Directo al cuello

Por Fernando Qualytel
La estrangulación se considera intento de homicidio y dependiendo del país puede sancionarse desde cinco hasta veinticinco años de cárcel. En métodos de combate como el judo o el jiujitsu, la estrangulación es una técnica de defensa personal o incluso, una técnica deportiva.
Puede ser accidental, como la compresión por la caída de un objeto o prendas de ropa que quedan atrapadas en mecanismos o maquinaria. La estrangulación también ha sido utilizada como forma de ejecución de la pena capital, ya sea a través de medios como la horca, o con las manos. En la antigua Roma, se daba una forma de ejecución ceremonial con los enemigos vencidos, utilizando las manos para estrangular.
El primer efecto de la estrangulación es la compresión de las arterias carótidas; como la función de estas arterias es abastecer al cerebro de sangre, éste se encuentra privado de oxígeno, lo que a corto plazo causará trastornos de la conciencia: el desmayo.
Después, la muerte. La primera fase (hipoxia) provoca una sensación parecida al orgasmo. Por ello ciertas personas utilizan la estrangulación como técnica erótica, lo que puede causar accidentes mortales. Si la estrangulación es más fuerte, o se concentra en la parte delantera del cuello, tiende a aplastar la tráquea, lo que impide que el aire llegue a los pulmones y causa la asfixia. Se puede producir una hemorragia provocada por el desgarro de los cartílagos de la laringe.
Desde el punto de vista del procedimiento mecánico, el estrangulamiento es la constricción externa del cuello por cualquier sistema diferente al utilizado en la suspensión del cuerpo. Si bien algunos signos de la estrangulación y ahorcamiento son similares, la maniobra, situación y condiciones del estrangulamiento tienen sus propias características, detectables en la inspección ocular. 

El mecanismo del estrangulamiento produce la oclusión de las vías respiratorias, el cierre de los vasos sanguíneos y lesiones nerviosas. Encontraremos como signos externos de la muerte del sujeto, las excoriaciones o heridas en forma de media luna en el cuello de la víctima, provocadas por los dedos del agresor.


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