Documentología (Parte 2 de 3)


Por Osvaldo A. Cuello Videla

Examen de las tintas
Se establece su color, tonalidad, la posible existencia de tintas de seguridad y el origen del solvente.
En el mundo moderno la experiencia y las investigaciones científicas enseñan objetivamente cuales son las variaciones que la escritura puede sufrir por razón de los elementos usados para su confección. Entre estos merece especial importancia la tinta, cuya utilidad está al servicio del trazado de letras y dibujos sobre el papel, y que por su resistencia y permanencia da testimonio de lo escrito. En todo tiempo, los hombres se han preocupado por buscar las combinaciones, composiciones y mezclas más adecuadas para su preparación, y señalar al mismo tiempo sus coloridos, intensidades, grados de oxidación, fijación e indelebilidad, etcétera, a fin de conocer con más facilidad los fraudes, correcciones, borrones y otras anomalías que ocurren a menudo a consecuencia de su constante uso o empleo.

Las tintas de nuez de agallas y de hierro, las de extractos tánicos, las de hulla, las de anilina, las de glicerina y de azúcar, las de encinas, las de sulfatos ferrosos o férricos, etcétera, suponían en otro tiempo la necesidad de llevarlas al laboratorio para distinguirlas y fijarles su alcance y colorido, como también para averiguar sus sustituciones y reactivos para establecer otras modalidades. El perito, en consecuencia tuvo que apelar a la ayuda del químico, si es que quería obtener resultados completos. Hoy, cuando la química despierta en un nuevo mundo y transforma no solo Las cosas sino también las ideas mismas, su contribución en el campo de las investigaciones policiacas adquiere un prestigio y un valor incalculable; por eso, el perito moderno debe recurrir también, sin vacilaciones ni temores, al servicio que dicha ciencia presta en sus laboratorios y puestos de ensayo y, sobre todo, cuando se trata de analizar tintas hechas a base de distintos ácidos y sustancias colorantes.
Las condiciones que debe presentar una tinta para ser buena –dice Guareschi- son numerosas. En primer lugar su color debe ser intenso, ser fluidas y conservarse sin alteración, resistiendo en cuanto sea posible a los agentes atmosféricos.
Hay tintas que difícilmente emanan de la pluma por exceso de densidad, principalmente cuando se les mezcla goma, y hay otras demasiado sucias y pesadas, hechas en masa, que presentan muchos inconvenientes para la escritura, y también existen preparados poco resistentes, sobre todo los hechos con sustancias vegetales, que pierden su coloración y su eficacia para los trazados y cuyo uso debiera evitarse a toda costa.
Por nuestra parte, anotamos que deben desecharse las tintas que por su acidez afectan las plumas de acero y las que, en razón a la transformación de las sales ferrosas o férricas, son muy propensas a la oxidación.
Los libros sobre tintas abundan en fórmulas. Todas ellas presentan inconvenientes y ofrecen ventajas. Hay tintas muy finas que se secan con mucha dificultad, posiblemente por la presencia de azúcares, glucosas, etcétera. Ya vemos como los papeles carbón y las tintas usadas para los mimeógrafos, así como las de imprenta, deben llevar alguna sustancia higroscópica que impida una evaporación rápida a fin de que los colorantes no se sequen inmediatamente. Las tintas para escribir deben llenar todos los requisitos indispensables, con mira a que su perduración sea más segura, toda vez que si ellas quedan sometidas a ser borradas por obra del tiempo o de otros agentes, ninguna eficacia presentarían desde el punto de vista de la conservación y permanencia de los escritos y los documentos realizados con su ayuda o mediante su uso.
El índice de resistencia de las tintas debe ser elevado para que por medio de reactivos y otras composiciones químicas no sea fácil borrarlas ni tampoco someterlas al sencillo o cruel efecto de la acción mecánica del borrador, del raspado, etcétera. De otra manera, la falsificación, adulteración y sustitución de firmas y manuscritos tendría cabida sin obstáculo alguno y se presentarían para un cumulo de injusticias, engaños y delitos. Aquí estriba la principal critica que los expositores han hecho a las tintas de origen orgánico, que son muy propensas a la descomposición, porque pese a que penetran fácilmente en el papel son de poca firmeza y escasa estabilidad, lo cual no sucede con las hechas a base de polvo fino de carbón, que cobran por ello mas dureza y persistencia.
