Jugar a matar: El asesino de rol (Parte 2 de 2)

Por Paz Velasco de la Fuente
3.- JAVIER ROSADO… ¿UN ESQUIZOFRENICO PARANOIDE, UN ASESINO CON TRASTORNO MULTIPLE DE LA PERSONALIDAD O  UN PSICOPATA SADICO?
¿Era (o es) Javier Rosado un esquizofrénico paranoide, sufría un trastorno disociativo de la identidad (conocido también como trastorno múltiple de la personalidad)- en ambos casos un enajenado mental no responsable de sus actos y por lo tanto inimputable jurídicamente - o  por el contrario era (o es) un psicópata sádico sin escrúpulos que había asesinado por saber lo que se sentía al matar?
Estas eran las tres opciones a las que se enfrentaba el tribunal de la sección 2ª de la Audiencia Provincial de Madrid, cuya presidenta era la magistrada Carmen Compaired, en el que fue llamado “juicio por el crimen del rol” que comenzó el 28 de Enero de 1997.
En el juicio se enfrentaban tres posturas diferentes:
1.- Por un lado dos pesos pesados de la psiquiatría española: José Antonio García Andrade y Carlos Fernández Junquito –el primero perito de la defensa y el segundo perito forense - defendieron que era un ESQUIZOFRENICO PARANOIDE, una persona que presentaba una alteración del pensamiento, que sufría alucinaciones auditivas o visuales, percepciones delirantes... y que no era, por tanto, responsable de sus actos. Un psicótico cuyo único destino sólo podía ser un hospital psiquiátrico, no un centro penitenciario al ser un sujeto inimputable  es decir no era responsable penalmente del ilícito cometido porque no estaba en condiciones de comprender sus acciones o las consecuencias de estas (art. 20.1 CP)
“Cuando analicé  el discurso de Javier sobre su juego, me di cuenta inmediatamente que encajaba dentro de los caracteres psicóticos: destemporalización, despersonalización y alucinaciones corporales, que se añaden al carácter delirante sonorizado de “hablar con el espejo”, y todo aquello extendido en el tiempo. Pero no se valoro suficientemente por parte de algunos peritos, los cuales se inclinaron por los rasgos psicopáticos sádicos, y no tomaron en cuenta las alucinaciones ni las ideas delirantes, muy plásticas en la identificación masiva de sus personajes, en un YO fragmentado”[1]
2.- Por otra parte, Juan José Carrasco, y Ramón Nuñez, director de la clínica médico-forense de Madrid, argumentaban que Rosado padecía un TRASTORNO DE IDENTIDAD DISOCIATIVO, por el cual el sujeto tiene, dentro de sí, dos o más personalidades que operan independientemente, dandose la presencia de dos o más identidades o estados de personalidad (cada una con un patrón propio y relativamente persistente de percepción, interacción y concepción del entorno y de sí mismo) por lo que tampoco sería imputable,
“Según nuestro juicio, Javier, cuando ocurrieron los hechos, se encontraba en un estado de disociación profunda, dividido. Si enajenado es el que está fuera de si mismo, ajeno a sí mismo, o el que tiene su mente cautiva, nos parece evidente que Javier es un enajenado. (...) Tiene su YO poco definido, tiene una no clara conciencia del mismo y además lo siente cambiante, dividido invadido y acosado por su ELLO. Padece un trastorno de su identidad, no tiene sentido de su identidad. La desestructuración psicológica que ello origina da el carácter a la enfermedad. En el trastorno disociativo que padece, es característico que una de las personalidades secundarias o subpersonalidades tomen el control del YO y el resultado sean conductas impuestas a la personalidad primaria y de las cuales posteriormente apenas quedan recuerdos”[2]
3.- Y por último, las psicólogas forenses Blanca Vázquez y Susana Esteban y el psiquiatra Luis Caballero –perito de la acusación particular -, mantenían que era un PSICOPATA SADICO, alguien que se deleitaba con el placer que proporciona el dolor ajeno y cuyo súmmum  era quitarle la vida personalmente a otro ser humano y contemplar cómo expira. Alguien que sabía que había cometido un grave delito y que, lejos de abrigar sentimientos de culpa alguno, quería repetir (en el diario que escribió dice que, si no les atrapan, la próxima vez le tocará a una chica, y lo harán mucho mejor...). En este caso, la cárcel debía ser su destino.
Según el informe de las psicólogas “posee una personalidad sádica que suele ponerse de manifiesto en conductas crueles, desconsideradas y agresivas dirigidas hacia los demás, siempre que estos sean subordinados o estén en un estatus inferior al sujeto. Javier difícilmente hubiera elegido a una víctima que fuera alguien más poderoso que él, que ocupara posiciones de autoridad frente a él. Es por esto por lo que el juego de rol inventado por él, RAZAS, consistía en exterminar aquellas etnias inferiores, formadas por personas débiles, mujeres, viejos, niños desgraciados o marginales.”[3]
