Infidelidad. Parte II: La biología de la infidelidad. Gen alelo 334.

Por Ma. Helena Pacheco Licea. (Ciudad de México)
Varios autores creen que la infidelidad es parte de la biología humana y consecuencia de nuestros antepasados mamíferos. La necesidad biológica de continuar la especie y de la sobrevivencia de nuestros genes mediante la procreación y la descendencia, al igual que en los animales, hace que muchos humanos busquen en estas tendencias causas o justificaciones de la infidelidad.
Algunos autores dicen que ciertos varones no logran superar las determinantes biológicas heredadas, no pueden adaptarse a la monogamia y tienden a ser monóginos, deseando a una mujer cada vez, como opción alternativa a la de tener una para toda la vida.
Se sostiene también que la predisposición de los varones por sobre las mujeres a la infidelidad está determinada por variables hormonales. El deseo sexual está relacionado con los niveles de testosterona, ésta hormona se encuentra en una proporción once veces mayor en los varones que en las mujeres, estimulando a los primeros a buscar tener relaciones sexuales en mayor medida, que en el caso de las mujeres.
La genética y la infidelidad.
El 2 de septiembre de 2008, el Instituto Karolinska de Estocolmo, en Dinamarca, revelaba a través de Hasse Wallum del Departamento de Epidemiología Médica y Bioestadística, uno de los responsables de la investigación, que la infidelidad de los hombres está relacionada con un gen, el alelo 334.
“Lo más importante del descubrimiento es que es la primera vez que se asocia la variante de un gen específico, con la manera en que los hombres se comprometen con sus parejas”, explicaba éste notable investigador.
De esto deriva que los hombres dotados de esta variante del gen sean peligrosos para una relación estable, ya que es el alelo 334 el encargado del receptor de la arginina vasopresina, una hormona básica y presente en el cerebro de la mayoría de los mamíferos.
Cinco años de estudio.
El análisis se llevó a cabo durante cinco años con parejas heterosexuales: más de 1000, de las cuales 550 eran gemelos, quienes confesaron en algunos tests psicológicos preguntas relacionadas a si se sentían felices, cómo era su convivencia, si reían o se besaban a menudo, y sobre el futuro de su relación.
El resultado fue que los hombres con el alelo 334, dos de cada cinco en este estudio, afirmaron tener lazos menos fuertes con sus esposas y, además, éstas reconocieron que se sentían menos satisfechas con sus cónyuges, en contraste con las que se casaron con hombres sin esta variante genética. Incluso el estudio arrojó resultados en donde los hombres con dos copias del alelo 334 han tenido en su vida más crisis de pareja.
“Los hombres con el alelo 334 no significa necesariamente que estén menos capacitados para amar, sino que se trata más bien de una limitación en la capacidad social”, matizó Hasse Wallum.
Este hallazgo, se prevé que servirá en un futuro para ayudar en la investigación de patologías caracterizadas por presentar dificultades en las relaciones sociales, tales como el autismo o la fobia social.


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