NO SABIA LO QUE HACIA

 Por  Fernando Alser Qualytel

La enajenación mental es uno de los casos que excluye la imputabilidad. El artículo 20.1 del código penal español dice que: “El que al tiempo de cometer la infracción penal, a causa de cualquier anomalía o alteración psíquica, no pueda comprender la ilicitud del hecho o actuar conforme a esa comprensión”.

 La enajenación mental existe cuando el sujeto que en el momento de cometer el delito o falta, por causa de cualquier anomalía o alteración psíquica, no puede comprender lo ilícito de su acción. El Derecho penal exige del autor del delito que entienda, que tenga intención y propósito  de cometer el delito y que su voluntad no esté mermada. Cualquier supuesto de perturbación de esa voluntad debe diferenciarse entre el diagnóstico de una auténtica enfermedad mental o  una simple disfunción de órganos o funciones concretas del delincuente, en cuyo caso no puede hablarse penalmente de responsabilidad penal disminuida o anulada.

El trastorno mental transitorio no presenta la misma transcendencia en el campo jurídico que desde el punto de vista psiquiátrico. Una experiencia intensa puede provocar en el sujeto una reacción que el psiquiatra puede calificar de trastorno mental. Pero debe quedar probado que se ha anulado la voluntad del sujeto totalmente para estimar la eximente penal. El trastorno mental transitorio se diferencia de la enajenación por la brevedad de su duración temporal, que debe anular la capacidad  y voluntad del sujeto con la misma intensidad requerida para los casos de inimputabilidad por enajenación.

El código penal español exige que dicho  trastorno no sea buscado con el propósito de delinquir, pues no  eximirá de pena al sujeto cuando tal estado hubiera sido provocado por el delincuente con el propósito de cometer el delito, teniendo previsto la comisión de cualquier tipo de delito.

Esto ocurre en algunos casos de violencia de género. Donde el victimario pretendiendo una imagen correcta, considera de poca importancia la violencia ejercida hacia la mujer, pues es la mujer quién le provoca y se hace merecedora de ese trato. Un hábil manipulador este victimario, que excusa su comportamiento violento en el consumo de alcohol y drogas, o en un supuesto de enajenación mental.
                     



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