El perito debe estudiar, mirando a lo dicho, la intensidad y fluidez de las tintas, consistencia, viscosidad, grado de penetración, solubilidad y colorido. Esta labor debe relatarse y exponer de una manera bastante detallada para que los jueces e investigadores encuentren apoyo practico y fundamento dentro de la propia realidad de los hechos producidos.
En la clasificación de la intensidad y colorido de las tintas, el examen debe partir del termino medio o, mejor dicho, de un tipo que sirva de punto de relación para el cotejo. Como en el orden de las cosas existen múltiples relaciones, es muy difícil adoptar un sistema general de tinta-tipo o de estándar; nos limitaremos a decir que para dicha base debe tenerse presente una tinta negra, de intensidad normal, no muy subida, pero tampoco muy débil; todo con el fin de que el perito, en sus dictámenes, pueda calificar de distintos tonos dentro de la graduación de muy intensos, intensos, normales, débiles, muy débiles e ilegibles. Con todo, en la determinación de matices y coloridos no puede desatenderse la diversidad de tonos verdes, azules, rojos, morados, etcétera, que ofrecen variadas especies de tintas existentes en el mercado y que cada industria, en su afán competitivo, prepara para el consumo.
En el estudio de los colores se pasa fácilmente del negro al gris oscuro, y de este al gris medio, para después invadir
al claro hasta llegar, por ley de sucesión, al blanco, fenómeno que se debe al impresión sensorial que van despertando los cambios de tintas casi imperceptiblemente. Por eso el experto debe ejercitar su ojo observador a fin de que las sensaciones cromáticas le lleguen con su valor bien definido y exacto en cada caso; se necesita, en consecuencia, una buena capacidad perceptiva que permita hallar aun las más mínimas discrepancias entre los matices más cercanos contemplados en la escala de tonos y coloridos. Hay colores casi semejantes que, al ser comparados con detenimiento, ofrecen serias diferencias. Muchas veces el mismo examen de las manchas creadas en un escrito o documento, por la acción del borrador o del raspado, indica la similitud entre sombras y el color esencial del papel, y para buscar su claridad y definir con exactitud su alcance resulta necesario observar de manera cuidadosa cada uno de los detalles.
Así pues, cuando se habla del color es preciso atender sus propiedades fundamentales: tono, claridad y saturación. La sensación visual ayuda a establecer estas características, siempre y cuando se tenga en cuenta la ley del contraste simultaneo, en virtud del cual la condición fisiológica en que esta la visión para mirar el color de un objeto no es pura ni integra, ya que esta influida por sus colores de los objetos vecinos, en razón a que el área de visión esta invadida simultáneamente por distintas clases de coloridos. En consecuencia, hay que evitar interferencias y apartar, en cuanto sea posible, el efecto de una luz o de un color que compliquen o tiendan a desorientar y confundir el examen y verificación exacta de la intensidad de los trazados hechos por medio de la tinta o del lápiz, no sea que por ese influjo traiga como consecuencia inmediata el aumento de la tonalidad de un color o se disminuya su claridad o que, por ley de proximidad, el acto sensorial de una coloración despierta sufra alteraciones en su alcance y en sus efectos.
Los defectos por la visión del color, muy principalmente la cromastenia común, o dificultad en que se hallan aun los sujetos normales por falta de experimentación para distinguir el tono de los colores y diferenciar exactamente su claridad y poder. Otro de los defectos es la acromatopsia, o ceguera para el color. Son anomalías que impiden el ejercicio de una prueba o de una observación bien detallada, pues el experimentador entra al plano de la visión cambiada o anormal sin que logre contrarrestar los inconvenientes de orden físico, como el contraste, y sin que consiga adaptarse a la verdad del objeto que examina.
Un buen dictamen debe aspirar, por lo consiguiente, a que se alejen de él todos los defectos e ilusiones de los sentidos. Los errores del juicio, las fantasías de la imaginación, y a que se mantengan las conclusiones sin desvíos y sin asomos de contradicción y de insuficiencia.
Por otro lado cabe anotar que hay tintas que cambian su colorido inicial entre los tres y diez días siguientes a su uso, lo cual quiere decir que su intensidad no logra estabilizarse sino mediante la acción del tiempo y del medio físico que la rodea. En una experiencia y en un cotejo relativos a este fenómeno, debe expresarse claramente el efecto proveniente del hecho indicado.
