Las ventanas rotas


A principios de los 80, James Wilson y George Kelling, dos investigadores concienciados por la importancia de la prevención criminal, publicaron un curioso artículo en la revista americana The Atlantic Monthly, cuyo título era “Broken windows: The police and the neighborhood safety”.

En Criminología se conoce como “la teoría de las ventanas rotas”, y su contenido principal es que para mantener la seguridad en un barrio, las patrullas policiales no son una respuesta para todo; si una de las ventanas de un edificio está rota y se deja así por mucho tiempo, pronto habrá más ventanas rotas. Esto se debe a que visualmente, esa ventana rota envía un mensaje de dejadez, de falta de cuidado, y en definitiva, un “aquí no nos preocupamos mucho por estas cosas”, mensaje involuntario que fomenta el vandalismo e incluso hace que algunas personas que nunca se han planteado romper una ventana, lo hagan.

Los destrozos pueden expandirse como una infección, por lo que puede haber una rápida transición entre la rotura de ventanas de edificios no habitados, con pocos vecinos o con poca actividad, a la ocupación y mal uso de sus instalaciones, lo que en muchas ocasiones ha provocado incendios en fábricas abandonadas, vandalismo en propiedades privadas, robos en viviendas o garajes, etc.

Lo mismo sucede cuando las instalaciones de un barrio están deterioradas (marquesinas de autobús dañadas, farolas que no funcionan, grafitis...) y tardan mucho en arreglarse; los daños se siguen produciendo e incluso se incrementan.

Un ejemplo que por desgracia nos toca vivir a menudo a los habitantes de las grandes ciudades, y que confirma totalmente la difusión de comportamientos incívicos que expone la teoría de las ventanas rotas, son las huelgas de basura.

Cuando hay una de estas huelgas y los encargados de la limpieza de las calles no pasan por los barrios de la ciudad en semanas, uno puede observar comportamientos que, lejos de ser algo habitual, están por encima de la media del incivísmo: al haber mucha basura en las calles, parece que no importa si hay un poco más, por lo que muchas personas aprovechan para tirar colchones viejos, muebles que ya no quieren, o para deshacerse de los restos de una obra (puertas, lavabos, azulejos y hasta escombros).

Más allá de lo que esta teoría puede suponer para la prevención criminal, cabe preguntarse si los criminólogos también tenemos las ventanas rotas... ¿Incitan el desasosiego y la inactividad de unos a que otros tiren la toalla? ¿Nos contagiamos la negatividad?

Al igual que la teoría de las ventanas rotas funciona “para mal”, es necesario saber que también puede funcionar en beneficio de las personas: cuando una ciudad está muy limpia, sus habitantes tienen más reparos a la hora de tirar desperdicios al suelo, de la misma manera que les puede dar más vergüenza hablar a voz en grito en un lugar donde todo el mundo está en silencio o hace esfuerzos por hablar en voz baja.

Y no sólo eso, sino que un barrio cuidado y limpio vuelve a sus vecinos más orgullosos de él, lo que hace que lo aprecien más y reprendan más fácilmente los comportamientos inapropiados o dañinos; a esto se le conoce como “espacio defendible”.

Entonces, ¿podemos también los criminólogos beneficiarnos con la teoría de las ventanas rotas?

La respuesta es sí, pero evidentemente, conlleva un esfuerzo.

Si de verdad amamos nuestra profesión, si estamos orgullosos de ser criminólogos y nada nos gustaría más que ver un día salidas profesionales para esta disciplina en nuestro país, arreglemos nuestras ventanas rotas.

Hagamos publicaciones, realicemos investigaciones (¡aunque sean pequeñas!), leamos, sigamos estudiando, conozcamos a otros criminólogos (¡vivos o muertos!), involucrémonos con otros profesionales o asociaciones, recojamos firmas, presionemos a nuestros dirigentes para que nos atiendan, ¡gritemos para que todos sepan que estamos aquí!

Si todos damos ejemplo, otras personas sabrán que poco puede ser mucho, que la actividad llama a la actividad y que cualquiera puede arreglar sus ventanas; por solo que se encuentre, por pocos recursos que tenga, o por mucho que le duela ver a la Criminología en este estado.
Arreglemos las ventanas rotas y no permitamos que nadie las vuelva a romper.

¿Cómo sería su ventana ideal? ¿Tendría un marco pintado, flores, cristales relucientes o un toldo? Imagine lo que quiera, pero trate de que su Criminología, la que presenta a los demás, esté a la altura.


¡Así es como quiero que sean mis ventanas!

No hay comentarios:

También te puede interesar