SIMULACIÓN Y DISIMULACIÓN


Por Wakinaki PL Cádiz

Cuando hablamos de simulación nos referimos al acto voluntario de  aparentar, producir o intensificar los síntomas de una enfermedad mental para conseguir  que se  considere la existencia de ésta, con el fin de conseguir un beneficio. La disimulación es el reverso de la medalla: la ocultación de síntomas igualmente para obtener un beneficio.
Tanto en uno como en otro caso siempre hay que considerar la existencia de una utilidad con ello, una INTENCIONALIDAD: La pretensión de  conseguir unos beneficios concretos. Los beneficios buscados más frecuentemente son en el caso de los procesados la atenuación de responsabilidad o la inimputabilidad y en las víctimas la indemnización económica, la venganza  o el castigo al culpable. Resumiendo: eludir responsabilidad y ganar dinero son los principales motivos. En presos cambio de situación o ingreso médico.
La simulación generalmente  es un  medio de defensa propio de personas débiles.  Puede ser un problema clave para la peritación dado que el psiquiatra debe aclarar si el sujeto es un enfermo realmente o si simula enfermedad. Hay autores que la  consideran en sí mismo una patología: un sujeto normal no simularía.
Bleuler  decía  que aquellos que simulan una  enfermedad mental son la mayoría de las veces enfermos de verdad: psicópatas en su mayoría. Aconsejando que no se utilice el término “simulador” sino su auténtico diagnóstico. Por tanto puede estar simulando pero ser un enfermo de verdad.  Técnicamente en Medicina se habla de Trastornos Fácticios cuando nos  encontramos  ante  una enfermedad simulada o autoprovocada. Al fenómeno de ser un enfermo que simula otra enfermedad se denomina sobresimulación.
En  los  casos  de que el procesado ha padecido  con  anterioridad algún  problema  psiquiátrico y  lo  actualiza o representa  deliberadamente  se habla de metasimulación.
Desde 1872 (A. Tardieu, Estudio Médico-Legal de la Locura) se diferencian dos tipos:
1.‑la locura simulada para eludir la pena o para ser internado en centro psiquiátrico y no penitenciario.

2.‑la locura pretextada por la defensa, estando pasivo el procesado: locura alegada.

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