En su informe concluyeron que la locura de Javier era un fraude, que estaba simulando los síntomas de un psicótico para librarse de la condena de prisión[4].
Para ellas el procesado “padece la típica personalidad del PSICOPATA PRIMARIO CON UN ALTO GRADO DE SADISMO. Según ambas, “en nuestra exploración le descubrimos en numerosas mentiras y contradicciones. El ha creado una teoría a la que denomina Genealogía del asco, por la que  determinadas  personas no merecen vivir. Ha inventado el juego más violento de rol que existe como una forma de racionalizar los impulsos agresivos que tenia”[5]
4.- JAVIER ROSADO: PSICOPATA PRIMARIO CON UN ALTO GRADO DE SADISMO
Las psicólogas adscritas a la clínica médico-forense de Madrid Blanca Vázquez y Susana Esteban fueron comisionadas por el juez del caso para que hicieran un estudio a fondo de la personalidad de Rosado, al que abordaron sin ideas preconcebidas.
Tras dos intensas sesiones de mañana y tarde, en el que le aplicaron –entre otros -, la escala de Hare[6], el test más preciso que se conoce hoy día para determinar si un sujeto padece este trastorno de la personalidad, y darse unos días para reflexionar, ambas llegaron a la conclusión, de que se encontraban ante un psicópata sádico, sin lugar a dudas.
Descartaron la esquizofrenia paranoide por qué no encontraron ninguno de los síntomas que se dan, y también el trastorno múltiple de personalidad.[7] Le consideraron un simulador muy inteligente. Su puesta en escena no encajaba con lo que suele ser la conducta habitual en este tipo de personas.
Las dos psicólogas fueron concluyentes: Tiene una personalidad psicopática y sádica.
La psicopatía es una anomalía psíquica, un trastorno antisocial de la personalidad, por la que, a pesar de la integridad de las funciones perceptivas y mentales, se halla patológicamente alterada la conducta social del individuo que la padece. La descripción de este sujeto se corresponde, por tanto con la personalidad del psicópata, consistente en características tales como la falta de sinceridad,  hablador, y superficial. Posee una grandiosa sensación de valía o autoestima personal, considerándose más inteligente que los demás. Necesita estimulación constante, dada su propensión al aburrimiento. Miente de forma patológica. Trata de engañar y manipular a los demás para provecho propio. No tiene sentimientos de culpa ni remordimientos por los efectos de su conducta sobre los otros. Su afecto es superficial. Es extremadamente egocéntrico, insensible y falto de empatía, irritable y con bajo autodominio. Además, en el caso de Javier Rosado tiene una personalidad sádica que suele ponerse de manifiesto en conductas crueles, desconsideradas y agresivas dirigidas hacia los demás, siempre que estos sean subordinados o estén en un estatus inferior al sujeto. Difícilmente su víctima será alguien más poderoso, que ocupe posiciones de autoridad ante él.
CONCLUSIONES
Teniendo en cuenta la definición de psicópata de Robert Hare así cómo la aplicación de los ítems de su escala PCL-R, junto a las características que describe D.T Lykken, y los criterios de diagnóstico del DSM-IV y el CIE-10 Javier Rosado en el momento de los hechos tenía un trastorno de la personalidad-psicopatía, manteniendo sus facultades volitivas e intelectivas intactas, de modo que era un sujeto imputable jurídicamente, con la suficiente capacidad volitiva para ser juzgado y condenado penalmente.
Hoy Javier Rosado está en libertad. ¿Se ha curado? ¿Ha servido su reclusión como medio de disuasión para futuros actos? No. Según Robert Hare[8] no existe procedimiento alguno para curar a un psicópata porque no hay nada que curar. Se trata un comportamiento con anomalías neurológicas y no hay pacientes que pidan ayuda ni que sufran. El problema lo tienen los demás, la sociedad que les rodea. Ellos están perfectos, y se sienten perfectos. Los psicópatas nunca podrán sentir empatía, ponerse en el lugar de otra persona, tener sentimientos hacia alguien o sentir remordimientos. Ni siquiera por los seres más próximos, padres, hermanos, pareja, hijos... Los psicópatas no tienen emociones, y no es posible enseñárselas.
Actualmente los psicópatas representan el 1% de la población general, y el 20-25% de la población penitenciaria.

