Tipología Criminal: Antropología

Por Roberto Oscar Foyo
Lombroso aplica el método científico en toda su extensión: la observación como punto de partida le permite plantear la hipótesis que “demuestra” con los resultados obtenidos en su tarea. Evaluando el resultado de la autopsia que practicara sobre uno de los más violentos criminales de la región, el calabrés Gaetano Vilella, que a los sesenta años había fugado del penal y había ofrecido feroz resistencia a los carabineros, observó la presencia de una anomalía anatómica occipital que denominó quinta foseta, foseta occipital o foseta media, en lugar de la cresta occipital habitualmente descripta para esa ubicación medial.
Este hallazgo, que en rigor de verdad no excedía la condición de variable étnica no profundizada por los anatomistas franceses de cuyos textos se basaba el estudio anatómico europeo vigente para la época, le sirvió como punto de partida para la formulación de su teoría. Si un sujeto tan peligroso y violento como Vilella, posee un rasgo anatómico diferente a lo descrito habitualmente, este rasgo debería estar unido a su conducta criminal, forma parte de una constitución delincuencial y, por ello, posee una condición de inmodificable.
Su conclusión ofrecía severas dificultades, la única forma de determinar la condición criminal de un individuo, surgía necesariamente con la autopsia, lo cual era en extremo tardío y ya hubiera cometido los crímenes que merecieron su condena.
Este hallazgo de la foseta media no es más que el punto de partida para su estudio criminológico: observando otros signos netamente antropomórficos podía inducir la condición delincuencial del sospechoso. Esas expresiones morfológicas eran visibles sin necesidad de recurrir a la necropsia, se presentaban con tanta habitualidad como el signo precursor y su ventaja estribaba en su “portación”.
En su texto Medicina Legal, Tomo I, Lección IV, página 38, Punto II, bajo el título de “Atavismo y morbosidad del delito y del delincuente” expresa:
“La antropología criminal ha reconocido pues, en el hombre delincuente, máxime en su tipo más característico, una multitud de caracteres anormales, muchos de los cuales tienen una significación atávica, por cuanto reproducen las formas propias de los antepasados del hombre, aún de los prehumanos: como por ejemplo entre los caracteres anatómicos la fosita occipital, la mandíbula voluminosa, los pómulos y lo senos frontales salientes la estenocrotafia, etc. y entre los caracteres funcionales, la zurdez motoria (sic) y sensorial, la hpioestesia, la analgesia, la sensibilidad meteórica y magnética …. Y como quiera que a estos caracteres atávicos se asocian manifestaciones y tendencias criminosas, y estas son, según hemos visto, normales y frecuentísimas en los animales y en los pueblos primitivos y salvajes, es lícito concluir que también en los criminales son naturales estas tendencias en el sentido en que dependen de su organización análoga por inferioridad de estructura y de funciones físicas y psíquicas a las de los pueblos primitivos y los salvajes y, algunas veces a las de los animales.”
Esta descripción le lleva a concluir en la creación de algo mayor a un biotipo particular: modelo con características definidas, surge la figura del DELINCUENTE NATO. Se trata de aquel individuo que ha nacido con una carga predestinada para delinquir, y que merecía ser observado de manera diferente al resto de los sujetos. Su condición de delincuente viene acarreada en forma hereditaria, lo acompaña desde el nacimiento hasta la muerte y es irreversible. Esos rasgos eran patrimonio de un ser que rememoraba las formas siminanas (el aspecto de su cara, la longitud de sus extremidades, la tendencia y similitud con las formas animales, etc.), que carecía de poder de freno a sus expresiones instintivas básicas con lo cual se expresaba como un salvaje en el sentido literal del término. Su similitud en formas y conductas con los primates inferiores será remarcada permanentemente por Lombroso en su obra, como modo de reafirmar la pertenencia a estratos evolutivos inferiores por parte del criminal.
Artículo Completo: "Evolución del Estudio Criminológico a partir del Positivismo (parte 1)", Revista Skopein Nº 5, en:
http://skopein.org/ojs/index.php/1/article/view/34



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