Autopsia Psicológica (complemento)

Existen registros –en los años 1920 en París y 1930 en New York–, se recolectaba información de la víctima utilizando diversas causas de muertes equívocas, una vez descartado el suicidio. A partir ello, y previa revisión de todos los modelos, escalas, guías y formularios encontrados en la literatura especializada, los cuales resultaron ser semi-estructurados y abiertos, esta técnica fue estandarizada y validada por la Dra. Teresa García Pérez (La Habana, Cuba), quien crea el actual modelo llamado: MAPI (Modelo de Autopsia Psicológica Integrado). Este modelo a diferencia de los modelos revisados, está estructurado y sistematizado a través de tres investigaciones realizadas entre 1990 y 1996, en víctimas de suicidio, homicidio y accidente. El gran mérito de haber logrado una sistematización es que de esta forma se reduce al mínimo el margen de sesgo, pues todos los peritos deben hacerlo de la misma manera, guiándose por un instructivo de RESPUESTA CERRADA y no permite la inclusión de elementos subjetivos del investigador en la valoración de cada caso.
Metodología. Etapas 
La técnica de AP cumple con el objetivo de cualquier proceso de psicodiagnóstico (salvo la confección del informe que tendrá las características de un dictamen pericial), o sea lograr una descripción y comprensión lo más profunda y completa que sea factible de la personalidad de la víctima. La vida psíquica del ser humano deja huellas de formas muy variadas y profusas: en espacios habitados, documentos, en la vida de otras personas, entre tantas otras. Un especialista en esta técnica, es capaz de identificar las huellas subjetivas que una persona fallecida ha dejado grabadas en vida, manifiesta y/o latentemente, y decodificarlas para acercarse a sus características de personalidad.
Al igual que se planifican los diversos exámenes, el proceso de una AP deberá planearse minuciosamente, teniendo en cuenta aquello que aporte el mayor número de indicadores posibles y que el objetivo será poner énfasis en los indicadores que nos marquen índices autoquíricos (ideas suicidas o de autoagresión). Para ello cobran valor inestimable: 1) las entrevistas a personas allegadas; 2) el estudio exhaustivo de la escena del hecho (vivienda y/o lugar de trabajo, investigación de todos los elementos personales que sea posible); 3) un análisis minucioso de documentación personal; 4) un estudio de otras pericias realizadas (lectura y análisis de datos aportados en el expediente), y 5) Confección de informe y conclusiones. 
Se sugiere su realización luego de los 6 meses de producido el fallecimiento. Esto es en principio para respetar los procesos emocionales que afectan a los allegados, aunque no es recomendable que pase más del año y medio, pues luego de este tiempo, puede disminuir la confiabilidad de los datos obtenidos a través del MAPI, pues podrían estar distorsionados por los procesos cognitivos normales.
a) Primera etapa: recolección de indicios y huellas psicológicas:
1) Inspección del lugar del hecho: La AP no sólo es el MAPI; García Pérez insiste en que lo principal en este trabajo es el proceso en sí mismo, el modo de hacer las cosas, que en el caso de los peritos, parte del propio lugar del hecho con examen y estudio minucioso del mismo, explorando e investigando cada detalle que hable de las costumbres y hábitos del fallecido. También serán necesarias fotos aéreas o panorámicas y la planimetría del lugar. El lugar del hecho en la AP no sólo es el lugar de hallazgo del cuerpo, ni el lugar donde se cometió el hecho, sino todos los lugares donde la víctima tenía su despliegue vital (casas, oficinas, clubes, vehículos, etc.) y en todos ellos hay que hacer hincapié específicamente en los detalles que hablen de la intimidad de la persona fallecida. El trinomio: víctima-victimario-lugar del hecho genera interacción y principio de transferencia. Por eso es necesario recolectar todo aquellos indicadores que nos hablen de las conductas, motivaciones, rutinas y costumbres del occiso (inspección del dormitorio, bibliotecas, botiquín del baño, heladera y alacenas, basura, música –frecuencia de emisoras radiales, gustos musicales–, preferencias de películas, análisis de documentación –bancaria, historias clínicas, estudios médicos, cartas y diarios personales–, análisis de archivos de computadoras, etc.; es NECESARIO recolectar (siempre con autorización pertinente del director de la investigación) toda la información de interés que se halle y que no podrá ser estudiada en el lugar, como libros, vídeos o películas personales, agendas, portafolios, etcétera.
2) Entrevistas: con no menos de 3 personas allegadas, utilizando el formulario MAPI, en su adaptación a las costumbres e idiosincrasia de cada país en particular. Las mismas deberán realizarse con entrevista inicial y con firma de consentimiento informado. No se entrega copia al entrevistado pues carece de sentido.
El MAPI está completamente estructurado y sistematizado; posee un instructivo de respuesta cerrada, de forma tal que se reduce al mínimo el margen de sesgo, por las razones antes expuestas. Esto posee el inestimable valor agregado de que puede ser verificable por terceras personas, cualidad sumamente meritoria para cualquier prueba pericial.
