La Memoria de los Testigos


Wakinaki PL Cádiz

En el ámbito de la Psicología, cuando nos referimos a la “Memoria de testigos”, hablamos de un conjunto de conocimientos, estudios e investigaciones basados en los datos que tenemos de la memoria humana, que tratan de establecer y sis­tematizar la calidad que tienen los testimonios de las personas que han sido testi­gos presenciales o protagonistas de delitos, accidentes...

El principal enigma objeto de debate en este asunto es saber hasta qué punto el testimonio dado por una persona es exacto. En el mundo jurídi­co, el testimonio es muy importante porque, a veces, sólo tenemos eso. Además, existe la posibilidad de aplicar la ley a personas que den falso testimonio (según Código Penal).

“El testimonio es un elemento esencial en el mundo jurídico”. Un testigo puede recordar algunas características físicas de un ladrón pero, ¿es posible, tras el paso del tiempo, que el testimonio de un niño que sufrió abusos deshonestos a los 3 años pueda emitir una opinión fiable 2 años después?; un testigo de un acontecimiento violento, ¿qué fiabilidad y exactitud tiene su tes­timonio, teniendo en cuenta las circunstancias extraordinariamente excepcionales?: ¿puede recordar los detalles del tipo de arma cuando le asaltaron si las condicio­nes son rápidas en el tiempo, con poca visibilidad y un tremendo estrés?. Los estados emocionales tienen una gran influencia en los recuerdos.

La memoria de testigos trata de conocer hasta qué punto el testimonio es fiable ya que existe una creencia relativamente generalizada que parece argumentar que una persona testigo de un robo, pelea, agresión…etc. puede describir los hechos con seguridad, con unos detalles más que suficientes. Sin embargo, los estudios de la memoria y de nuestro día a día demuestran que no todo el mundo tiene esa capacidad de memoria y que ésta nos juega malas pasadas.

Hay personas que tienen capacidad selectiva de procesar la información (memoria selectiva) y ante situaciones excep­cionales el testigo no lo recuerda todo con la precisión que quisiéramos. Así lo demuestra un estudio realizado en el que el 85% de las víctimas de agresiones, robos, etc., no recuerdan más de 7 u 8 características del agresor.

Hay dos tipos de errores que se observan en los testigos:

1.     Errores por Omisión, donde el individuo no es capaz de recordar determinados datos (la velocidad a la que iba el coche; señal de tráfico, color del semáforo...).

2.     Errores por Comisión, donde se añade información inexistente a los hechos que se están tratando, con el fin de completar los olvidos que hay. Generalmente, estos errores por comisión son involuntarios, son conse­cuencia del procedimiento de interrogatorio. El interrogado va añadiendo datos con idea de agradar al interrogador.


Otra tendencia de nuestra memoria es reelaborar nuestros recuerdos, en los que se añade información. Es imposible tener recuerdos por debajo de los 4 años, puesto que para ello, hacen falta mecanismos bioquímicos y estructuras neuronales que todavía no se han desarrollado a esa edad.

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