La Meteorocriminología: El efecto Foehn. Parte 2 ¿Existe una relación entre la meteorología y la agresividad?


Carla Pérez Portalés

El efecto Foehn tiene una mayor explicación si atendemos a un hecho: El ser humano es una máquina bioeléctrica polarizada sensible a cualquier actividad electromagnética del entorno. El aire está compuesto por átomos, formados por un núcleo de protones, de carga positiva, y un revestimiento de electrones, de carga negativa, además de neutrones. Existe un equilibrio entre la relación de la existencia de éstos, tendiendo a que haya un igual número. No obstante, los electrones son muy volátiles y se puede llegar a romper ese equilibrio, formando átomos con carga positiva, negativa y neutra (el estado ideal). Estas cargas en la atmósfera se encuentran, generalmente, a razón de cinco iones positivos, constituidos parcialmente por dióxido de carbono (CO2), por cuatro negativos, formados por, en parte, oxígeno (O2).

Los iones negativos tienen un efecto tónico y beneficioso, producen sensación de bienestar, disminuyen la presión arterial, aceleran la cicatrización de heridas y mejoran la ventilación pulmonar. Al contrario de este hecho, los iones positivos generan efectos apáticodeprimentes y alteran el sistema nervioso, asociándose a cefaleas, dolor de garganta, aumento de la presión arterial, síndrome de agitación psicomotriz, irritabilidad, disminución de la atención, excitación nerviosa y, muy especialmente, aumento de la agresividad. Es por eso que hoy en día se utilizan ionizadores del aire para mejorar el rendimiento laboral y en el tratamiento de determinados trastornos (ansiedad, asma, hipertensión…).

Son numerosos los estudios que vienen referidos a esto. El Dr. F. Sulman, de la Unidad de Bioclimatología de la Universidad Hebrea de Jerusalén, especialista en la investigación de meteoropatías relacionadas con el viento, realizó un estudio sobre las patologías producidas por los vientos secos y cálidos del desierto, dando como resultado que estas personas meteorosensibles presentaban hasta el 1000% de incremento de serotonina, con un incremento también de la producción de histamina y adrenalina. Los resultados de este estudio son contundentes: el equilibrio de los iones es CRÍTICO para el bienestar emocional y físico de las personas.

Por su parte, en 1974 el investigador William Zung demostró que los episodios de viento Foehn en la cordillera de los Alpes se encuentran relacionados estadísticamente con el aumento de la agresividad social y la tasa de suicidios, mientras que Larcan realizó un estudio sobre 700 casos de tentativas de suicidios, demostrando una correlación existente entre el fenómeno suicida y el viento Foehn, así como una relación entre el mismo fenómeno y la aparición o agravamiento de neurosis y crisis esquizofrénicas. La cantidad de estudios bajo la misma perspectiva es asombrosa.

El fenómeno es de tal importancia que en algunos países, como por ejemplo Suiza, el efecto Foehn es considerado un atenuante por la legislación penal en el caso de la comisión de determinados delitos. Por sorprendente que parezca, somos conscientes de este fenómeno desde la Antigüedad, donde los tribunales de varios países de Medio Oriente admitían también circunstancia atenuante en crímenes y agresiones cometidos cuando soplaba el viento sur Hamsin. Hasta la Biblia hace mención a este hecho, donde se justifica un supuesto comportamiento innoble del Rey Salomón por el azote del Hamsin.

Ejemplos de este tipo de vientos ionizados son el Foehn, típico de los Alpes, Chinook en las Montañas Rocosas de Estados Unidos, Zonda en Argentina, Puelche en los Andes, Austru en Rumania, Barredor del cielo en Mallorca, Siroco, del desierto del Sahara y llega al mediterráneo pasando por Italia e Islas Canarias, el Mistral en el sur de Francia, la Tramontana, el Cierzo, los Bitter Winds, desde Arizona del Norte hasta Méjico, conocidos por la tradición local india como causantes de trastornos mentales a personas sensibles a la “enfermedad del viento”, entre un largo etcétera de muchos otros vientos.

En definitiva, dado que el calentamiento global es un hecho, y que, a medida que pasen los años las temperaturas continuarán aumentando, junto con la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera, compuesto por iones positivos, es preocupante la situación en la que nos encontramos y los pronósticos que existen. El viento, al fin y al cabo, solo es un elemento más del clima, pero como fenómeno meteorológico requiere nuestra especial atención, y es que a lo largo de todo el siglo XX ya se ha podido documentar con numerosos estudios que SÍ existe una relación entre las conductas humanas y la meteorología, siendo las corrientes iónicas las causantes del agravamiento o aparición de muchos síntomas y trastornos psíquicos.

Poder estimar cuál será el impacto que tendrá en nuestra salud en los años venideros, no solo teniéndonos que preocupar ya por nosotros mismos, sino por la mismísima madre naturaleza que nos rodea y a la que estamos destruyendo a poco a poco, es una aventura a lo desconocido. Tendremos que vivir en una constante aclimatación, tanto de comportamiento como fisiológica, como de las infraestructuras que nos rodean, porque está claro que la situación cada vez irá a peor, y es ahí donde reside la importancia de aumentar aún más los estudios sobre estos temas, y donde el criminólogo ha de ejercer un papel importante, o mejor dicho, el meteorocriminólogo, pudiendo así avisar a la población cuando se avecinen fenómenos Foehn y, a su vez, elaborando programas de prevención para las denominadas personas metereosensibles. Y es que sino al paso que vamos tendremos que tener miedo hasta del propio viento.

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