La diferencia entre un accidente y su posibilidad


Por Victoriano Flores


La visión subjetiva

La conducción de un vehículo, además de los conocimientos teóricos y prácticos, requiere ciertas aptitudes psicofísicas. Digamos que son las condiciones físicas y clínicas exigidas por los Centros de Reconocimiento de Conductores para obtener o prorrogar el permiso de conducir. En dicha revisión se comprueba, además del estado de salud, la capacidad auditiva, la coordinación motora y sensorial.

Pues bien, uno de los requisitos más influyentes en la tarea de conducir es la capacidad visual, es decir, la acción y efecto de percibir el conductor, a través de la vista, el entorno que le rodea. Además de la atención permanente en la conducción, todo conductor, tiene que saber seleccionar los mensajes externos que le llegan, darle su importancia e interpretarlos acorde a su experiencia.

El tiempo que tardamos en reaccionar o la ausencia de maniobra evasiva son algunas de las causas que directa o indirectamente influyen en los siniestros con ocasión del tráfico. La respuesta ante una situación de riesgo al volante va a depender de cómo ésta sea percibida. De ahí la importancia de la percepción subjetiva y real de que dispone el conductor en la fase previa al conflicto.

La percepción o visión subjetiva previa al conflicto

Una de las fases en la investigación de accidentes de tráfico pretende localizar el tramo o distancia desde donde pudo haberse producido la primera percepción del riesgo por parte del conductor hasta la ubicación del peligro. Una vez localizado en dicho tramo el punto o lugar exacto donde se percibe por primera vez lo inesperado, como por ejemplo, la irrupción de un animal, un vehículo que se dispone a cruzar la vía por la cual circulamos o un obstáculo podría considerarse como el punto de percepción subjetivo.

Se le llama también punto de percepción posible por no existir pruebas racionales de que una vez visto el peligro exista una reacción del conductor. Y esto ocurre por la subjetividad de los datos, es decir, dependerá la posibilidad de decisión, del grado de atención, de la edad y de los factores psíquicos y somáticos del conductor. De ahí que muchas veces se hable de desatención o distracción en el caso de existir poca o nula distancia desde que el conflicto es visto hasta que se produce el mismo. Por ejemplo, la ausencia de huellas de frenada del turismo accidentado con anterioridad a la colisión.

En contra, la concentración al volante evita las respuestas tardías. No sólo existe un punto de referencia a tener en cuenta, también es importante valorar el espacio, el entorno, como por ejemplo, las obstrucciones visuales u otros factores externos. De hecho, una de las técnicas de anticipación dentro de la conducción preventiva es pensar de manera desconfiada. Ojo, no se trata de llevar un vehículo blindado ni nada por el estilo, sino más bien saber procesar la información que percibimos durante la conducción, adaptar la velocidad a las circunstancias que nos rodean y estar preparado para actuar ante una situación de riesgo. Un clásico ejemplo para explicar la reacción con éxito es la suposición o previsión de un posible atropello, en casco urbano, ante la posibilidad de que detrás del balón…va el niño.

Otras percepciones en seguridad vial

La percepción de la profundidad de campo, sobre la capacidad que nos permite situar unos objetos respecto a otros en un entorno como de manera virtual o en tres dimensiones. Por ejemplo, si sabemos la distancia que existe entre los postes de la luz situados a los márgenes de la carretera, podemos tener una idea de la distancia de seguridad en metros que nos separa con respecto al vehículo que nos precede…

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Cómo citar este artículo:

FLORES CORZO, Victoriano Francisco (2013). La Direferencia entre un accidente y su posibilidad” Revista Digital de Criminología y Seguridad. TEMA’S. Año II, Número 8. (p. 54-61).


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