La sociedad de los cristales rotos


Por Fernando Qualytel

Nada justifica el empleo de la violencia para la resolución de un conflicto.

La teoría de las ventanas rotas fue elaborada por James Wilson y George Kelling. En la práctica suponía que una vez se comienzan a desobedecer las leyes que ordenan la sociedad, está empieza a desmoronarse y las conductas antisociales aumentan progresivamente. Nuestra sociedad estaba basada en un modelo de bienestar social que ahora se ha desmoronado.


Se ha desatado  los instintos individualistas y el estado  ha perdido  fuerza para redistribuir la riqueza entre sus ciudadanos.  La competencia del estado ha mermado y se hace necesario justificar esto con una nueva legislación  y restringiendo en la medida de los posibles  voces críticas y voluntades distintas.

Las circunstancias de las empresas han cambiado, y la opinión pública tiene suficiente información como para hacerle pensar que unas manos cada vez menos  invisibles, son  las causantes de todos los males.

Con muchas ventanas en el tránsito de esta crisis económica, parece como si fuera interesante mantener un cierto caos, que sostiene una determinada política.  Como si  nadie se ocupara  de reparar los desperfectos o ayudar a las víctimas. Unas veces deshauciadas, otras veces empujadas al suicidio.

Existe  una insistencia en plantear  la ineficiencia de las empresas públicas, que antes han sido rescatadas por el estado, cuando siendo privadas estaban en quiebra. Y las que ahora son rentables pasan al sector privado. Se exalta el papel de los inversores privados y se reduce o facilita los trámites administrativos para  fomentar la producción de ganancias de las empresas.

Esto que puede llamarse neoliberalismo  es un auténtico negocio, donde el que más tiene consigue más recursos. Y solo  el capitalista puede hacer funcionar el sistema.

Pero no es justo ni cierto  que los más capacitados  para la competencia  económica, sean los únicos que tengan el derecho de tener todas las oportunidades de triunfar y sobrevivir, manteniendo el control sobre los recursos creadores de riqueza.  Siempre los ricos cada vez estarán en mejores condiciones para competir y crear riqueza. Los pobres solo serán más pobres.

En estos últimos años, las ganancias de todo tipo de empresas han aumentado con la promesa futura de contrataciones para los trabajadores,  que se adivinan en condiciones cada vez más precarias. Paralelamente ha aumentado espectacularmente el número de pobres, que incluso trabajando no tienen dinero para adquirir una vivienda ni para pagar un alquiler.

Hay un alarmante aumento de penuria que ha generado multitud de acciones solidarias hacia las capas sociales empobrecidas, carentes de recursos e incluso de ayudas públicas.  Una ayuda prestada por el ciudadano hacia otros ciudadanos, allí donde el estado ya no quiere alcanzar.

Tras unos años de  aparente resignación social  ante la crisis económica , los ciudadanos parecen tomar cada vez más conciencia, y participan en una respuesta contra las políticas asfixiantes que estrellan al ciudadano excluido  contra esta triste realidad.

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