El extraño caso de los policías de vocación

Por J. Javier Medina Flores (Puebla, México)
Cuando niño; entre juegos y amigos, aceptaba que mi futura profesión sería ser policía o tal vez bombero llegado el momento de la adultez, y es que solo el acto de pensar en detener a “personas malas” que hacen “cosas malas”, resultaba enorgullecedor y al mismo tiempo excitante. Seguro estoy, de no ser el único en considerar ese idea propia de la infancia, originada tal vez, en la inocencia de la edad o en el sentido más puro de las nociones pro-sociales.
Pero los tiempos cambian, y la percepción cotidiana de aquel uniforme policial impecable parecía degradarse cada vez más. Tal vez, gracias a opiniones ajenas que juraban traición social de parte de aquellos que se veían ataviados con una curiosa y llamativa gorra de plato inclinado; como lo marcaba la tradición militar, o simplemente, porque nunca me fue inculcado el respeto a la profesión policial aunado a la formación de arquetipos fundados en una vana idolatría.
Hoy día, la imagen del policía se ha visto superada y recubierta por una gruesa capa de prejuicios y antivalores, posiblemente, emergidos de un estado de derecho carente de efectividad, eficiencia y eficacia. Pero también la culpa se comparte, pues no solo el estado es culpable de aquella involución; el dicho popular menciona que la educación se mama en casa y junto a ella, la multiplicidad de tabúes ante digna labor de protección.
Resulta interesante pretender identificar los posibles argumentos y reflexiones populares al observar que los casos registrados de corrupción policial, no superan en mayoría absoluta los casos de reconocimiento a la honradez de los elementos policiales; al menos en internet. Por ejemplo, al ingresar en el explorador la frase “policías corruptos” obtenemos cerca de 1,060,000 resultados, mientras que para la expresión “policías honestos” se captan cerca de 1,220,000 resultados; una de tantas posibles explicaciones podría ser, que los casos de honestidad policial son considerados erróneamente más extraños y ello conlleva a una mayor registro periodístico o social.
En el día a día la generalidad es otra; dedicamos más tiempo a desacreditar la carrera policial que el empleado en conocer los nombres de aquellos caídos durante el cumplimiento de su deber, de aquellos amigos o compañeros que ofrendaron su vida por la nuestra, y en muchas ocasiones, desconociendo el menesteroso salario que perciben y las condiciones contextuales actuales de aquellos que cumplen con valor y patriotismo las tareas encomendadas.
Dadas las posturas, hago un necesario llamado a la re-dignificación de la imagen policial bajo un modelo arbitrado dentro de una trilogía cooperadora; estado, sociedad y los mismos policías. El cual, únicamente se verá materializado en su sentido más intrínseco cuando logremos conjuntar la vocación de servicio y el compromiso por construir un mejor entorno.
Pero no todo son pesares, desesperanza y derrota; solo de forma contextual, durante la mañana del pasado día 29 del presente mes, ocurrió una explosión de gas que destruyó el Hospital Materno Infantil en un 75% de Cuajimalpa en el Distrito Federal, provocando la muerte de al menos tres personas y dejó lesionadas a otras 72. 
Esa misma mañana, la Secretaría de Seguridad Pública del Distrito Federal (SSPDF) identificó al policía que rescató a un bebe de apenas 15 horas de nacido de entre los escombros posterior al siniestro del inmueble y que fue captado por las cámaras de periodistas. De nombre Mauro Enrique Vera Suárez, es un policía perteneciente a la institución antes mencionada que pronto se convirtió en el héroe del día y posteriormente en trending topic nacional gracias a las redes sociales. 
Mejor conocido como el “policía políglota” a nivel internacional, Juan Orozco Álvarez es policía auxiliar del Distrito Federal y exclusivo en su clase, ya que después de catorce años es el único policía mexicano que domina 6 idiomas diferentes; francés, italiano, alemán, japonés, coreano e inglés valiéndole numerosas cartas de recomendación enviadas por las embajadas de México en otro países y un contrato con Discovery Channel.
Triste es reconocer la cantidad de condecoraciones “Caballero Águila” dentro de la Policía Federal Mexicana, un total de 3 mil 387 preseas para el año 2013; prenda otorgada a las familias de Policías Federales caídos en cumplimiento del deber. A pesar de conocer las cifras extraoficiales, el orgullo permanece para aquellos que pertenecieron y seguirán perteneciendo a la Policía Federal Mexicana.
En ese mismo año, Mario Luis Cuevas artista potosino, fue elogiado por el actual presidente de la República tras levantar en el centro de mando de la Policía Federal mexicana la obra denominada “Al policía caído” con el propósito de darle el justo valor y reconocimiento a los policías caídos en cumplimiento del deber. Dicha obra consta de tres estelas que surgen del agua: la primera representa la vida. Está personificada por una mujer vigorosa, fértil y fuerte, que sostiene en su mano izquierda la bandera de México, símbolo de soberanía, mientras que en su mano derecha porta una corona de laurel, ícono de victoria y de honor. En la parte inferior se encuentran los guerreros jaguar y águila, símbolos azteca que forman parte del escudo de la Policía Federal. Al centro, la balanza significa la justicia, y al costado un Policía Federal empuña una bandera mexicana en homenaje al valor de quienes cumplieron con su deber.
Amigos, conocidos y familiares; ahí están y en numerosas ocasiones no los percibimos. En palabras de Enrique Galindo Ceballos, Comisionado General de la Policía Federal de México y Secretario Ejecutivo de la Comunidad de Policías de América:
“Detrás de cada policía federal hay una familia y una historia de valor, sacrificio y lealtad a México. 
Esta es una de esas historias que nos compromete a seguir trabajando sin descanso por dar a la ciudadanía un México en paz. Sean siempre recordados, héroes de México”.



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