EL ESTRANGULAMIENTO


Por Fernando Alser Qualytel

Desde el punto de vista del procedimiento mecánico, el estrangulamiento es la constricción externa del cuello por cualquier sistema diferente al utilizado en la suspensión del cuerpo. Algunos signos de la estrangulación y ahorcamiento son similares. Pero el estrangulamiento tienes sus propias características detectables en la inspección ocular del lugar de los hechos. El mecanismo del estrangulamiento produce la oclusión de las vías respiratorias, el cierre de los vasos sanguíneos y lesiones nerviosas. Son características como signos externos de la muerte del sujeto las excoriaciones  en forma de media luna en el cuello de la víctima provocadas por los dedos del agresor, la marca del surco generado por una soga, cinturón o toalla, con forma horizontal y a la altura de la laringe. También  la inyección sanguínea de las células conjuntivas: las características hemorragias petequiales de la conjuntiva.  Detectaremos como signos internos,  la presencia de fluido sanguinolento en las fosas nasales y en la boca y el desplazamiento de la lengua, con restos de sangre en las glándulas salivales. La rotura de los cartílagos y  una mancha lívida de la laringe y fractura de las vértebras cervicales. Estos son algunos  de los  elementos más significativos que podemos encontrar en un caso de manual. En el lugar de los hechos se observa el síndrome asfíctico general, con la frecuente presencia de espuma laringo-traqueobronquial, así como la congestión visceral generalizada, con predominio en el contendio intracraneal y en los pulmones. En estos se observan también placas de enfisema subpleural y equimosis de Tardieu. La sangre es fluida y negruzca, con dilatación  de las cavidades derechas del corazón. En la cara de la víctima vemos una marcada cianosis y tumefacción; equimosis puntiformes diseminadas por la cara y extendidas también a la parte superior del tórax y al cuello. Las equimosis y sufusiones sanguíneas subconjuntivales, a veces acompañadas de equimosis, suelen ser muy extensas. En algunos casos aparecerá salida de sangre por el conducto auditivo, acompañada de rotura de la membrana timpánica. Puede verse también salida de sangre por la nariz. En el cuello lo que caracteriza a esta variedad de asfixia es la presencia del típico surco de estrangulación. Este surco posee unos caracteres propios que permiten la diferenciación con el surco de la ahorcadura:  Ante todo, falta muy raramente, dándose sólo esta eventualidad cuando la estrangulación fue producida por lazos anchos, blandos y flexibles, mantenidos poco tiempo, por lo que dejan una impresión tan borrosa, que llega a pasar inadvertida.  Suele estar situado a un nivel bastante bajo, muy a menudo a la altura de la laringe. Por su número suele ser único, doble o múltiple, conforme el número de vueltas que da el lazo; en este último caso, los distintos surcos pueden estar más o menos confundidos, y si no es así, suele haber entre ellos una cresta congestionada.  Su dirección típica es la horizontal, si bien puede adoptar una dirección descendente y, con mayor rareza, ascendente. Su profundidad es uniforme; es decir, da toda la vuelta al cuello y falta el hueco o interrupción debida al nudo, como en la ahorcadura. Pero puede haber interrupciones por interposición de cuerpos extraños, como la misma ropa del cadáver,  o por tratarse de lazos no homogéneos, cuyas distintas porciones tienen una consistencia dispar. Es posible que el surco reproduzca algunas particularidades del lazo: que sea nudoso, trenzado regularmente, con irregularidades que se hacen más ostensibles al tensarse. Y por lo que se refiere al color y aspecto, casi siempre se trata de surcos pálidos y blandos, ya que, por la escasa excoriación, se apergaminan raras veces. Los bordes son más violáceos que el fondo y pueden presentar equimosis. Localmente, las lesiones encontradas en el cuello suelen ser más escasas y menos características que en la ahorcadura y estrangulación a mano. Consisten en hemorragias de las partes blandas del cuello que ocupan el tejido celular, los músculos o sus vainas, la cubierta tiroidea y el pericondrio laríngeo; se han señalado hemorragias en los ángulos del maxilar, amígdalas y  detrás de la tráquea. Por lo que respecta a las lesiones vasculares, dependen de la fuerza empleada por el estrangulador contra su víctima.

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