Hotel Maldito


Por Fernando Alser Qualytel

La victimización post penitenciaria comienza con la puesta en libertad del  preso tras el cumplimiento de la pena.  La ley dicta que quién cumple la pena debe ser reintegrado a la sociedad con todos sus derechos como ciudadanos y  que sus antecedentes no significarán discriminación alguna  en su reincorporación a un trabajo digno. El perfil marginal de muchos presos no nace en la prisión, sino en los barrios y espacios que no ofrecen  alternativa a la comisión de delitos,  y niegan a los individuos medios legales  de progresar en su proyecto vital.  Tengo en mente chabolas y barrios descritos en la teoría de las ventanas rotas. Si grave es el deterioro urbanístico de estos espacios, peor es el deterioro humano de sus habitantes. La realidad se impone. La población reclusa que vuelve a la sociedad tras su salida de la  prisión tiene como alternativas la ayuda de asociaciones benéficas y/o  de una red de asistentes sociales para el excarcelado y sus familias.  Esto evidencia la desocialización que produce la pena privativa de libertad. Y con frecuencia ese fracaso queda patente con la reincidencia del preso, que cierra de nuevo el mismo  círculo con el cumplimiento de otra condena, análoga o peor, a la anterior. Esto es un proceso que se repite una y otra vez. El preso  llega a perder la  iniciativa y aprende  unas normas  que en el ámbito carcelario tienen su propio valor. No es un comportamiento adecuado para la vida extramuros. Esto no es comprendido entre la ciudadanía, que entiende  el sistema carcelario como un cómodo colchón para el delincuente, dónde tiene sus derechos y disfruta de toda suerte de ventajas, como en un hotel de lujo. El precio que se paga en este hotel es alto: la degradación personal, la pérdida de contacto con la realidad, déficit afectivo y desestructuración familiar. Es precisa una mejora sustancial en la ejecución de las penas privativas de libertad, y la búsqueda de alternativas  a la pena privativa de libertad, que devuelven cada vez delincuentes más peligrosos,  y mejor organizados, a una sociedad que los recluye en la esperanza de evitar males mayores. En las actuales circunstancias solo cabe esperar que el ingreso en prisión de algunos de estos presos no devuelva individuos  en peores condiciones  que cuando entraron.



No hay comentarios:

También te puede interesar