Mi pequeño tirano

Por Fernando Qualytel

Si un niño marca las normas a los padres dentro del entorno familiar, podemos hablar de un caso conocido como Síndrome del Emperador. El niño ha asumido el rol de autoridad dentro de su núcleo familiar, marcando el día a día con un constante chantaje emocional que desestructura la convivencia.

Su inadecuado comportamiento se impone como sistema para conseguir cualquier voluntad del menor, sin respeto a ninguna norma. El no por respuesta es inaceptable para  un niño que tiene baja tolerancia a la frustración. Estos niños son firmes candidatos a convertirse en adolescentes problemáticos o delincuentes juveniles.


En nuestra sociedad conviven distintos modelos de educación. Unos con métodos más tradicionales, otros en los que los padres cambian el rol de padres, buscando convertirse en amigos de sus hijos. En otros casos, puede existir una falta de criterio para mantener un modelo educativo claro, que no termina de satisfacer a nadie.

Una educación sobreprotectora sobre algunos menores evitará que sufran incomodidades o frustraciones, solo en los primeros años de su vida. Si bien puede haber un prejuicio hacia un modelo tradicional educativo basado en la  disciplina, también es cierto que un “dejar hacer” en manos del menor, no es el mejor sistema por el que el futuro ciudadano aprenderá  normas de convivencia adecuadas.

 Más bien, el pequeño tirano dictará su propio código que tendremos que acatar nosotros. Los adultos son quienes deben marcar los límites y las normas de convivencia en el hogar. El cariño y la disciplina adecuada no contradicen una buena y feliz educación. 





No hay comentarios:

También te puede interesar