El rastro de una tradición machista



Por Fernando Qualytel

La violencia de género de nuestros días es fruto de la herencia  que entrecruza en  las distintas sociedades, características propias de sociedades liberales, que propugnan la libertad y la autonomía del individuo, con estereotipos y caracteres propios de las sociedades patriarcales,  que han dado permisividad a cierto grado de violencia contra las mujeres.
Esta violencia tiene su origen en las pautas culturales, que perpetúan la condición inferior que se asigna a las mujeres en la familia, en el trabajo y en la sociedad.
Encontramos múltiples manifestaciones de este tipo de violencia, dejando su huella en todas  las áreas vitales en las que la mujer ha querido desarrollar su personalidad: la imagen publicitaria  de la mujer como objeto sexual, la complacencia  en el hogar como deber de la mujer o la sumisión en las relaciones personales, son el rastro de una tradición machista.
 Es necesario reconocer que la violencia contra las mujeres es una manifestación de las desiguales relaciones de poder entre el hombre y la mujer, y que los hombres han abusado de ésta para violar los derechos humanos de las mujeres y
En las conclusiones de la cumbre internacional de Pekín en 1995, se establece que, la violencia contra las mujeres es una manifestación de las relaciones de poder históricamente desiguales entre mujeres y hombres, que ha conducido a la dominación masculina, a la discriminación contra las mujeres por parte de los hombres, y a impedir su propio desarrollo personal y laboral en la sociedad.



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