La pluma comprueba la fluidez de las tintas: hay tintas que emanan normalmente de aquellas, y hay otras que, por su constitución grasa, no caen ni obran sino mediante una fuerte presión. Finalmente, existen algunas que, por su natulareza muy acuosa, fluyen con precipitación. Parece que con la fluidez anda acompañado el factor referente a la densidad o al peso de la tinta, cuyo valor debe ser mayor que el del agua, si es que se pretende un buen grado de flujo o emanación. Por falta de este requisito conseguimos, a menudo, que las tintas se rieguen en el papel y que obliguen la mayoría de las veces al retintamiento, resultando este fenómeno no por obra y gracia de la labor de la falsificación, del calca, etcétera, sino más bien como un efecto torpe aunque natural.
Igualmente, aquí se estudia la duración de las tintas, su conservación y su consistencia, grado de penetración, viscosidad, etcétera. Se conocen tintas que se borran fácilmente, como si se les desprendiera poco a poco el tono que las anima; en cambio, las hay que, aun por medio de los disolventes mas eficaces, conservan su tonalidad y su valor.
La práctica señal, como índice de poco consistencia, los sedimentos y las placas formadas en algunas tintas, circunstancias que son fáciles de comprobar llegado el caso.
El factor concerniente al grado de penetración de las tintas tiene en su contenido un gran interés, ya que de él depende el alcance de muchas enmiendas, emborronaduras, raspados, falsificaciones, superposiciones, uso de ácidos, etcétera. El grado de penetración de una tinta está en relación directa con el encolado del papel, pero todo depende esencialmente de los ácidos que la constituyen. A medida que es mayor también la naturaleza ácida, mayor es la penetración y más honda es la zona abierta por la tinta en el papel, mientras menor o más reducida es la capa de encolado.
Pudiéramos resumir lo que se refiere a la viscosidad y a la seguridad de las tintas diciendo que, si estas son pegajosas, blandas y húmedas, dichos factores arrojarían una escritura defectuosa y vulgar, restándole de esta manera fijeza al colorido y al trazado y estética al dibujo o al manuscrito.
Hay que agregar, además, que la tinta no funciona sola, ya que por su finalidad esta destinada a ser recibida en el papel. Los papeles para escribir cartas, contratos, cheques, etcétera, tienen un grado normal de encolado, que dejan que las tintas penetren en ellos casi insensiblemente. Sin embargo, primitivamente el papel usado par a tales efectos adolecía del exceso de encolado que permitía la facilidad de borrar lo escrito en razón de su muy escasa penetración, o de la deficiencia del mismo, que propiciaba el hecho de que la tinta penetrara exageradamente, rompiendo las fibras y regándose el color con detrimento muchas veces de la superficie escrita. Previendo esto se ideo la formación de una tinta que, aparte de reunir los requisitos anunciados anteriormente contuviera alguna sustancia que afectara o atacara en algo el papel, sin dejar huellas muy profundas, pero en todo caso bien definidas. El ácido clorhídrico, por ejemplo, que tiene la ventaja o cualidad de permitir la penetración del carbón en la tinta china hasta un punto ligero, pero en todo caso suficiente para mantener una fijación bien definida del color de la tinta a través del papel. El procedimiento data de tiempos remotos y fue adoptado, según se sabe por la Societe de Encouragement, de París.
Por esta razón interesa saber igualmente la calidad del papel porque, según su constitución, será mayor o menor el efecto de los reactivos o medios usados para borrar lo escrito. No basta, pues, que la tinta pueda hacerse desaparecer fácilmente, sino que es necesario que el falsificador, al hacer caer el reactivo sobre el papel, sepa que con él no se alteran la fibra, el color y el encolado.
Entre las tintas mas usuales en la actualidad, se encuentran la agallotánica (a base de ácido tánico extraído de las nueces), la crómica (que se extrae del palo de Campeche), y la de anilina. Existen además, las tintas de colores, la tinta china, la tinta de la India y otras como la de vanadio y la de volframina.
Una de las más usadas actualmente es la tinta para “bolígrafo”, que no es en realidad una tinta en el sentido químico; sin embargo, en esta clase de “tinta” es factible usar, con el objeto de identificarla y analizarla, el examen bajo rayos ultravioleta o bien recurriendo a la lampara de Wood, pudiendo utilizar de igual manera los rayos infrarrojos.