Bibliografia
q  Crímenes, mentiras y confidencias. José Antonio García Andrade.Ediciones temas de hoy. 2001. Pág. 15 a 25.
q  Psicópatas criminales. Carlos Berbell y Salvador.
Ortega. La esfera de los libros S.L 2003. Pág. 297 a 312.
q  Así son así matan. Manuel Marlasca y Luis Rendueles.
Ediciones temas de hoy. 2002. Pág. 79 a 97.
q  Violencia y Psicopatía. Adrian Raine y José Sanmartín.
Editorial Ariel. 2000. Pág. 6 a 45.
q  Trastornos de la personalidad Kaplan Hi. Y Sadock Bj. En Kaplan HI y Sadock BJ eds. Psiquiatría clínica 2ª ed (edición española) Barcelona 1996. Pág. 187-201.
q  Artículo de Diario médico. Martes 16 de Noviembre de 1999.
Una predisposición biológica y el entorno moldean al psicópata.



[1] Informe de Garcìa-Andrade. Crímenes, mentiras y confidencias. José Antonio García Andrade. Ediciones temas de hoy. 2001. Página 19 y 20.
[2] Informe psiquiátrico de Javier Rosado, doctores Juan José Carrasco Gómez y Ramón Nuñez Parras. Psicópatas criminales. Carlos Berbell y Salvador Ortega. La esfera de los libros S.L 2003. Página 301 y 302.
[3] Fuente: Diario El Mundo, Lunes 2 de octubre de 1995.
[4] Una de las características del psicópata es que miente para eludir las consecuencias de un castigo. Javier Rosado, no solo es consciente de que ha cometido un asesinato, sino que además se siente orgulloso de ello, plasmándolo en unos folios, pero decide simular, y contar a quien quiera creerle, que tiene 43 personalidades diferentes, para parecer un psicótico, sabiendo que esto puede ser una causa de inimputabilidad para su atroz asesinato.
[5] Fuente: Diario el Mundo, Jueves 30 de enero de 1997.
[6] Escala de clasificación de la psicopatía. Anexo
[7] De todos los peritos, psiquiatras y psicólogos, Carrasco estaba especialmente interesado en que su tesis echara raíces en las mentes de los tres magistrados: Rosado hubiera sido el primer sujeto de la historia de la psiquiatría española con un trastorno de la personalidad múltiple reconocido por la justicia de nuestro país. Este trastorno rebautizado en el DSM-IV, como trastorno disociativo de la identidad, es muy “peliculero”. Fue reconocido como tal, hace muy poco, en 1.980. La persona que lo sufre puede llevar dentro de sí dos o más personalidades distintas que se manifiestan de forma espontánea, como si fuera una poseída. Cada personalidad puede tener una raza, una edad, género, o tipología diferente; es una afable señora mayor y en segundo se transforma en una prostituta malhablada y agresiva.

[8] http://www.abc.es/hemeroteca/historico-19-03-2007/abc/Sociedad/robert-hare-la-sociedad-no-puede-defenderse-de-los-psicopatas-son-ellos-los-que-hacen-las-reglas_1632059153239.html

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