¿FUNCIONA REALMENTE EL “TEST DE LA VERDAD” P300?


VERÓNICA CALVO UZCUDUN LIC. EN DERECHO Y LIC. EN CRIMINOLOGÍA

¿Qué es? ¿Cómo funciona? ¿Cuál es su grado de fiabilidad? ¿es aplicable en nuestro ordenamiento? ¿Cuáles son sus pros y sus contras?... estas son algunas de las preguntas que los juristas y criminólogos han comenzado a plantearse, cuando, por tercera vez en España ha sido utilizada, esta vez con Silva Sande, miembro del GRAPO que enterró al empresario Publio Cordón hace dos décadas.

La P300 es una prueba de potencial cognitivo evocado que permite registrar los estímulos cerebrales generados en una respuesta de onda de 300 milisegundos provocados por estímulos visuales o auditivos a los que se expone al sujeto para rastrear los recuerdos y guarda relación con la memoria episódica.

Se coloca al sujeto un gorro con electrodos que medirán esa respuesta a lo que va viendo o escuchando. Se evalúa la polaridad de la onda en las reacciones al estímulo que aparece en pantalla cada 300 milisegundos. Si la imagen resulta familiar, se dibujará la onda. Cuanto más alta sea, el reconocimiento de la imagen es mayor.

El máximo exponente en España de la P300 es el doctor José Ramón Valdizán, que llevaba veinte años utilizando la prueba P-300 para diagnosticar el autismo y los trastornos de déficit de atención e hiperactividad en los niños. Cuando conoció la noticia de que su colega norteamericano Lawrence Farwell, había empezado a utilizar la herramienta —rebautizada como 'el test de la verdad'— en investigaciones sobre terrorismo en colaboración con la CIA y el FBI y consiguió probar con la onda P-300 que un reo, Terry Harrington, había sido inculpado de un asesinato que no cometió. Cuando le enseñaron imágenes del crimen, su cerebro no reaccionaba. Cuando se presentaron ante él fotos de su coartada sí las reconoció, Valdizán comenzó a estudiar la aplicación de la P300 al ámbito de la investigación.

Con respecto a su fiabilidad, Valdizán señala que algunos estudios la sitúan entre el 80% y 90%. Y aquí vienen los peros... el primero, admitido por el propio Doctor: la eficacia de la prueba está directamente relacionada con la correcta elección de las imágenes y frases, que a su vez dependen de la investigación del caso.

Por otra parte, la memoria no es inmutable, los recuerdos cambian con el paso del tiempo y a menudo las cosas no son exactamente como recordamos; incluso es posible que recuerdos que tenemos incorporados como propios sean de cosas que nos contaron y podemos incorporar a la misma imágenes que no vivimos, pero que vimos, por ejemplo en fotografías.

En el estudio “A mock terrorism application of the P300-based concealed information test” de la Northwestern University de Illinois, EEUU, lo investigadores del atentado ficticio fueron capaces de separar a los voluntarios en «culpables» y «no culpables» con un 100 por cien de precisión..pero sólo cuando conocían todos los detalles del atentado ficticio de manera previa y tras excluir primero, a tres de los voluntarios porque por motivos personales que no tenían nada que ver con los supuestos atentados algunas de las palabras clave provocaban respuestas en ellos. A medida que los investigadores conocían menos detalles del supuesto práctico, la fiabilidad iba descendiendo.

De otro lado, y como ya señalara María Soria Oliver, perito judicial y Directora académica grado de Psicología UNIRhay suficientes evidencias científicas sobre retrasos y alteraciones en la latencia global de la onda P300 en pacientes con trastornos del estado de ánimo, tales como los depresivos, esquizofrenia y otros trastornos psicóticos, así como consumidores habituales de sustancias psicoactivas. Además, patologías cerebrales tales como lesiones occipitales, frontales o daño cerebral difuso por traumatismos pasados, pueden alterar los resultados de la prueba, distorsionando las conclusiones que de ellos se deriven.”

Vistos todos estos argumentos, tal vez la prueba tenga entre un 80% y un 90% de fiabilidad, Valdizán, pero sólo en un entorno controlado en el que se conoce previamente la culpabilidad o inocencia de los sujetos sometidos a estudio y todos los detalles del caso, como enuncia el estudio de la Northwestern University y excluyendo a los sujetos que por diversos motivos emiten falsos positivos.. el problema es que en la vida real, fuera del entorno académico de prueba, no sabemos a priori quienes emitirán falsos positivos por sus trastornos del estado de ánimo, su consumo de sustancias, sus daños cerebrales por traumatismos, o sencillamente, por haber incorporado a la memoria cosas que no vivieron, sino que les fueron contadas, por ejemplo.

Y en cuanto a su aplicación práctica, tras someter al test P300 a Antonio Losilla y a Miguel Carcaño, no se han encontrado los cuerpos de Pilar Cebrián ni de Marta del Castillo.

Si queremos dar la vuelta de tuerca jurídica al asunto, con independencia de que se pone en duda su fiabilidad, y con el mentado margen de error, no podría constituir prueba de cargo , requeriría además el expreso consentimiento del sujeto que ha de someterse al test, sin que pudiera ser obligado por ley o mandato judicial. Y ello porque chocaría frontalmente con el derecho fundamental del imputado a guardar silencio y a no confesarse culpable recogido en el art. 24.2 CE y el 6.2. del CEDH.

Hay voces que pretenden compararlo con el test de alcoholemia o de drogas, comparando realidades absolutamente heterogéneas y por tanto no susceptibles de confrontar. No se trata de medir qué cantidad de tóxico presenta el sujeto sometido a la prueba, si no de escudriñar el cerebro para extraer afirmaciones y negaciones sobre tu recuerdo.


En España ha sido admitida la práctica de la P300 tres veces, pero dos de ellas con dos condenados (Carcaño y Sande), no en el período de instrucción, sino con el fin de localizar los cuerpos de la víctimas, no de condenar.

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