Toxicología: envenenadores de la historia


Por Lucía Bort Lorenzo

Muchos asesinos a lo largo de los años han utilizado diferentes venenos para acabar con sus víctimas. Aquí se comentarán algunos de los principales casos:

Catherine Deshayes, conocida como “La Voisin”, nació en Francia en 1640. Inició su trabajo de curandera tras la ruina de la joyería de su marido. Ésta leía el futuro a través de los rasgos faciales y de las manos. Su fama fue creciendo sobre todo entre la nobleza francesa, al ver que sus métodos funcionaban, pero éstos poco a poco fueron derivando en una práctica diferente, y empezaron a desaparecer aquellos hombres que amargaban la vida de sus clientas. Catherine Deshayes fue detenida junto a su hija, quien también estaba implicada, y fue quemada viva el 22 de Febrero de 1680.


George Henry Lamson era un médico estadounidense que vivía en Inglaterra. En 1881 preparó un pastel, ayudado por su hermana, que contenía acónito y que iba destinado a su cuñado Percy John, para así cobrar su herencia. Percy murió, pero Lamson cometió un error, creía que el acónito era indetectable en el cuerpo humano, hecho que lo llevó a la horca, ya que los avances científicos en toxicología habían descubierto que se podía detectar.

Giulia Toffana fue una proveedora italiana de veneno (“Aqua Tofana”) a mujeres que querían asesinar a sus maridos. Fue detenida por la policía papal y, bajo tortura, confesó haber acabado con la vida de más de 600 hombre entre 1633 y 1651. Fue condenada a muerte y ejecutada mediante estrangulamiento, pero antes reveló el nombré de sus cómplices y de las personas que habían comprado el veneno.

Francisca Ballesteros (1969, Valencia), “la Envenenadora de Melilla”, es una mujer española que fue condenada por el envenenamiento de su esposo e hijos, entre 1990 y 2004, con carbimida, zolpidem y otros sedantes. Primero falleció su primera hija, en 1990, con seis meses de vida, hecho que no fue descubierto hasta su detención. En 2003 murió su marido y en 2004 sus otros dos hijos. Francisca, durante el juicio, no mostró ningún signo de arrepentimiento ni culpa por los asesinatos.



Por último, se mencionará a Joan Vila Dilmé, también conocido como el celador de Olot o el “Ángel de la Muerte”. Joan Vila confesó haber asesinado a 11 ancianos con sobredosis de insulina y mezclas de diversos medicamentos, probablemente barbitúricos, entre agosto de 2009 y octubre de 2010. Éste trabajó durante cinco años en La Caritat como cuidador de ancianos, y en este tiempo mató, según sus palabras, a personas desvalidas que confiaban en él. Decía que, viendo las condiciones en las que vivían, las había ayudado a morir, hecho que contradice con el método con el que mató a tres de ellos: abrasándolos por dentro haciéndoles ingerir líquidos tóxicos. Estos asesinatos estuvieron a punto de pasar inadvertidos, hasta que Joan Vila le dio de beber a una mujer de 85 años, Paquita Gironés, un desincrustante ácido, y la mujer, agónica, fue traslada al hospital, donde descubrieron que tenía quemadas las vías respiratorias. 

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