La Policía

Por Jesús López Leyva. (Sinaloa, México)
No cabe duda que el renglón de la seguridad pública sigue siendo el “talón de Aquiles” de todo gobierno. La seguridad pública está encomendada por disposición constitucional a la federación, estados y municipios, y la actuación de la policía deberá regirse por los principios de legalidad, eficiencia, honradez y profesionalismo.
Etimológicamente, el término policía proviene del griego “politeia” y del latín “politia”, que significa, arreglo, gobierno, bueno orden y administración. Tratando de conceptuar a la policía, diré que es el “conjunto de hombres y mujeres, dependientes del Estado, cuya función es mantener el orden y el bienestar social, garantizar la libertad, la moral y la seguridad de las personas; hacer cumplir las leyes y, dentro de la esfera de su competencia, prevenir disuadir, investigar y perseguir los delitos.
Haciendo un poco de historia, la policía tiene también un orden y un desenvolvimiento a través del tiempo. Por ejemplo, en México, en la época de la Colonia, los corregidores y gobernadores encomendaron a los “alguaciles mayores” la vigilancia y el orden de las ciudades.
En 1822 se organizó un grupo de policía preventiva en la Ciudad de México y el 1828 se expidió un reglamento de vigilantes dando vida a la policía “rural”, que se encargaba de la vigilancia, de fincas, haciendas, caminos y del medio rural; en ese tiempo se crearon los prefectos, que de alguna manera ejercían funciones de autoridad policíaca. También los jefes políticos tenían a su cargo la fuerza pública. Posteriormente se generalizó la actuación de los “gendarmes”, lo que hoy es la policía preventiva.
En este orden de ideas, debo destacar que el poder del Estado debe garantizar la seguridad pública, ya que la policía tutela el orden jurídico; los cuerpos policíacos siempre pertenecen y pertenecerán la gobierno, y se requiere de esta institución para prevenir y perseguir los delitos, y demás conductas antisociales que no constituyendo el delito, atenten, en contra de la propiedad, higiene, y la salud pública, la moral y las buenas costumbres, la seguridad y la tranquilidad de las personas.
En términos generales, la policía tiene funciones preventivas y de investigación. El Estado realiza la prevención a través de la policía preventiva, estatal o municipal, y la función investigadora y persecutoria por conducto de la policía ministerial.
Actualmente existe la tendencia de crear la policía criminológica de crear la policía científica, más preparada, que contemple un conjunto de principios y procedimientos prácticos, encomendables a la prevención, a la reconstrucción del delito, descubrir sus móviles y la identificación y captura de los responsables. Pero, para llegar a esto, la policía ha tenido que pasar por tres fases: la primera, la “equívoca”, que se caracteriza porque los elementos policíacos, incluso el jefe de la policía, eran reclutados, entre los mismos delincuentes, porque conocían a los criminales y sus “modus operandi”, como por ejemplo Eugène-François Vidocq, en Francia, que era jefe policiaco, después de haber sido un delincuente regenerado, decían que para que la “cuña apriete debe ser del mismo palo”. Esta tendencia, en cierta manera, ha prevalecido hasta nuestros días.
Una segunda fase, la “empírica”, la policía no seleccionada entre los delincuentes, lucha contra el hampa, con sus facultades naturales, con base en la costumbre y la experiencia.
La tercera etapa, la fase “científica”, además de las facultades naturales de los elementos policiacos, se incluye el método científico de investigación criminal, se echa mano de armamento sofisticado y se utilizan técnicas modernas de prevención del delito. También se utilizan los servicios periciales con la participación de las ciencias naturales como la física, biología, la química, fotografía judicial a color, etcétera.
El problema de la seguridad pública es un fenómeno complejo, porque se sigue fallando en la prevención del delito. De ahí que los asaltos, robos con violencia y los delitos de alto impacto estén a la orden del día. La policías está fallando porque no hay resultados satisfactorios en la prevención y la investigación de los delitos; ante esta circunstancia, creo necesario cambiar los esquemas obsoletos de prevención y combate al delito; aspirar a una policía más calificada, mejor pagada y sin relación con el crimen organizado.
Establecer en las más importantes ciudades la academia de policía; realizar periódicamente cursos de actualización teóricos prácticos para los elementos policiacos, con prácticas de tiro y manejo de armas, ya que hay policías que tiene años sin disparar un arma de fuego.
Enseñar a los elementos a elaborar partes informativos porque en las detenciones “en flagrancia”, la averiguación empieza con dicho parte y si no van bien precisados la circunstancia de lugar tiempo, modo y ocasión de la detención y de la comisión de delitos, puede ser motivo para que el delincuente obtenga su libertad en alguna de las etapas del proceso o en la sentencia.
Hay que enseñar a la policía, criminología y criminalística y desarrollar en él, el don de la observación para poder detectar las características del criminal, su conducta, sus manifestaciones externas y evitar mediante su inducción y deducción la comisión de delitos.


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