LA AGRESIÓN EN LAS ESCUELAS


Por Fernando Alser Qualytel


Hoy  nos referimos al bullying para definir conductas en el entorno escolar donde los victimarios son los alumnos y alumnas que victimizan a sus compañeros mediante la intimidación, aislamiento, insultos y amenazas. El Doctor Dan Olweus inició la primera investigación mundial sobre  intimidación sistemática. Los resultados de sus estudios fueron publicados en un libro de Suecia en 1973, y en los Estados Unidos en 1978, con  el título de la agresión en las Escuelas: Los bullyies y niños agresivos. Olweus afirma que “un estudiante es acosado o victimizado cuando está expuesto de manera repetitiva a acciones negativas por parte de uno o más estudiantes”. Con independencia de si este niño/a se queda paralizado o si aprende que resulta útil transformarse en alguien violento, hablamos de un proceso de victimización. Muchos niños quedan paralizados  ante esa violencia, otros aprenden que la única manera de no ser víctimas es transformarse a su vez en un acosador/a o participar en el hostigamiento a otros. Podemos diferenciar entre una pelea espontánea entre  miembros de la comunidad escolar y un caso de bullying. En el bullying la situación  se prolonga en el tiempo, en un claro caso de  víctima indefensa que se encuentra en una situación desigual, y donde existe una acción agresiva repetida. Tenemos una víctima con la expectativa de convertirse, a diario, en blanco de esas agresiones, atrapada en un espacio donde debe enfrentarse a sus agresores: el centro escolar. La institución se convierte en un problema para el estudiante, donde choca su educación contra la convivencia entre el grupo de iguales. No solo hablamos de una violencia física. Existe la práctica de bullying basada en la exclusión social y la ignorancia hacia el individuo: no dejar participar, poner motes, reírse de alguien cuando se equivoca, hablar a sus espaldas, indisponer a los compañeros contra la víctima o la humillación verbal. La impunidad con la que actúa el agresor/a puede quedar reforzada con la falta de comunicación entre padres e hijos. Escuchar a la víctima potencial es primordial para atender sus necesidades de seguridad y apoyo emocional, y poder evaluar el impacto traumático que ha tenido la experiencia. La víctima que verbaliza los hechos organiza sus pensamientos, reduce la intensidad emocional y aplaca su miedo. El cambio de comportamiento en los hijos es un indicativo con el que los padres  pueden detectar bullying: un mayor aislamiento, que se muestre menos comunicativo/a, que deje de disfrutar e interesarse  por cosas que le gustaban , que deje de salir con amigos, que tenga pensamientos  sobre la muerte o muestre desesperanza hacia el futuro. Por el contrario, negar la versión que cuenta el niño  o restarle importancia a los hechos, mostrar al hijo/a  que esto siempre ha ocurrido así, que forja el carácter, son pautas  erróneas que siguen muchos padres. La víctima de bullying precisa el apoyo incondicional de los padres para superar su situación y atajar rápidamente el problema, con ayuda del centro escolar. El silencio y la indiferencia suele ser interpretado por el agresor como una aprobación de su conducta. Y sigue atacando a su víctima.

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