RESCATE AL REY DE LA CASA


Fernando Alser Qualytel

El niño tirano no nace, se hace. Lo ideal es prevenir poniendo límites desde pequeños. La crianza debe hacerse siempre fomentando el cariño y respeto mutuos. Durante los seis primeros meses de vida hay que atender las necesidades de consuelo y alimento del bebé con premura y afecto. A partir de esta edad, enseñarles a comer y a dormir según un horario y a poder disfrutar un mínimo  de tiempo solo. Al año de edad:

Es aconsejable empezar a marcar algunas reglas para que las vaya interiorizando (baño, dormir, comida, respeto y prevención de accidentes). También con la edad, hay que irles enseñando a: controlar sus impulsos, demorar la gratificación y expresarse de forma respetuosa. Para ello hay que establecer normas claras que regulen la convivencia familiar y explicárselas en función del desarrollo. No hay que sobreproteger, muy distinto a ser negligente. Es mejor otorgar responsabilidades y consecuencias adecuadas a la edad y capacidad. Cuando experimentamos los resultados negativos de nuestros actos, aprendemos En todo esto, la coordinación entre los padres es fundamental manteniendo una estructura familiar jerárquica, con los roles de adulto adecuados. Aunque a los niños se les permita opinar, se les tenga en cuenta  y se les quiera mucho, los que mandan son los padres. Y son los padres los que tienen el deber de educar a sus hijos para enseñarles a vivir en sociedad y poder desarrollar su potencial. Para ello, hay que decirles, con mucho afecto, tanto SÍ como NO.

Dar un buen consejo, corregir comportamientos inadecuados, sin gritar, sin pegar. Hablando. No hay que hacer seres perfectos, ni comparar a los propios hijos con otros niños. El premio no es solo para el resultado positivo de su comportamiento, también hay que saber valorar y premiar el esfuerzo de los hijos. Es fácil recomendar que se ignore el mal comportamiento de un niño cuando entona un llanto característico, o patalea sin cesar. Pero es necesario ignorar esta conducta, que persigue el objetivo del niño de captar la atención de los padres. Ante una conducta inadecuada del niño, nada conseguimos con reprocharle  a gritos lo que ha hecho mal.

Hay que explicarle bien qué es lo que debe hacer y qué es lo que no debe hacer: Explicarle bien significa que el niño lo entienda. El daño físico o emocional de un castigo corporal es eso: un daño físico y emocional al niño, no una corrección de su conducta. El niño que es castigado con gritos y golpes, recordará el dolor del castigo, pero no el motivo por el que fue castigado. Y puede que ese niño se convierta en un adulto  agresivo.


Alguien puede pensar que toda la vida ha existido el derecho de corrección, y un cinturón que pone las cosas en su sitio. Precisamente esa creencia viene de adultos, que cuando fueron niños/as, tuvieron ese castigo e interiorizaron que esa violencia es normal. Puede que no se llegue a provocar un daño emocional, pero atemorizar a un niño o atarlo en una silla no es la mejor forma de educarlo.

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