DELINCUENTES. ¿QUIÉNES SON? (TERCERA PARTE DE TRES)


Por Osvaldo A. Cuello Videla

Más recientemente en 1966 el profesor Megargee, realizó en relación a los tipos de personalidad delictiva una nueva clasifica de los delincuentes violentos encuadrándolos en dos categorías: a) Los sobrecontrolados y b) Los subcontrolados. Y afirma que según este modelo se producirían actos violentos cuando la instigación a la violencia, mediatizada por la rabia, excede el nivel de control de los sentimientos o impulsos agresivos del individuo.

Corresponden a los sobrecontrolados una personalidad con rígidos controles de la agresión, son sujetos que rara vez agreden física o verbalmente, incluso ante provocaciones serias, pero su agresión se va construyendo y llenando de resentimiento hasta que explota por cualquier razón en un hecho de gran violencia y una vez liberada dicha tensión el sujeto pude volver a su estado normal de control y tranquilidad. Pueden ser diagnosticados como individuos con personalidad no psicopática y sin embargo pueden ser delincuentes que cometan agresiones u homicidios muy severos con gran daño a sus víctimas. En tanto los Subcontrolados serían individuos con mayor probabilidad de ser identificados como psicópatas y con inhibiciones débiles para cometer de manera habitual actos violentos de menor entidad, incluso ante pequeñas provocaciones y ocasionalmente convertirse en homicidas.

En 1971, el profesor R. Blackburn en un trabajo denominado “La psicología de la conducta criminal”, amplió las categorías elaboradas por Megargee y distingue cuatro criterios clasificatorios que expresó como: a) Los represores sobrecontrolados (que tienen un alto grado de control de sus impulsos, bajos niveles de hostilidad, ansiedad y no presentan síntomas psiquiátricos); b) Los sobrecontrolados depresivos-inhibidos (aquellos con signos de extraversión y hostilidad interna, bajos niveles de impulsividad y altos niveles de depresión); c) Los subcontrolados psicópatas (con deficiente control de la impulsividad, extraversión, hostilidad interna y pocos síntomas psiquiátricos) y c) Los subcontrolados paranoicos-agresivos (quienes tienen alta agresividad y pocos controles de los impulsos, con síntomas psiquiátricos en especial psicosis).

Sin dudas diagnosticar los niveles de peligrosidad de los delincuentes es hoy en día una labor que comprende varias facetas de la conducta delictiva, a considerar no solo por psicólogos y psiquiatras forenses, puesto que definir el término en sí mismo conlleva una serie de consideraciones de diverso índole, incluso legal.

Por tanto la Criminología encuentra en los diversos criterios clasificatorios distintos puntos de vista según las variables que se evalúen para el estudio de la conducta delictiva. A pesar de ello, podríamos afirmar que el delincuente no actúa predeterminado solamente por sus rasgos individuales, sino que su universo está constituido por un conjunto de aspectos que hacen difícil estimar su peligrosidad y adaptabilidad social.

Sobre todo influyen en estas características las condiciones del medio del que procede y al cual el sujeto se integra, los cuales pueden facilitar su conducta agresiva y potenciar sus deseos delictivos. Pobreza, marginalidad, familias desintegradas, el grupo de pares, etc., pueden constituirse en aspectos que deben considerarse seriamente al momento de intentar o evaluar una clasificación y predicción de la conducta delictiva, dado que el sujeto es por naturaleza un ser social que se integra a ese medio que lo estimula hacia un comportamiento determinado.

David Farrington, profesor de psicología de la delincuencia en el Instituto de Criminología de Cambridge, Inglaterra, aseguraba que los factores de riesgo incluyen, entre otros, al grado de tendencia antisocial, la decisión de cometer un delito y la influencia de los amigos que determinaban el inicio, persistencia o desistimiento de la delincuencia.

A este respecto, Travis Hirschi sociólogo y criminólogo estadounidense encuentra en los vínculos sociales la génesis de la conducta delictiva y en aquellos sujetos que no cuentan con vínculos afectivos, familiares o sociales arraigados las probabilidades de conductas desviadas son mayores. Por lo tanto, las oportunidades con que cuente para satisfacer sus necesidades de manera lícita serán un factor influyente en su posterior conducta y la carencia de ellos, potenciadores de la actividad delictiva y antisocial.

Esto nos da la pauta que las clasificaciones de cualquier tipo que consideren sólo aspectos personales del delincuente, pueden tener poco efecto predictivo de la conducta si se deja de lado la consideración del medio en el cual el individuo realiza sus actividades sociales y rutinarias.

La conducta criminal, se nos presenta frente a este panorama aún como un misterio, a causa de la pluralidad de emociones inconscientes que contribuyen a su gestación y la multiplicidad de factores externos que influyen en ella. La personalidad criminal es compleja y arbitrariamente el derecho ha tendido a hacerlo ver como una empresa fácil y muchas veces los tribunales no exigen necesariamente que se descubra alguna motivación o cómo es la constitución psicológica del acusado; quizás porque generalmente existe una relativa indiferencia del derecho sobre ello; remitiéndose, al considerar la condena, al hecho puntual en función del tipo penal aplicable.

Cierto que para Lombroso la antropología criminal constituía la historia natural del hombre delincuente, y en nuestros días se dice que la Criminología es la historia biológica, completa del hombre delincuente; cierto también que la conducta antisocial es lo que convierte a este hombre en objeto de la Criminología, pero la Criminología tiene una profunda preocupación etiológica: le interesa precisar los factores o causas de estas conductas para conocerlas, comprenderlas, explicarlas y prevenirlas. Se hace Criminología cuando se indaga en los factores individuales del titular de las conductas antisociales, cuando se analizan los factores somáticos, fisiológicos y psicológicos que nos conducen al conocimiento del hombre, pero por otra parte, interesa el estudio del medio y la indagación de los factores sociales de las conductas criminales, que también son objeto de esta ciencia.

Bibliografía:
  • BERNALDO DE QUIROS, Constancio. “La clasificación de los Delincuentes”. Biblioteca Jurídica Virtual del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM. www.juridicas.unam.mx
  • BRUNO, Antonio H y POGGUI, Víctor L. “Nuevo Criterio Clasificativo de los Delincuentes”. Revista Penal y Penitenciaria. Años XXVI –XXVII. Nros. 99-106. (Pág. 63-102) Ministerio de Educación y Justicia. Argentina 1962.
  • GARRIDO, Vicente, STANGELANDO, Per y REDONDO, Santiago. “Principios de Criminología” 2da. Edición. Tirand Lo Blanch. Valencia, España 2001.
  • MEGARGEE, E.  “Undercontrolled and overcontrolled personality types in extreme anti-social agresión”. Psychological Monographs. 1966. 80, 3.
  • ORTIZ TALLO, Margarita, FIERRO, Alfredo, BLANCA, María J. CARDENAL, Violeta y SANCHEZ, Luis, M. “Factores de personalidad y delitos violentos” Psicothema 2006. Vol. 18, nº 3, (Pág. 459-464) España 2006.

PRIMERA PARTE:

SEGUNDA PARTE:



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