Antigüedad de las tintas
Mucho se hablado de la edad de las tintas y la investigación sobre la antigüedad de lo escrito, por lo que no vamos a sostener una polémica que no nos conducirá a ninguna parte, solamente mencionaremos los distintos métodos usados, y el último descubrimiento por los investigadores de la Organización Internacional de Policía Criminal.
Por principio de cuentas, debemos distinguir previamente entre dos clases de edades, la llamada “edad absoluta ”y la “edad relativa”, siendo la primera la que corresponde a una tinta desde su fabricación, y la segunda es la antigüedad de una tinta con respecto a otra, pues como sabemos, una tinta puede tener un proceso natural de envejecimiento dentro del frasco en el que se envasa y, por consecuencia, aun cuando determinados la edad, esta no puede estar acorde con el documento en cuestión, tomando en cuenta, además del proceso que sufre con la exposición a la luz, aire, o sea factor ambiental, humedad, etcétera, lo que nos indica que esto es solo un factor teórico.
Por esta razón, conocer la edad absoluta de una tinta solo nos llevara a errores, para ello existen varios métodos señalados, pero por las razones expuestas, creo que no nos interesaran en el presente estudio.
Sobre la investigación de la edad relativa, los ingenieros químicos y tratadistas forenses contemporaneos: Eleazar Navarro y Felix Navarro, de nacionalidad mexicana; han desarrollado la estandarización de un método cromatográfico, fundamentado en la asignatura de transferencia de masas, mismo que aporta una técnica de aplicación práctica y metódica para la determinación de la aludida “edad relativa”, quienes dedujeron que para el estudio del proceso de datación documental, se debe estudiar la tinta cuando ha sido plasmada sobre la superficie de un soporte de papel comercial; una vez ahí, el trazo realizado comienza la cinética de envejecimiento, que inicia con un proceso de secado con respecto al tiempo, debido a la perdida por evaporación y desprendimiento de los solventes volátiles, que deriva en la degradación de los colorantes y un endurecimiento por oxido-reducción de las resinas de cohesión molecular, con base en la polimerización de las mismas. La cuantía remanente del conjunto de solventes, deja un residuo que se volatiliza lentamente, pudiendo ser detectado al transcurso de los años, sin embargo la cantidad contenida de éste en un trazo, únicamente puede ser utilizado para su datación si es monitoreado y/o generado algún valor, mismo que es una variable independiente de la cantidad de muestra extraída (masa) y formulación de la tinta dentro de la investigación.
En la actualidad se puede obtener un momento preciso en el tiempo, para el envejecimiento natural de una determinada tinta plasmada sobre un soporte de papel comercial, basado en las curvas estándar de calibración artificial, fundamentadas éstas en la concentración másica de los solventes en función del tiempo, con resultados de ajuste en la extrapolación matemática del modelo.
Por otro lado, se encuentra el método de Metzger, Rall y Hess, al que se le denomino “Proceso de ionización”, ya que se basa en la difusión iónica, y se debe a la investigación sobre las propiedades de los ácidos clorhídrico y sulfúrico contenidos en las tintas, libres de difundirse sobre el papel.
Marc Payot, en su escrito titulado “Determinación de la edad de las tintas según los métodos de Metzeg, Rall y Hess”, en la Revue Internationale de Criminalistique, 1936, pag. 495, nos dice que estos elaboraron unas tablas de difusión que citamos a continuación:
Primera difusión de los cloruros
• Unos días: comienza la difusión.
• Una semana: los bordes de los trazos comienzan a perder nitidez.
• Un mes: la imagen del trazo aparece en el reverso del papel.
• Dos meses: trazos muy visibles al dorso, donde ofrecen doble anchura que en el anverso.
• Cuatro meses: presentan triple anchura.
• Seis a ocho meses: los trazos parecen muy extendidos, ofreciendo mayor intensidad en los bordes que en el centro.
• Un año: difusión completa. Se observan manchas extendidas por las regiones inmediatas a aquellas en que se encontraba el trazo, que aparece en blanco al revelar los cloruros.
Segunda difusión de los sulfatos

Es más lenta que la de los cloruros y casi no se puede comprobar hasta pasado un año. Se produce aproximadamente de la misma manera que la de los cloruros, con una equivalencia de un año por mes. Se calcula que habrá terminado al cabo de doce años. 

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