DELINCUENTES. ¿QUIÉNES SON? (SEGUNDA PARTE DE TRES)


Por Osvaldo A. Cuello Videla

El psicoanálisis también hace su aporte en un sentido etiológico, mediante la descripción de las condiciones psicológicas que presenta el nacimiento de la acción criminal y cuenta con autores como Alexander y Staub, quienes se basan en el grado de partición del “YO”.  En esta corriente se distinguen a) La Criminalidad Crónica: que corresponden a las acciones de individuos criminalmente afectados, es decir sujetos proclives a la delincuencia por la estructura de su aparato anímico y b) Criminalidad Accidental, que comprende a los hombres no criminales.

Entre los primeros tenemos a los criminales neuróticos cuya conducta representa el punto de escape del conflicto psíquico entre las partes sociales y asociales de su personalidad, que nace de influencias anímicas que tienen lugar durante la primera infancia. El criminal normal, cuya estructura anímica es semejante al hombre normal pero identificado por la educación con modelos criminales (Etiología sociológica) y por último los criminales a causa de procesos patológicos orgánicos por causas tóxicas o procesos orgánicos patológicos (Etiología biológica).

En el segundo grupo (la criminalidad accidental) podemos distinguir los delitos por equivocación (culpa o negligencia) y los delitos de situación; aquellos cometidos en situaciones especiales cuyo choque afectivo provoca en el sujeto una reacción criminal (Por ejemplo el empleado infiel que apremiado económicamente por enfermedad de su esposa sustrae dinero de su empresa).

En la Argentina el doctor F. Capelli, en 1949 sostiene su teoría que se funda en que es necesaria una clasificación etiológica del delito y el delincuente ya que conociéndose esta es posible establecer el tratamiento correcto; y los clasifica en a) Delincuentes por factores psicopatológicos; b) Delincuentes por factores orgánicos y c) Delincuentes por factores sociales.

Por su parte José Ingenieros afirmaba que “La psicopatología criminal nos muestra ciertos tipos en quienes la desadaptación delictuosa de la conducta es el resultado de perturbaciones predominantes en alguna de las funciones psíquicas fundamentales...”

Desarrolla una Clasificación Psicopatológica de los Delincuentes” que se funda en que la conducta criminal es el resultado natural de la desadaptación y de perturbaciones predominantes en alguna de las funciones psíquicas fundamentales. Ellos constituyen los tipos puros, delincuentes por anomalías morales, por anomalías intelectuales y anomalías de la voluntad, la cual admite también tipos combinados de éstas.

Ingenieros describe a los Delincuentes por anomalías Morales: como aquellos que son incapaces de imitar la moral social y adaptar su conducta a las normas usuales de una vida honesta, en quienes no pueden arraigar los sentimientos básicos de piedad y probidad y por tanto viven sin moral. Los amorales congénitos (Estos se corresponden con los que caracterizó Lombroso como delincuentes natos) están desde su nacimiento predestinados a no adaptarse a la moral del medio, aunque constituyen la excepción en la población criminal comparados con sujetos cuyo “sentido moral” mediocre e inestable ha declinado paulatinamente según las influencias de factores externos. Los de carácter amoral adquirido, en cambio, poseen una personalidad social pero las circunstancias nocivas los conducen al mal vivir y su conducta se aparta de la moralidad vigente. Los accidentales serán aquellos que su conducta es habitualmente honesta, pero sufren una perturbación transitoria del sentido moral. Incluye esto a los delincuentes degenerados y poco reformables.

Los Delincuentes por anomalías Intelectuales: Poseen sensaciones mal interpretadas, perturbaciones de la imaginación, juicios inexactos, razonamientos ilógicos, incoherencia y una disociación de los elementos constitutivos de la personalidad conciente. Según su origen y evolución, las anomalías pueden implicar una mayor o menor temibilidad. Engloba esta categoría a aquellos que presentan una afección mental congénita de origen constitucional, deficiencias intelectuales que impiden al individuo la adaptación de la conducta a una personalidad social. En el caso de los que presentan alteraciones adquiridas son delincuentes de degeneración mediana, con predominio de causas adquiridas sobe las congénitas, más o menos susceptibles de reformas y en unos como en otros se debe tener en cuenta su peligrosidad y condiciones que faciliten la rehabilitación para devolverlo al seno social.

Ingenieros también considera a los Delincuentes por anomalías Volitivas: Donde incluye a los impulsivos, los cuales no poseen desde su infancia elementos moderadores de sus impulsos y emociones, como ocurre con los epilépticos. Causas adquiridas durante la vida pueden producir en algunos la pérdida del dominio de sus propios actos. Delincuentes que están ligeramente desadaptados a la vida social por razones ocasionales o factores externos, fácilmente reformables y poco peligrosos.

Ingenieros completa el cuadro de psicopatologías criminales con la categoría de los Delincuentes por anomalías Psíquicas Combinadas: Presentan anormalidades afectivas, intelectuales o volitivas. El delincuente nato las presenta generalmente en sus funciones volitivas e intelectuales. El delirante homicida tiene afectada por lo general la voluntad y los sentimientos. Las anomalías morales e intelectuales concurren en los pasionales y en los degenerados hereditarios, por ejemplo.

