La Meteorocriminología: El efecto Foehn. Parte 1: ¿Existe una relación entre la meteorología y la agresividad?


Por Carla Pérez Portalés

¿Qué sucedería si una de las razones por la que se genera la agresividad, entre muchos otros síntomas, fuera una razón completamente externa y ajena a nuestro control? ¿Qué sucedería si quedara demostrado que, en efecto, la naturaleza infiere en nuestro cuerpo de una manera inimaginable e inofensiva, a través del viento? Es sabido desde hace miles de años que el tiempo es capaz de influir en nuestro estado anímico así como en nuestro comportamiento, pero es que, además, actualmente se estima que gran parte de la población es vulnerable a los cambios bruscos de presión atmosférica, a los cambios de temperatura y hasta a los cambios de humedad. Estas personas son conocidas como meteorosensibles. 

La meteorosensibilidad constituye una realidad biológica explicada a través de las leyes de la electrofisiología y de la psicoquímica. Cuando las condiciones atmosféricas se distancian de los umbrales climáticos normales, los cambios del tiempo a los que nos sometemos por estar inmersos dentro de la atmósfera nos trastornan en mayor o menor medida. Debido a su vez de que estamos inmersos en una sobre-climatización, sobretodo en los ambientes urbanos, cualquier variación que difiera del umbral de normalidad nos puede llegar a producir un trastorno psicológico no deseado.

El efecto Foehn es un singular fenómeno meteorológico que surge de un tipo de viento característico de la región de los Alpes y que alcanza hasta los 150 km/hora debido a la geografía que presentan las cordilleras tan altas de la región, así como diferentes cordilleras de alrededor del mundo, incluidas cordilleras españolas.

La teoría termodinámica nos explica que cuando un viento templado y húmedo sopla contra una cordillera alta, se ve forzado a ascender de una manera rápida para superar el obstáculo (por la ladera de barlovento), haciendo que se enfríe a razón de casi 1ºC por cada 100 metros de ascensión. El vapor de agua se condensa generando abundantes precipitaciones a la vez que va perdiendo humedad y temperatura mientras continua ascendiendo. Al llegar a lo alto de la cordillera, desciende de manera vertiginosa en forma de viento seco, frío y comprimido (por la ladera de sotavento), a la vez que se ve calentando y deshidratando en el descenso de la alta cordillera y parece salir a borbotones de la misma montaña. El viento que llega al valle eleva bruscamente la temperatura hasta 10ºC en unas horas y hasta 15º y 20ºC en unos días. El carácter turbulento del viento viene condicionado por las características orográficas del terreno, siendo más acusado en los valles estrechos, profundos e intrincados.

También conocidos bajo el nombre de vientos de las brujas o vientos de la locura, esta clase de vientos alteran física y psíquicamente a las personas meteorosensibles de manera inimaginable, ya que durante los días que dura este fenómeno meteorológico se produce un aumento de las enfermedades meteorotrópicas, así como se llegan a dar casos de grados de violencia extrema, como la violación, mayor cantidad de homicidios, e, incluso, de suicidios. Fred Soyka expone lo siguiente:
  • Una corta exposición a esta clase de vientos produce, en un principio, efectos beneficiosos para las personas expuestas, tales como hiperactividad, sensación de euforia y ansiedad.
  • Una larga exposición a esta clase de vientos produce, varias horas después, efectos nocivos para las personas expuestas como insomnio, dolores de cabeza, agotamiento psicofísico, depresión crónica y, especialmente, conductas agresivas y violentas.



El artículo continuará en la Parte 2.

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