TRASTORNO EXPLOSIVO INTERMITENTE



Por LUCÍA BORT LORENZO

El Trastorno Explosivo Intermitente es un tipo de Trastorno de Control de los Impulsos que se caracteriza por la aparición de episodios aislados en los que el individuo no puede controlar los impulsos agresivos, dando lugar a violencia o a destrucción de la propiedad.

El grado de agresividad expresada durante el episodio es desproporcionado con respecto a la provocación o a la intensidad del estresante psicosocial que precipita la conducta.

El diagnóstico se establece sólo después de que hayan sido descartados otros trastornos mentales relacionados con episodios de comportamiento agresivo, como el trastorno psicótico, trastorno antisocial de personalidad…etc.

Los episodios agresivos no son debidos a los efectos fisiológicos directos de una sustancia, como las drogas, o de una enfermedad médica, como un traumatismo craneal, ya que La persona puede describir los episodios agresivos como “ataques” en los que el comportamiento explosivo va precedido por una sensación de tensión o activación interior y va seguido inmediatamente de una sensación de liberación. Posteriormente, el individuo puede sentirse arrepentido o avergonzado por su comportamiento.

Es frecuente que los pacientes con episodios aislados de violencia muestren signos de disfunción cerebral leve e inespecífica, en forma de anormalidades de electroencefalograma (EEG) o elevado porcentaje de signos neurológicos menores, así como frecuentes antecedentes de traumatismos cerebrales perinatales, encefalitis, epilepsia, trastorno por hiperactividad y déficit de atención o dificultades de aprendizaje en la infancia. 

Entre los hallazgos neuroquímicos asociados a esta patología destacan la disminución de la actividad de la MAO plaquetaria, o la reducción en los niveles del líquido cefalorraquídeo del 5-HIIA.

Además de estos factores orgánicos, la importancia del aprendizaje de la violencia en edades tempranas parece evidente dada la elevada incidencia de ambientes familiares desestructurados referida por estos pacientes, con historias familiares de malos tratos, amenazas…etc.

Suele iniciarse en la adolescencia, aunque es habitual que en la historia clínica se recojan antecedentes de episodios violentos en la infancia, de menores consecuencias y mejor tolerados por el medio.

La mayoría de los pacientes con este diagnóstico son hombres (casi el 80 %), y es frecuente la presencia de dependencia del alcohol, así como una historia prolongada de inestabilidad emocional y en las relaciones interpersonales, frecuentes pérdidas de empleo y conductas ilegales.

Si se realiza un adecuado diagnóstico, el trastorno explosivo intermitente es una patología poco frecuente. No se debe confundir el diagnóstico de este trastorno con un fenómeno conductual muy frecuente, como es la violencia.

Es un trastorno bastante raro y la mayoría de la información de la que disponemos nos orienta sobre el tratamiento de la conducta agresiva, pero no del tratamiento del trastorno explosivo intermitente en sí.

El manejo de un paciente con conducta agresiva episódica es, en consecuencia, complicado e implica la evaluación y la mejora en la medida de lo posible de múltiples factores, que incluyen la personalidad o temperamento, aspectos neuroquímicos, neuroendocrinos, estrés y condiciones sociales, lo que a nivel terapéutico suele conllevar el uso combinado de fármacos y psicoterapia.

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