El síndrome de Estocolmo desde un aspecto psicológico. 2da parte.



Por Itzel Nafarrate Cuevas
El síndrome de Estocolmo es una enfermedad psicológica en la cual la víctima de un secuestro, o una persona retenida contra su voluntad, desarrolla una relación de complicidad, y de un fuerte vínculo afectivo, con quien la ha secuestrado. Se debe, principalmente, a que malinterpretan la ausencia de violencia contra su persona como un acto de humanidad por parte del secuestrador. Según datos de la Federal Bureau of Investigation (FBI), alrededor del 27 % de las víctimas de 4700 secuestros y asedios recogidos en su base de datos experimentan esta reacción.

Aunque cada persona reacciona de manera singular al ser secuestrada, normalmente los rehenes manifiestan un conjunto de actitudes comunes. Se dice que es una respuesta emocional que puede exteriorizar el secuestrado o plagiado a raíz de la vulnerabilidad y extrema indefensión que produce el cautiverio. Sería entonces un mecanismo de defensa inconsciente del secuestrado.
La policía debe considerar desde el principio que este síndrome está latente no sólo en la persona privada de su libertad, sino en los mismos familiares. Ante esta problemática se debe tomar con mucha cautela la información que proporciona el secuestrado. En experiencias anteriores se ha visto que falsean datos con tal de que nunca se logre aprehender al responsable, por existir un sentido de gratitud al haberle respetado la vida.
El síndrome de Estocolmo presenta varios elementos que deben conocerse. Entre los más importantes están los siguientes:
1. Sentimientos positivos de la víctima hacia el sujeto (los rehenes empiezan a sentir simpatía por sus secuestradores).
2. Sentimientos negativos de los secuestrados hacia las autoridades (los rehenes sienten antipatía hacia las autoridades).
3. Sentimientos positivos del sujeto hacia la víctima (los secuestradores empiezan a sentir simpatía por sus rehenes).
No es necesario que estén presentes las tres reacciones, y aunque no ocurran en el mismo grado en todos los rehenes, se debe asumir que se desarrollará por lo menos una porción del síndrome, a menos que el rehén haya estado aislado o haya sido maltratado por sus captores. El síndrome tiene aspectos positivos y negativos desde el punto de vista de la negociación. El aspecto positivo es que mientras más fuerte es el síndrome, menos son las probabilidades de que el secuestrador asesine a sus rehenes. Si se ha desarrollado la tercera etapa del síndrome y el secuestrador siente simpatía hacia sus cautivos, se le hará más difícil matar a uno de ellos. Esto permite al negociador tener un mayor margen de acción en el proceso de la liberación e, incluso, se puede recuperar a la víctima sin pagar el rescate.
Entre los aspectos negativos del síndrome de Estocolmo están los siguientes:
1.No se puede confiar en la información suministrada por los secuestrados o víctimas. Es común la mentira para proteger a los delincuentes.
2.Es posible que las víctimas, por inadvertencia o a propósito, den una descripción errónea de las armas que tiene el secuestrador; se les haga difícil describir el físico del delincuente y, generalmente, llegan a actuar como sus defensores. Sienten antipatía por la autoridad.
3.El síndrome puede obstaculizar los planes de rescate del plagiado. Es factible que los rehenes tomen acciones contrarias a las órdenes de la policía durante un operativo de rescate, lo que ha causado la muerte a algunas víctimas, quienes no obedecieron a la policía y se levantaron cuando ésta dio órdenes de mantenerse en el suelo, pues se disponía a disparar. También se han documentado incidentes de rehenes liberados, quienes después de ser interrogados por la policía cruzaron las barricadas y regresaron al lugar donde estaban secuestrados.
4.Hay ocasiones en las cuales no desarrollan el síndrome de Estocolmo por razones de aislamiento o maltrato; es viable que en esos casos los rehenes exageren las intenciones expresadas por los secuestradores, sus actuaciones o las armas que éstos utilizan.
Posteriormente esos rehenes dijeron que deseaban que la policía creyera que el secuestrador era lo más peligroso posible, con la esperanza de que lo mataran. Es posible de inmediato determinar si existió maltrato físico, ya que se aprecia suciedad en la ropa, lesiones o signos de vejación. Por lo anterior se deben verificar las interacciones entre víctima y victimario; así como la interacción sujeto-víctima y el síndrome de Estocolmo:
1.Una interacción positiva, produce el síndrome de Estocolmo.
2.Una interacción negativa, no lo produce.
3.Ninguna interacción, no produce relación alguna.
4.Una interacción negativa seguida de una interacción positiva puede producir el síndrome de Estocolmo.
5.Una interacción positiva seguida de una interacción negativa superará frecuentemente el síndrome.
También existen explicaciones comunes del síndrome de Estocolmo.
1.Transferencia positiva.
2.Identificación.
3.Identificación con el agresor.
4.Regresión.
5.Frustración y preocupación compartidas.
Los especialistas de la materia (principalmente psicólogos) indican que este síndrome debe ser valorado por las autoridades, quienes deben asegurarse que la información que proporciona la víctima sea verdadera y no errónea, ya que el secuestrado experimenta una especie de gratitud hacía el secuestrador, sentimiento que le impide guardarle rencor. Por ello, es importante que la información que proporcione el secuestrado sea corroborada. Como se mencionó, puede ser que mienta para tratar de proteger a sus captores, dificultando la investigación y haciendo que se disipe tiempo valioso, que origina la pérdida de evidencias. El síndrome puede presentarse en cuestión de horas, de ahí que el tratamiento debe ser efectuado de manera cuidadosa.
El síndrome de Estocolmo es una respuesta psicológica en el que la víctima de secuestro, o persona detenida contra su propia voluntad, desarrolla una relación de “complicidad” con su secuestrador. En ocasiones, los prisioneros pueden acabar ayudando a los captores a alcanzar sus fines o a evadir la justicia.


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