Maltrato a animales en la infancia: resumen de teorías y estudios


Por Nuria Querol

En un estudio se midió la cifra de crueldad hacia los animales en una muestra de niños en clínicas de salud mental y una muestra no clínica (Achenbach & Edelbrock, 1981), así como informes maternos por la Child Behavior Checklist (CBCL). La muestra clínica presentaba cifras de 10-25% comparadas con el 5% de la muestra no clínica; mientras que las investigaciones con menores (14-18 años) en régimen penitenciario revelaron cifras del 14 al 22% (Ascione,1993). Un estudio comparó las cifras y las características de la crueldad hacia los animales en una muestra clínica y una no-clínica (comunitaria) (Luk et al, 1999), resultando que la crueldad estaba presente en casi un tercio de la primera y en un 1% de la segunda. Los investigadores vieron también que los niños presentaban cifras más altas que las niñas, y que los niños crueles tendían a mostrar, en mayor frecuencia y severidad, síntomas de trastorno de conducta, pobre dinámica familiar y percepciones elevadas de sí mismos; por lo que se sugiere la hipótesis de una asociación entre esta elevada autopercepción y crueldad hacia los animales con la presentación de rasgos psicopáticos en la vida adulta (Frick,O’Brien, Wooton & Mc Burnett, 1994). 

En muestras de adultos crueles con animales, se recogen a menudo historias de abusos sexuales en la infancia; mientras que los adolescentes maltratadores de animales presentan una relación parental, familiar y con compañeros más negativa que los no maltratadores (Miller & Knutson,1997). La crueldad hacia los animales es más frecuente en hogares con episodios de violencia doméstica y alcoholismo o abuso de otras drogas por parte de los progenitores (Felthous &Kellert, 1987). Por tanto, la detección del maltrato al animal puede ayudar también al descubrimiento de otros comportamientos violentos y hacer posible una intervención más temprana. 

Numerosas teorías sugieren que el maltrato a los animales se desarrolla desde un contexto familiar violento y por el hecho de ser testigo de actos violentos. La teoría del desarrollo del aprendizaje del comportamiento anti-social de Patterson, DeBaryshe & Ramsey’s (1989) sugiere que la conducta infantil de estos niños vendría modelada por patrones parentales punitivos, la ausencia de habilidades sociales y la falta de apego (Hoffman,1993; McCord, 1991). Los niños podrían emplear estos patrones punitivos y de aversión para controlar a sus animales. Muchos niños que son testigos de maltrato a animales por parte de una figura parental acaban desarrollando también este comportamiento (Ascione, 1998; Boat, 1995). La crueldad parental proporciona un modelo para los niños de comportamiento inapropiado hacia los animales. Existen ejemplos de asesinos en serie que podrían haber sufrido este proceso, como es el caso de Henry Lee Lucas, quien a la edad de 10 años fue testigo de cómo el novio de su madre apuñalaba a una ternera y abusaba sexualmente de ésta mientras estaba agonizando. A los 13 años empezó a capturar pequeños animales y desollarlos aún con vida por diversión. Sus primeras experiencias sexuales consistieron en la captura de animales y la realización de rituales sexuales que incluían la tortura y la muerte (Merz-Perez et al. 2001). Su escalada violenta progresó durante 30 años en los que apuñaló, mutiló y asesinó a mujeres, siendo considerado uno de los asesinos en serie más notorios de la criminología (Wright & Hensley, 2003). Otro depredador sexual, Keith Hunter Jesperson, relata entre sus primeras experiencias la tortura y muerte de animales y de cómo su padre le exhortaba a ello. En unas declaraciones desde la Oregon State Penitentiary explicaba el placer que le producía ver el miedo en los animales mientras los torturaba y cómo llegó un momento en que matarlos no significaba nada, empezando sus fantasías de experimentarlo con seres humanos. Existen datos similares en otras biografías de asesinos en serie y de masas que torturaban animales en su infancia. De entre los asesinos en masa son también estudiados los antecedentes de crueldad hacia animales en los casos de Eric Harris y Dylan Klebold, Kip Kinkel, Mitchell Johnson y Andrew Golden, Michael Carneal, Luke Woodham, Brenda Spencer, Lee Boyd Malvo, entre otros. Felthous (1980) elaboró una conceptualización psicoanalítica para explicar el impacto del maltrato parental en el niño y la subsecuente crueldad de este hacia los animales. El niño proyectaría su agresividad hacia su agresor a través del animal. “Una figura parental abusiva se convierte en objeto agresivo de identificación y un modelo de aprendizaje del comportamiento agresivo” (Felthous, 1980:175). En uno de los casos ilustrativos, después de que un niño fuera golpeado por su madre, se escondió en el porche con su gato y lo estranguló hasta la muerte. Otros investigadores también han encontrado datos que apoyan el fenómeno del desplazamiento de la hostilidad a un animal en un entorno hostil (Boat, 1995; Schowalter, 1983). Alguna teoría añade que existe algún factor en el contexto familiar que elimina el desarrollo de la empatía. De este modo, la exposición a la violencia que conduzca a la interferencia en el desarrollo de la empatía en el niño podría predecir un comportamiento cruel hacia los animales.

No hay comentarios:

También te puede interesar