerza, y de manera muy profunda llegando incluso algunas de ellas a atravesar el cuerpo de las víctimas. Puede significar que el asesino estaba muy enfadado y sentía la necesidad de controlar a sus víctimas. Probablemente, esto le provocó una gran excitación sexual, ya que solo una de ellas fue agredida sexualmente.
BIBLIOGRAFIA:
• Keppel, R.D y Birnes, W.J. Serial Violence. Analysis of modus operandi and signature characteristics of killer. USA. 2009, Taylor and Francis group.
• Quiñones Urquiza, M.L. Las huellas psicológicas y motivaciones del delincuente sexual. http://www.revistajuridicaonline.com.


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