Más recientemente, en un trabajo publicado por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) el Dr. Constancio Bernaldo de Quirós decía “...Lo mismo que no hay dos personas iguales dactiloscópicamente vistas, tampoco hay dos delincuentes que se repitan enteramente, pues si son muchos los datos que median en el signo dactilar individual, no son menos los que intervienen en la completa caracterización de un sujeto, sobre todo desde el punto de vista moral...”

El autor hace una referencia a las tres clasificaciones iniciales (según su opinión) de Lombroso, Ferri y Garófalo, y dice luego que de éstas surgieron otras más complicadas y obscuras a través de conceptos difíciles. Sugiere una clasificación que abarque y sintetice a la de aquellos autores, y refiere a las siguientes clases de delincuentes: a) Los psicópatas; b) los criminales y c) los criminaloides. Afirma que los primeros son los enfermos mentales, permanentes o transitorios, y que incumbe a la Psiquiatría “la descomposición y enumeración de esta clase en la que dominan la epilepsia y la esquizofrenia...”

Lo desafortunado de esta clasificación es que desde el punto de vista clínico psiquiátrico y desde la psicología es sabido que la psicopatía no es una enfermedad mental, sino un trastorno de la personalidad, y que por eso mismo los psicópatas “no son enfermos mentales”.

A pesar de ello Bernaldo de Quirós tiene tazón en cuanto a que no hay dos personas iguales, eso ya lo había establecido Bertillón en sus estudios de identidad humana, pero la referencia es válida en cuanto a que pretender una clasificación que englobe a “todos los delincuentes” sería de hecho imposible. Sin dudas, las variables delictivas que imponen los tipos penales hacen de por sí ya a una clasificación penal de los delincuentes: Así tendríamos por ejemplo a los ladrones, los homicidas, los violadores, los estafadores, etc., y nadie desconoce que a cada delito, corresponde (generalmente) un tipo de personalidad distinta.

Pero si por un momento intentáramos hacer una analogía con la medicina bien podría cualquier médico asegurarnos que “no hay dos enfermos iguales” aunque de hecho se pueden clasificar, y según el criterio que seleccionemos bien podríamos decir que hay enfermos curables y enfermos incurables, es decir, trasladándonos a los criminales podríamos clasificarlos como recuperables o no. Por su parte la Criminología, como decíamos al principio se interesa en dos aspectos: La prevención y la predicción y respecto a ésta última es donde algunos autores ponen el acento entre delincuentes que puedan o no volver a la vida social y en éste orden de cosas (donde prima  el interés común) es cuando las clasificaciones adquieren un innegable valor práctico.

Así por ejemplo en un trabajo publicado en la Revista Penal y Penitenciaria de la Dirección Nacional de Institutos Penales de 1962, los Dres. Antonio Horacio Bruno y Víctor Luis Poggi (médicos legales), ponderaban el nuevo criterio de clasificación tipo “Pronóstico” contenido en la Ley Penitenciaria.

Los autores afirman que este tipo de clasificación es el producto de “...una interrelación entre el aspecto puramente criminológico y las posibilidades de una adaptación al régimen penitenciario y una adaptación a la vida social en un futuro...”, clasificando al interno según su adaptabilidad en:  

a) Fácilmente adaptable;
b) Adaptable y
c) Difícilmente adaptable.

Sostienen además que para llegar al pronóstico deben haberse cumplido todos los pasos previos para concluir en estas consideraciones y que dicho concepto incluye no solo la faz de adaptabilidad social, sino que permite establecer el tipo de tratamiento adecuado que corresponde a la personalidad del sujeto según las posibilidades de adaptarse a las normas de convivencia social.

No obstante, agregan a la clasificación impuesta por la ley, su propia experiencia, determinando así subclasificaciones según la tendencia determinada en los estudios de personalidad, quedando su clasificación definitiva organizada de la siguiente manera:

a) Fácilmente adaptables;
b) Adaptables con tendencia a fácilmente adaptables;
c) Adaptables;
d) Adaptables con tendencia a difícilmente adaptables;
e) Difícilmente adaptables con tendencia a adaptables y
f) Difícilmente adaptables.

Lo interesante del estudio realizado por estos autores argentinos, radica en que se hace hincapié en la condición que haga posible la labor pericial tendiente a establecer un pronóstico de proyección social del sujeto según su potencial de readaptación a la vida en comunidad y por ende constituye una clasificación eminentemente práctica tanto desde el punto de vista criminológico, penitenciario y médico legal.

Las clasificaciones de todo tipo continuaron su evolución en el tiempo, siguiendo algún procedimiento lógico, teórico o estadístico, afirma  Santiago Redondo, (citado por Garrido, Redondo y Stangeland en su obra Principios de Criminología), seleccionando uno o varios factores como criterio diferenciador y finalmente, agrupando a los individuos dentro de las categorías formadas, dependiendo el éxito de ellas de haber escogido el criterio idóneo, amén que las diferencias entre ellos no sean excluyentes y aparezcan correlacionadas, siendo posible identificar grupos  más o menos homogéneos.

CONTINUARÁ...

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