DENUNCIA LOS ABUSOS SEXUALES



Por Fernando Alser Qualytel

Los abusos y las agresiones sexuales son una expresión de violencia de género. También se contempla el hecho cuando la víctima se halla privada de sentido o padece un trastorno mental. Perogrullada es recordar que se comete abuso sexual contra los menores, independientemente de su sexo y la edad legal de cada país. Incluso en un conflicto armado los abusos sexuales son un arma física y psicológica que se emplea contra el enemigo. En el ámbito laboral vamos a encontrarnos a un victimario, que prevaliéndose de una situación de superioridad manifiesta, coartará la libertad de la víctima para pretender acceder a favores sexuales: un contacto físico indeseado como tocamientos o pellizcos, insinuaciones sexuales no deseadas, coqueteos ofensivos, exhibición de fotos inadecuadas, o comentarios abusivos sobre la propia imagen y vestimenta de la víctima. Finalmente, el chantaje sexual se manifestará por parte del victimario, cuando este amenace con represalias u ofrezca mejoras en las condiciones de empleo a la víctima. Puede que algún lector o lectora tenga en mente experiencias conocidas y ponga rostro a los actos referidos. En el ámbito familiar podemos encontrar como victimario al padre, padrastro, hermano, tío o sujeto que guarda estrecha relación con la familia de la víctima. Será un individuo que prevaliéndose de su posición de CONFIANZA con la víctima y el entorno familiar, mediante el engaño, pretenderá el acceso carnal con la víctima. No solo el acceso carnal, también la introducción de objetos, y la penetración bucal o anal son consideradas agresión o abuso sexual. El silencio del entorno familiar sobre estas actitudes o acciones ayuda al victimario a consumar las agresiones sexuales o los abusos sexuales. Nada justifica que los culpables queden impunes, ningún prejuicio debe frenar la denuncia de los hechos al menor indicio. El entorno familiar de la víctima es el mejor factor protector para evitar este delito. Jurídicamente se considera abuso sexual un acto en el que no existe violencia ni intimidación, mientras que esta violencia e intimidación se hace presente en la agresión sexual. En un alto porcentaje de casos nos vamos a encontrar con un victimario que es el cabeza de familia. Con baja tolerancia a la frustración y expresiones inadecuadas de ira, con falta de habilidades parentales y que manifestará estrés ante la conducta de sus hijos. En muchos casos de abusos existen problemas maritales, alejamiento sexual de la pareja y violencia marital. Se trata de personas introvertidas, solitarias y con escaso apoyo social. Su modus operandi será una aproximación a la víctima de manera gradual mediante caricias y obsequios para confundir como muestras de cariño lo que en verdad son abusos sexuales. La víctima de acoso, agresión o abuso sexual pierde su libertad. Vive en la ansiedad y el temor. Temor a situaciones relacionadas con la agresión: estar a oscuras, salir de noche o ir a trabajar. Miedo incluso al rechazo de su entorno si denuncia su situación. La autoestima de la víctima se desploma y queda embargada por un sentimiento de culpabilidad, mientras el verdadero culpable queda libre. Algo que solo se puede evitar con la denuncia de los hechos.

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