Yo también me emocioné




 Por Carlos Sa C
Martes por la mañana, última sesión de TASEVAL. La mayoría de los que estaban cumpliendo condena se encontraban allí por delitos de alcoholemia. Ese día habíamos cambiado la sesión prevista y decidimos que era hora de dar una oportunidad a cada uno de ellos, de que se expresaran y compartieran las conclusiones del taller. Individualmente debían de asumir el rol de “Técnico” y explicarle a cada uno de sus compañeros el porqué no debían de llegar hasta tal extremo. El cien por cien de los penados mostró un sincero arrepentimiento por sus conductas anteriores. Se podía palpar en el ambiente rostros de vergüenza cuando recordaban sus acciones con voces suplicantes, ya que habían comprendido lo que suponía encontrarse de frente con un SINIESTRO VIAL. Todos se sentían afortunados de que el resultado de sus hechos no hubieran pasado a mayor, lo que les llevo a un compromiso, para así cambiar sus hábitos al volante.

¿Qué vas a hacer tu para no olvidar esto? (referido a la experiencia del TASEVAL) dijo uno de los penados que asumía el rol de (Técnico). Todos coincidieron casi al mismo tiempo en que debían marca esta experiencia en la que habían cumplido una pena, por lo que plantearon algunas ideas magníficas. Uno propuso poner una foto de su hijo en el salpicadero del coche, otro poner una pegatina en el cristal delantero, otro llevar una pulsera que les recordara las consecuencias…

Hace un tiempo comenté lo importante que era transmitir emociones en un TASEVAL y he podido comprobar lo efectiva que puede llegar a ser esta táctica, ya que no es difícil que cualquier persona se conmueva ante cualquier suceso traumático, pero la verdad que nunca pensé que el que se emocionara fuera yo. Hace menos de dos meses cuando cada uno de ellos entró al taller no eran consciente de su realidad vial,  ni de los riesgos que podían llegar a causar como consecuencia de circular bajo la influencia del alcohol. No cabe duda que lograr esto con un grupo de más de una decena de personas es reconfortante, pero debemos de tener en cuenta que no debemos de llegar a tal extremo. La prioridad en estos momentos debe ser la educación y no el castigo,  porque es muy difícil resensibilizar a quien no ha tenido educación ni sensibilización vial.

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