Radiación peligrosa


Por Fernando Alser Qualytel

Los nuevos televisores incorporaron nuevas prestaciones y consumos mínimos de un kilowatio la hora en posición de espera. Pero ya llevan muchos años consumiendo los minutos de vida de varias generaciones. Los  sistemas  de sonido multidireccional, pantallas y otros dispositivos  de alta tecnología, recrean la sensación de formar parte de esa ficción  para un espectador pasivo.


Los medios de comunicación tienen un alto componente de entretenimiento dirigido a todos los públicos. Algunos contenidos  están regulados con mayor o menor acierto por las mismas emisoras. Se presupone que los menores tienen acceso  a la televisión en determinadas franjas horarias infantiles. Y existen dispositivos de control parental, tanto para televisión como para internet.

Pero es cierto que cualquier espectador, está expuesto a visionar contenidos inapropiados, en cualquier franja horaria, donde se dan situaciones de conflicto resueltas de manera inadecuada o  simple violencia gratuita. No importa si se trata de una familia de economía desfavorecida, o una familia donde se tienen cubiertas las necesidades básicas de alimento y techo. La televisión y la realidad virtual  llegan  por igual a todas las capas sociales. 

Pequeños y mayores  están expuestos de manera continua a la influencia de un agente socializador, que les invita a asimilar y repetir comportamientos a través de ficciones más o menos elaboradas, donde no siempre prima la calidad del contenido en menoscabo de su audiencia.

Existen niños y adultos que desarrollan  su personalidad  en función de distorsiones cognitivas  y estereotipos aprehendidos en distintos medios de comunicación. Tratan de imitar unos modelos repetidos en cientos de programas de entretenimiento. Esto dificulta en personas no formadas, la capacidad de distinguir claramente la realidad de la ficción.

Desaparecido el espacio real para el juego y el entretenimiento, el espacio virtual de pantalla fácil entretiene y educa el comportamiento de todos los públicos. Especialmente el de aquel público infantil y juvenil, que sin otra respuesta a su tiempo de ocio, está expuesto a la visión de un mundo competitivo y violento. Algo  perjudicial tanto  para jóvenes como para adultos.

La agresividad innata del ser humano queda reforzada en estos  modelos  de ficción, donde los valores resaltados  carecen de empatía, habilidades sociales adecuadas y un control real de las emociones. Nada tiene de extraño que al adquirir de forma temprana el comportamiento inadecuado de algunos adultos, los  niños del presente acorten su infancia.


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