No es aconsejable que sea aplicado por auxiliares, y en este punto es importante insistir en que esta técnica debe ser empleada por perito psicólogo con formación en psicología forense y con un armazón teórico práctico consistente. De esta manera se logra que el protocolo sea más flexible, pues un profesional con estas características será capaz de poder aplicarlo de manera cerrada como lo indica la técnica pero, al utilizar su experiencia y destreza psicológica para la indagación de aspectos más profundos, consigue lo que a un explorador lego se le escaparían. Respecto de la elección de los allegados, lo ideal es que el perito psicólogo pueda elegir libremente a las personas a entrevistar y no ceñirlo a los testigos del expediente y/o familiares (la experiencia indica que no son ellos quienes más conocieron al fallecido) sino amigos, compañeros de trabajo o del club, etc., son los que más pormenores pueden brindar sobre las costumbres y rutinas del fallecido. Por ello la prioridad de elección debería ser puesta sobre los pares y compañeros de trabajo o estudio, pues suelen ser los confidentes de hechos que se ocultan en el ámbito más cercano y familiar. Será importante que se pidan, a manera de colaboración, todo tipo de material documental (fotos, vídeos) donde aparezca la víctima y/o escritos de ella. Asimismo, se sugiere que las personas a entrevistar no estén comprometidas en la causa. 
El interrogador o encuestador, además de la formación académica y clínica ya detallada, debe cumplir con un perfil determinado y determinante para este trabajo: debe tener una personalidad firme; inspirar confianza y respeto al interrogado, con un excelente grado de manejo de la tensión y emoción, tanto propia como del entrevistado, y mantener siempre dominio psíquico y físico (sobre todo gestual), al demostrar, en todo momento, objetividad; como cualidad primordial deberá poseer capacidad de observación y análisis. 
Respecto del lugar, la elección del sitio donde se realizarán las entrevistas es a criterio del perito investigador y dependerá de las posibilidades de la causa (su consultorio, en la fiscalía o juzgado, o en la casa de la víctima).
3) Investigación de todos los elementos personales: Aquí se incluye el análisis minucioso de la documentación personal: la obrante en el expediente; la que los allegados puedan acercar y la que se encuentre donde la víctima habitaba o realizaba sus actividades rutinarias. Además se debe solicitar a la autoridad de la investigación, otros documentos (resúmenes de historia clínica; prácticas médicas autorizadas por obra o seguro social; detalles de cuentas bancarias y de llamadas telefónicas; copias de contenidos de archivos de las computadoras personales, etc.). También será importante el estudio de otras pericias intervinientes que se hayan realizado en la causa, con lectura y análisis de datos aportados en el expediente y de ser posible, intercambiar criterios e hipótesis con los médicos legistas, criminalistas e investigadores policiales, que actuaron en la causa, de esta manera aumenta la eficacia de la técnica de AP, pues se enriquece el análisis científico de la víctima y de las circunstancias que rodearon a su muerte.
b) Segunda etapa: Análisis y categorización. El perito psicólogo procederá de la misma manera que como lo hace al analizar los tests de psico-diagnóstico, al procurar la clasificación y exploración de las recurrencias y convergencias de los indicadores encontrados: en esta etapa se realizará un cruzamiento de las respuestas dadas por los entrevistados junto a todos los índices recogidos en las escenas investigadas como ser, la documentación estudiada. Una vez recogidos todos los elementos necesarios para conformar una caracterización de la víctima, sería ideal que se realice una discusión colectiva, en la cual participen todos los peritos e investigadores policiales y se brinde un informe en términos de probabilidad, aunque no por ello sin rigor científico, pues se trata de una evaluación indirecta y de conclusiones inferenciales que cobran mayor valor al sumarse al resto de los elementos criminalísticos y médico-legales.
c) Tercera etapa: Conclusiones: El objetivo de la AP no deberá diferir de cualquier informe psicodiagnóstico, o sea que la investigación psicológica debe lograr una descripción profunda y completa de la personalidad, además es menester además explicar la dinámica del caso tal como aparece en el material recogido, al integrarlo en un cuadro total, aunque –además de la elaboración del perfil de personalidad de la víctima y la hipótesis diagnóstica– se deberá reflejar, de manera descriptiva, la psico-génesis conductual. García Pérez dice que puede especularse como muy arriesgado emitir criterios a partir de una valoración que es retrospectiva e indirecta, por eso el análisis será de características “probabilísticas”, que en la mayoría de los casos ofrece conclusiones también “probables”. Pero, por otro lado, la experiencia también enseña que existen casos en los que las conclusiones pueden brindarse con certeza, sin temor a errores. Se debe destacar que la metodología explicada debe ser estricta. La mera aplicación del protocolo MAPI o el estudio de los datos del expediente, no son suficientes para realizar una AP. En las conclusiones se debe realizar un análisis criminodinámico, secuencial y cronológico del hecho (antes, durante y después) con el objetivo de arribar a una reconstrucción hipotética del mismo. Para ello es necesario que el psicólogo que realiza la AP tenga experiencia en criminalística y trabaje junto a un equipo interdisciplinario. Es dentro de este equipo donde se deberá realizar la discusión de cada caso, y deberán participar todos los especialistas que integraron la investigación, pues ninguno tiene en su poder la verdad absoluta y que sólo del análisis colegiado saldrá la aproximación más certera a la verdad.
FUENTE: García Pérez, T., Pericia en Autopsia Psicológica, La Rocca, La Habana, 2007.


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