JÓVENES PERDIDOS


Fernando Alser Qualytel

El ser humano se desarrolla en función de la sociedad en la que vive. Y sus circunstancias. Expuesto a distintos modelos y condiciones de vida, un mismo individuo puede manifestar conductas distintas, o una sola respuesta colectiva.

Un niño occidental educado en forma y con los medios de su sociedad, puede adoptar un comportamiento desviado en tierras extrañas cuando sus aspiraciones vitales no se ven correspondidas con sus expectativas educativas. El entorno familiar proporciona un estilo educativo, que junto a la escuela y su grupo de iguales determina la conducta adecuada o no del sujeto.

Las condiciones socioeconómicas también son una variable que influye en  la personalidad de estos futuros ciudadanos. Hoy, muchos niños y niñas tienen  una serie de carencias sociales y emocionales que influirá negativamente en su vida. Una infancia estructurada en la cultura del ocio y sin pautas para educar sus habilidades sociales o el respeto a las normas, solo ofrece  sujetos con baja tolerancia a la frustración.  Estas carencias conducen a una respuesta rápida en su manera de resolver conflictos: El recurso a la violencia para relacionarse con los demás  será su contundente respuesta a esta carencia.

Decir que se está en contra de la violencia es fácil. Pero esto no reza con el acervo popular de una sociedad que cifra el éxito de las personas en ser el mejor y más fuerte, en un sistema basado en la competencia para alcanzar el éxito. Un niño sin el soporte educativo  adecuado de padres y profesores se enfrenta a una sociedad violenta mediante la violencia.

La televisión y los dispositivos electrónicos son ahora quienes manejan la educación y el control de las emociones de aquellos niños  alejados del control parental, y ajenos a valores de empatía y respeto hacia los demás.

Sin la vinculación afectiva a los propios padres u otros factores protectores como los profesores, el niño recurre a otros individuos para cubrir esa necesidad afectiva: Sus emociones serán manejadas y confundidas por sujetos que representan modelos inadecuados, antisociales y nocivos para el desarrollo personal y vital de estos niños. La sociedad puede evitar esta situación con una atención correcta a la educación y bienestar de sus comunidades.


Esto es como pregonar en el desierto. Pero es  mejor que ver a muchos jóvenes perdidos bañando en sangre las arenas, convertidos ahora en el enemigo  a abatir.

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